OpiniónPolítica

EL RETORNO DE LA MERITOCRACIA

10 de noviembre de 2025

“Es momento de darle paso a la meritocracia”, dijo el presidente al posesionar a su primer gabinete. Está bien para comenzar. Los nuevos ministros poseen credenciales, formación universitaria y experiencia en su área de especialidad. Esto es innegable, al igual que otro hecho: ninguno —excepto Edgar Morales— proviene de sectores populares, campesinos o indígenas. ¿Por qué? ¿Acaso la meritocracia y el ser parte de la mayoría demográfica son incompatibles?

La meritocracia es deseable, sin duda, pero su legitimidad depende de que todos hayan tenido un mismo punto de partida. En Bolivia, eso es un espejismo. Nuestro historial educativo, socioeconómico o cultural es profundamente desigual. La cancha está desnivelada desde un inicio. Por eso, medir con la misma vara no es meritocracia, sino sesgo hacia la reproducción de privilegios.

En consecuencia, el nuevo gabinete que respira solvencia técnica, es también una élite, una de profesionales formados en universidades privadas y extranjeras, cuyas hojas de vida dan cuenta de años de experiencia en el sector privado, empresarial, organismos internacionales o membresías en think thanks liberales. Representan, en buena medida, el retorno de la burguesía paceña educada en la Cato, de la élite agroindustrial de Santa Cruz y del entorno de la dinastía Paz.

Al subrayar este lado de la noticia del día, mi intención no es desmerecer los primeros pasos de PDC, sino advertir sobre potenciales desaciertos. El “retorno de la meritocracia” es necesario y saludable, en especial después de tantos años de mediocridad, pero no basta por sí mismo, ni garantiza excelencia.

Por una parte, el nuevo gabinete no marca necesariamente el fin de una era de improvisación, clientelismo y conflictos de interés. La fallida economía boliviana, al fin y al cabo, también es obra de nuestra burguesía nacional históricamente incompetente.

Por otra parte, la cinta métrica de Rodrigo Paz pasa por alto méritos que no nacen del privilegio. No toma en cuenta, por ejemplo, a quienes pueden leer la intrincada realidad nacional sin depender de grupos focales o encuestas. Son hombres y mujeres que forman parte de esa mayoría demográfica, de apellidos comunes, orígenes humildes, con carreras profesionales y experiencias sobresalientes; quienes —al haberse forjado en la adversidad— poseen competencias y conocimientos que no están al alcance de la tecnocracia.

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