América LatinaOpinión
Maduro no solo es el gobierno
5 de enero de 2026
Más allá del ruido y de las consignas fáciles que hoy abundan, conviene mirar algunos datos que suelen ser soslayados. En Venezuela, de 24 gobernaciones, 23 están en manos del chavismo; de 335 municipios, 285; y la nueva Asamblea Nacional que se instala este 5 de enero tendrá 253 de 285 escaños alineados con el oficialismo. Eso no es solo un gobierno: es una estructura de poder territorial, institucional, militar y económica construida durante 27 años.
¿Se difuminará todo eso porque Estados Unidos capturó a Maduro? Pensar que sí ignora la complejidad del asunto. La pregunta relevante no es solo quién gobierna formalmente, sino quién ejerce el poder real y con qué legitimidad interna. ¿La tiene Edmundo? ¿Se sostendrá Daysi Rodríguez con la venia de Washington? Esa es la incógnita.
Hay además un punto que suele omitirse: el efecto interno. Las intervenciones militares externas rara vez empujan a las sociedades a salir masivamente a las calles contra el poder. Más bien producen nacionalismo defensivo, miedo, cierre de filas y justificación de la represión. La crítica interna se achica, no se expande. La pregunta es simple: ¿se ven hoy multitudes movilizadas para desmontar estas estructuras en Venezuela?
La historia ayuda a poner los pies en la tierra. Las bombas no traen libertad ni desmantelan economías ilegales como el narcotráfico. Suelen dejar escenarios más cerrados y más autoritarios. En Afganistán, tras veinte años de intervención, volvieron al poder los talibanes. En Irak y Libia, la caída del liderazgo derivó en fragmentación, violencia y nuevas formas de control.
Si el objetivo fuera realmente el narcotráfico, habría que empezar por reconocer que Estados Unidos es el principal mercado mundial de drogas, incluido el fentanilo. No se trata de erradicar ese circuito, sino de administrarlo. Y si se tratara de libertad y democracia, cuesta explicar por qué Washington negoció durante años con el chavismo por petróleo o evitó intervenir cuando hubo movilización interna.
En el plano global la lógica es la misma: Trump negocia con Putin cómo repartirse Ucrania, desprecia a Europa. En Bolivia, se habilita la entrega de recursos estratégicos por vía de decretos.
No es ideología: es geoeconomía. Trump ya no quiere negociar, quiere imponer
La salida de Maduro no es un final; es apenas una jugada más en un tablero donde los actores centrales son China, Rusia y, por supuesto, Estados Unidos.
Por Wilmer Machaca



