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Gasolinazo, un regalo de navidad

18 de diciembre de 2025

El Gobierno de Rodrigo Paz decidió eliminar la subvención a los combustibles tras casi 20 años, lo que provoca un salto inmediato en los precios: la gasolina especial pasa de Bs 3,7 a Bs 6,96 por litro, la gasolina premium a Bs 11 y el diésel a Bs 9,80 por litro.

Ese ajuste busca ordenar las cuentas públicas y reducir la presión fiscal, pero lo hace sin un plan claro de industrialización ni reactivación productiva que genere empleo y crecimiento sostenible.

Salario mínimo y bonos:

El salario mínimo sube un 20 % (de Bs 2.750 a Bs 3.300) a partir de enero de 2026. Además, bonos sociales como la Renta Dignidad y el Bono Juancito Pinto se incrementarán.

Sin embargo, este aumento no compensa el impacto real del encarecimiento de los combustibles ni del costo de vida creciente: transporte, alimentos y servicios básicos se encarecen proporcionalmente más, erosionando el poder adquisitivo real de los hogares.

¿Quiénes pierden con estas decisiones?

Los hogares que destinan gran parte de su ingreso a transporte, mercados y servicios sentirán el ajuste en su bolsillo inmediato. Aunque suba el salario mínimo, la inflación real devora ese incremento si los precios de bienes y servicios suben más rápido.

Trabajadores del transporte y sectores informales

El transporte público y de carga será de los más afectados: al subir el diésel, suben tarifas y pasajes, porque no hay subsidios focalizados que mitiguen el impacto. Esto significa menos movilidad real y más gasto familiar.

Pequeños productores y microempresas

Costos más altos para mover productos, insumos más caros y menos capacidad de competir reducen actividad económica real. La falta de un plan para industrialización o encadenamientos productivos profundiza ese golpe.

Población vulnerable sin protección estructural

Aunque los bonos suben, no están vinculados a políticas de protección social amplias ni a incentivos productivos reales. No hay, hasta ahora, un plan que fortalezca la industria nacional, el empleo formal ni la inversión productiva.

Consecuencias sociales y económicas

Inflación en la vida real: Al subir el precio de los combustibles, el costo de transporte y alimentos sube automáticamente. Los bonos y la subida de salario mínimo quedan cortos frente a este efecto.

Presión sobre el empleo: Sectores que operan con márgenes pequeños (microempresas, transporte, comercio) verán menos actividad, más cierres y empleo informal con ingresos reducidos.

Crisis de legitimidad: Aplicar un paquete con impacto económico directo antes de una festividad familiar como Navidad crea percepción de improvisación o falta de sensibilidad social, y abre espacios para reacciones sociales y movilización.

Falta de visión productiva: Sin un énfasis claro en industrialización, desarrollo de sectores productivos, generación de valor agregado ni justicia social, el paquete parece fiscalista sin mirada de desarrollo humano integral. No se percibe un plan para reactivar la economía real, diversificar producción ni fortalecer empresas nacionales más allá del ajuste fiscal.

¿Y el plan de reactivación?

Hasta ahora, el paquete se centra en ajustes fiscales y eliminación de subsidios. El Gobierno ha anunciado medidas como reforzar la provisión de combustibles mediante acuerdos financieros para evitar desabastecimiento, pero no ha presentado una estrategia económica integral de industrialización ni de inclusión social basada en la producción.

Mientras tanto, propuestas externas o de expertos (como las de diversos institutos y actores políticos) sugieren cosas como estabilizar finanzas, reducir déficit, reforma tributaria y promoción de exportaciones, pero no hay un plan oficial robusto de industrialización ni de justicia distributiva presentado.

El ajuste de precios de combustibles y el paquete económico sin una visión de desarrollo productivo, industrialización ni justicia social tienden a trasladar el costo de la crisis a los más vulnerables, mientras no existen señales claras de cómo se generarán empleos dignos, valor agregado o cadenas productivas sostenibles.

El resultado inmediato será más presión sobre salarios reales, más inflación cotidiana y mayor malestar social, especialmente en un momento en que las familias se preparan para gastos navideños y empiezan a sentir el impacto en su economía diaria.

Por KM

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