Festival de Verano en Villazón: cuatro décadas de rebeldía cultural en el sur de Bolivia
“La música es la actividad artística que más puede contribuir a mostrar la diversidad cultural. Además de ser una de las formas fundamentales de la expresión humana, es la más popular y extendida de las manifestaciones culturales. La diversidad cultural y por lo tanto la musical, es una realidad que forma parte de la historia de todas las civilizaciones”, así define sus líneas directrices la organización del Festival de Verano en Villazón, dejando casi un manifiesto político que atraviesa toda su historia.
A ese posicionamiento fundacional le agrega: “En los momentos actuales nos encontramos con la paradoja de vivir en una sociedad cada vez más diversa, plural y por lo tanto mestiza, fruto de las migraciones, las concentraciones urbanas, el desarrollo de las comunicaciones, el poder de los mercados y de los cambios e intercambios que se producen cotidianamente (…) es en este ámbito que el arte y particularmente, en nuestro caso, la música, se constituye en uno de esos satisfactores que también llevan al ser humano a alcanzar metas como el vivir bien”.

Ese ideario no quedó anclado en una declaración de principios, sino que se tradujo, desde hace más de cuatro décadas, en un festival que se sostiene en el tiempo, se reinventa y convoca a nuevas generaciones en el extremo sur de Bolivia, en una ciudad de frontera donde la cultura funciona también como puente.
El pasado 27 de diciembre se celebró una nueva edición del histórico Festival, con bandas que llegaron desde Sucre, Tupiza, Tarija, Salta, Potosí, La Quiaca, Buenos Aires y, por supuesto, de Villazón.
Uno de los organizadores es Israel Navia, conocido como Israko, ilustrador oficial del evento, quien reconstruye sus orígenes: “El Festival de Verano en Villazón nace en diciembre de 1984 de la mano de ‘Alma & Vida’, un grupo de jóvenes adolescentes, movidos por ideas contestarías en contra de las acciones del gobierno del último periodo de dictadura militar en Bolivia (1964 – 1982)”.
“El grupo ‘Alma & Vida’, a la cabeza del profesor de filosofía y psicología Eduardo Kilibarda fue el encargado de dar vida a lo que hoy es el festival, las primeras ediciones fueron en el patio del Colegio 9 de Abril, de Villazón, con guitarras acústicas, cantando canciones de León Gieco, Sui Generis o Pastoral”, dice Israko, trazando una escena fundacional donde la música popular y el compromiso político iban de la mano.

La primera edición del Festival Verano en Villazón se realizó el 27 de diciembre de 1984, en el Colegio 9 de Abril, organizada por un grupo de jóvenes, amigos, estudiantes de secundaria y universitarios. Un gesto colectivo que, con el paso del tiempo, se transformaría en una tradición cultural de alcance nacional e internacional.
En cuanto al contexto histórico de su nacimiento, Israko aclara: “Como en muchos países de Latinoamérica, las dictaduras militares de fin del siglo XX dejaron una huella profunda en la conciencia social, por los desaparecidos y las inequidades sociales que se vivían por la naturaleza autoritaria de estos gobiernos, y Bolivia no fue la excepción, la vulneración a los derechos humanos era moneda corriente en esa época, lo que generaba un ambiente hostil para la población en general que anhelaba un gobierno democrático, que llegaría recién en el año 84”.

Al término del último periodo de dictadura militar en Bolivia (1964–1982), la marca dejada por ese modelo de gobierno impactó con fuerza en la conciencia social, especialmente en la juventud. De ese clima emergieron movimientos políticos, culturales y revolucionarios que denunciaban el maltrato de las autoridades, el deterioro institucional, las inequidades sociales y las vulneraciones sistemáticas a los derechos humanos que habían atravesado la vida cotidiana de la comunidad.
De la articulación de esas ideas rebeldes y contestatarias surgió, en Villazón, un grupo de jóvenes que, movidos por un deseo de libertad y de transformación social, dieron inicio a lo que hoy es el Festival Verano en Villazón. Un espacio donde la música se convirtió en lenguaje, refugio y herramienta de expresión colectiva.

“La característica principal para la continuidad de este festival fue su intención colectiva, el grupo ‘Alma & Vida’ supo sumar nuevos miembros con el correr de los años, quienes incorporaron nuevas ideas, y nuevas formas de organización, así el festival fue reinventándose y adaptándose a los tiempos que corren, esta integración ha logrado que hoy se pueda contar con una quinta generación de jóvenes, adolescentes de 14 o 15 años que empiezan a colaborar con algunas tareas como el pegado de afiches o la difusión en redes y que en un futuro serán los encargados de llevar adelante el festival”, comenta el ilustrador.
Esa transmisión generacional es uno de los rasgos distintivos del festival, que logró sostenerse en el tiempo sin perder su espíritu original, incorporando nuevas estéticas, lenguajes y formas de participación, pero manteniendo intacto su carácter comunitario.

Por sus escenarios pasaron artistas de relevancia de ambos lados de la frontera. “Entre los nombres que podemos mencionar del lado argentino están Javier Malosetti, Vox Dei, La Mississippi Blues, varios artistas salteños, y del lado boliviano bandas como La Logia, La Chiva, Armadura, Las Ovejas Negras, de Tupiza, o Napoleón se fue a Marte”, enumera Israko.
En relación a la edición más reciente, el organizador destaca: “Las expectativas para esta edición fueron, por ejemplo, mayor concurrencia del público del norte argentino, por la convocatoria que tiene Nekro y Boom Boom Kid, algo que se cumplió con creces, mostrando que el festival ha logrado sobrepasar fronteras, el tiempo y las generaciones desde hace más de cuatro décadas”.
El Festival Verano en Villazón, frente a la ciudad argentina de La Quiaca, es y ha sido, desde sus inicios, un espacio para que los jóvenes se manifiesten a través de la música. Los responsables de dar el puntapié inicial, continúan sumando integrantes, con el único objetivo de mantener vivo el festival más antiguo del país en el borde sur de Bolivia, y sostener alrededor de él, un entramado de actividades culturales y artísticas que se extienden durante todo el año.




