América Latina

COP30: la disputa geopolítica por el clima en el corazón de la Amazonia

La COP30 ya no sólo es escenario de la larga disputa entre Sur y Norte global, sino del choque entre los progresismos y la ultraderecha

12 de noviembre de 2025

Poco antes de morir, en mayo de 2025, el reconocido fotógrafo brasileño Sebastián Salgado inauguró Amazônia, la que sería su última exposición, en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

Las impresionantes imágenes lograron retratar un paisaje inverosímil: los ríos flotantes de la selva amazónica, gigantescas masas de vapor de agua generadas por la transpiración de las masas forestales, un fenómeno descrito hace 20 años por el científico brasileño Antonio D. Nobre, con un papel crucial en la regulación del clima de ocho naciones sudamericanas y, casi con toda certeza, del planeta entero.

Si bien la Amazonia se encuentra amenazada por la deforestación y la ganadería hace décadas, este ecosistema prendió todas las alarmas durante el periodo de Jair Bolsonaro, alcanzando un nivel récord al perder 10,267 kilómetros cuadrados de cobertura vegetal en 2022, el máximo desde que en 2015 el Instituto Nacional de Estudios Espaciales (INPE) comenzó a medir la deforestación.

En contraste con Bolsonaro, adscrito a la ultraderecha negacionista del cambio climático, y hoy convicto, el actual presidente del Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva, recibirá a partir del lunes 10 de noviembre a 50 mil visitantes de 197 países en la pequeña ciudad amazónica de Belém de Pará.

Se celebrará la treintava Conferencia de las Partes COP, la reunión anual donde las naciones suscribirán compromisos concretos para frenar la crisis climática y construir estrategias de adaptación ante las catástrofes que provoca.

El conflicto va más allá de las declaraciones y se concreta en las decisiones financieras de los Estados y bloques económicos

La reunión centrará sus esfuerzos en limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 °C, cifra que si bien se alcanzó en 2024, aún no se instala como temperatura mundial promedio; la presentación de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, es decir, los compromisos de reducción de emisiones; así como los avances en las aportaciones financieras acordadas en la COP29.

La COP30 ocurre en un escenario global marcado por guerras y el genocidio del pueblo Palestino por el Estado de Israel y sus aliados; con la ultraderecha y el neofascismo ganando espacios de poder en Europa y América; y en medio de múltiples tensiones internacionales derivadas de las políticas arancelarias del gobierno de Trump; y, en general, con el debilitamiento del derecho internacional.

La reunión es otro foro para la ya larga disputa entre el Norte y el Sur global, a la que se añade el choque entre los progresismos y la derecha mundial, que busca desesperadamente salvar al neoliberalismo de su larga crisis terminal.

Durante su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Trump declaró al Cambio Climático como “la mayor estafa jamás perpetrada en la historia”, mientras que Javier Milei, presidente de Argentina, en entrevista para la televisión de Estados Unidos, citó el documental Planet Earth de la BBC como fuente de su percepción del cambio climático como un fenómeno natural, dado que el planeta ha atravesado diferentes etapas climáticas en su historia geológica.

Sólo pasó por alto un pequeño detalle: esos cambios ocurrieron a través de miles de millones de años y no en dos siglos. Ojalá David Attenborough, reconocido divulgador, activista climático y narrador de la serie, no se entere de este despropósito.

El 7% del PIB mundial, unos siete billones de dólares, se destinan a subvencionar actividades que aceleran el cambio climático, en particular a la industria de los combustibles fósiles

En contraparte, en el discurso inaugural de la reunión, Gustavo Petro, Presidente de Colombia, afirmó que “después de 29 COPS de discursos… estamos ante un fracaso” que se puede medir científicamente: los “1,5 grados centígrados que no queríamos alcanzar, se alcanzaron”.

El conflicto va más allá de las declaraciones y se concreta en las decisiones financieras de los Estados y bloques económicos.

800 mil millones de euros de los contribuyentes de la Unión Europea terminarán en los bolsillos de la industria armamentista de Estados Unidos, la ONU calcula que la misma cantidad se ha destinado anualmente a todas las acciones globales para frenar la crisis climática y sus consecuencias.

Además, de acuerdo a este organismo, al menos el 7% del PIB mundial, unos siete billones de dólares, se destinan a subvencionar actividades que aceleran el cambio climático, en particular a la industria de los combustibles fósiles.

El cambio climático es el resultado de las mismas dinámicas que fracturan nuestra sociedad entre ricos y pobres. Será imposible combatirlo sin superar las desigualdades entre las naciones”, señaló Lula Da Silva

«Las rivalidades estratégicas y los conflictos armados desvían la atención de los recursos que deberían destinarse a enfrentar el calentamiento global. El cambio climático es el resultado de las mismas dinámicas que fracturan nuestra sociedad entre ricos y pobres. Será imposible combatirlo sin superar las desigualdades entre las naciones”, señaló Lula Da Silva durante la bienvenida a las delegaciones.

La crisis climática presenta un punto de quiebre entre los principios e intenciones de los gobiernos progresistas, y la dura realidad impuesta por las condiciones estructurales de atraso, enorme desigualdad económica, y la necesidad de aliviar la condición de millones de ciudadanos sumidos en la pobreza durante las administraciones neoliberales.

Sirve de ejemplo el caso de México, gobernado por una experta en cambio climático, donde prevalecen tensiones entre el financiamiento y operación de políticas públicas destinadas a reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, y aquellas que alimentan la crisis ambiental.

Por un lado se impulsa el programa de exportación de aguacate sin deforestación, el programa Sembrando Vida, y la economía circular dentro del Plan México, pero se destinan 460 mil millones de pesos a la petrolera estatal, PEMEX. A la Secretaría de Medio Ambiente se le otorgan 44 mil millones de pesos, y al Anexo Transversal de Cambio Climático, un programa intersecretarial para el tema, 212 mil millones.

Pese a ello, México llega a la COP30 con una promesa de Contribución Determinada a Nivel Nacional de entre 364 y 404 millones de toneladas de CO₂ equivalente, más del 50% de reducción respecto al escenario tendencial.

Estamos en una escalada de violencia en la región por parte de Estados Unidos, cuyos ataques ilegales en el Caribe ya han costado al menos 70 vidas, y cuyo objetivo final es la apropiación del petróleo de Venezuela

Algo similar ocurre en el Brasil de Lula, donde de acuerdo con el informe del Panel Científico por la Amazonía, la producción de petróleo en esta región se ha incrementado un 70% en los últimos 25 años.

Si bien América Latina es responsable apenas del 11% de las emisiones globales, y una parte considerable de éstas se vincula a la deforestación y cambio de usos de suelo más que a la explotación de hidrocarburos, las contradicciones en sus gobiernos progresistas muestran la complejidad de enfrentar las presiones imperialistas.

Estamos en una escalada de violencia en la región por parte de Estados Unidos, cuyos ataques ilegales en el Caribe ya han costado al menos 70 vidas, y cuyo objetivo final es la apropiación del petróleo de Venezuela.

Los gobiernos de izquierda de América Latina enfrentan la necesidad interna de desarrollo en economías dependientes de combustibles fósiles, versus la urgencia de frenar la crisis climática y proteger a sus poblaciones costeras, campesinas, y marginadas, particularmente vulnerables ante las olas de calor, sequías, huracanes e inundaciones.

Brasil ha dicho que se quiere enfocar en la “implementación” por encima de los intercambios en las salas de negociación. Sebastián Salgado puso el ejemplo. Junto con su familia plantó al menos tres millones de árboles en tierras que estaban devastadas y se creían perdidas. Ante la parálisis o el negacionismo de muchos gobiernos del mundo, es urgente la acción.

Salgado afirmaba que no se ha inventado ninguna máquina capaz de absorber el CO₂, pues solamente los árboles son capaces de hacerlo. Sobra decir que tenía razón.

{La crisis climática presenta un punto de quiebre entre los principios e intenciones de los gobiernos progresistas, y la dura realidad impuesta por las condiciones estructurales de atraso.

Marjory González Vivanco
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