OpiniónPolítica

Vuelve la derecha a gobernar Bolivia

Binomio Paz - Lara gana la segunda vuelta electoral. Bolivia vuelve a estar gobernada por los mismos grupos de poder que dominaban la escena antes de la irrupción de los movimientos indígenas en la política formal

20 de octubre de 2025

Este 19 de octubre, el Estado Plurinacional de Bolivia vivió una jornada electoral crucial. Por primera vez, el país andino-amazónico acudió a una segunda vuelta electoral para definir a sus máximas autoridades del Órgano Ejecutivo. La incertidumbre política que comenzó el 17 de agosto, con la proscripción del Bloque Popular y de la izquierda,en la primera vuelta electoral; llegó a su fin con el triunfo de Rodrigo Paz y Edman Lara, quienes alcanzaron el 55% de los votos en el balotaje. Ahora, las bolivianas y los bolivianos tienen la certeza de que el modelo neoliberal regresará a sus vidas.

La jornada transcurrió entre largas filas en las gasolineras por el desabastecimiento generalizado de combustible, un síntoma de la profunda crisis económica gestionada de manera ineficaz por el gobierno de Luis Arce. A lo largo de casi dos años, su administración no solo fue incapaz de resolver el problema, sino que profundizó la que es considerada la peor crisis económica en cuatro décadas, avivando así el malestar social. Con estos comicios, culmina el ciclo de gobierno percibido como una traición por quienes, en 2020, vieron en Arce al sucesor del MAS – IPSP.

El retorno de la vieja clase política neoliberal

El resultado electoral representa la restauración de una clase política neoliberal. Bolivia vuelve a estar gobernada por los mismos grupos de poder que dominaban la escena antes de la irrupción de los movimientos indígenas en la política formal. Más allá del candidato victorioso, ambos contendientes en la segunda vuelta formaban parte de la misma logia que históricamente ha confinado las decisiones del país a círculos familiares y espacios herméticamente cerrados. Cuando Tuto Quiroga se desempeñaba como viceministro de Inversión Pública y Cooperación Internacional, y luego como ministro de Economía, el padre de Rodrigo Paz, Jaime Paz Zamora, era el presidente del país.

La jornada electoral transcurrió entre largas filas en las gasolineras por el desabastecimiento generalizado de combustible, un síntoma de la profunda crisis económica gestionada de manera ineficaz por el gobierno de Luis Arce.

Para estos sectores, el verdadero triunfo no es el de un candidato, sino el de un país que “logró” celebrar unos comicios sin el «masismo» en la contienda; es decir, sin la participación política de las y los indígenas, términos que para esta élite son una moneda de cambio y no un sujeto político. Las elecciones recuperaron su «legitimidad» ante sus ojos al eliminar al adversario que alguna vez les arrebató el poder para entregárselo a una Bolivia de «piel cobriza». Ahora pueden avalar los resultados porque el país ha regresado a una democracia puramente procedimental, donde el acto de votar se reduce a elegir entre una oferta predefinida, y no a quienes realmente representan a las mayorías.

Lara, el espejo de la crisis boliviana

Es un hecho que el triunfo de Paz y Lara tomó por sorpresa a la mayoría de las y los analistas. Las encuestas no lograron captar el comportamiento electoral de quienes en elecciones anteriores votaron nulo, se absturvieron o votaron por un candidato no tradicional, en esta ocasión le dieron su preferencia al binomio Paz-Lara. Sumado al voto castigo del un segmento del Bloque Popular, invisible para los sondeos, fue la clave del resultado.

Las elecciones recuperaron su «legitimidad» ante sus ojos al eliminar al adversario que alguna vez les arrebató el poder para entregárselo a una Bolivia de «piel cobriza».

La pregunta central es: ¿qué catalizó este apoyo? La respuesta yace en el fenómeno de la identificación. Edman Lara se consagró como el favorito por su capacidad de representar el malestar popular como un espejo de la crisis económica nacional. Si bien el Proceso de Cambio logró históricamente sacar a casi la mitad de la población de la pobreza, integrando a una nueva y frágil clase media, esta misma conquista creó una dependencia crítica hacia la estabilidad económica: un tipo de cambio fijo, precios estables en la canasta familiar y empleos formales.

Al enfrentar la crisis económica más aguda en cuarenta años, la figura de Lara, un expolicía expulsado de su trabajo, comerciante y migrante de los Valles al Oriente, encarnó de manera perfecta la precarización a la que se enfrentó esta clase media aspiracional. Él simbolizó la fragilidad de un sector cuyas demandas mínimas de seguridad económica fueron defraudadas, y se convirtió en el rostro de su descontento.

Este escenario explica también la pragmática negociación de un segmento del Bloque Popular con el nuevo gobierno, un movimiento táctico para no quedar excluido de la repartición del Estado en un momento crítico.

El futuro de la resistencia: La disputa por el Estado Plurinacional

El nuevo gobierno llega con una agenda explícita: desmontar el Estado Plurinacional y restaurar el modelo republicano, un proyecto que implica invisibilizar nuevamente la identidad indígena. En coordinación con las autoridades autoprorrogadas del Tribunal Constitucional Plurinacional, la derecha boliviana ha manifestado su compromiso de impulsar una Reforma Constitucional. Con una mayoría legislativa, poseen las atribuciones formales para modificar los pilares fundamentales del Estado.

El nuevo gobierno llega con una agenda explícita: desmontar el Estado Plurinacional y restaurar el modelo republicano, un proyecto que implica invisibilizar nuevamente la identidad indígena.

Frente a esta ofensiva, se erige la resistencia para defender los logros del Proceso de Cambio, entre los que destacan:

  • La propia existencia del Estado Plurinacional.
  • La ampliación de los derechos fundamentales.
  • Las políticas de inclusión social y reconocimiento.

Un nuevo mapa de poder

El escenario postelectoral deja varios perdedores. La propuesta abiertamente clasista y racista de Libre no ganó la presidencia, aunque aseguró una representación parlamentaria significativa. Por otro lado, el Bloque Popular, una coalición heterogénea cuya principal seña de identidad es su base indígena antes que una ideología de izquierda tradicional, centró su estrategia en un voto de rechazo al «tutismo». Sin embargo, su desafío actual es traducir ese mensaje en una cuota de poder estable dentro del aparato estatal.

El giro más determinante se produjo en la geografía del voto. El occidente del país, históricamente el bastión inexpugnable del Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), se transformó en el núcleo de apoyo para la fórmula Paz-Lara. Sin embargo, fue Cochabamba, el corazón del evismo, caracterizado por su fuerte identidad indígena y su autoidentificación con la izquierda, el que actuó como el verdadero árbitro de la elección. Tras una primera vuelta con un alto porcentaje de voto nulo, este departamento movilizó a su electorado en la segunda vuelta, canalizando aproximadamente un 30% de ese voto de protesta inicial hacia Paz, una decisión que resultó definitiva para inclinar la balanza

El principal desafío de Rodrigo Paz será materializar sus alianzas con facciones políticas de occidente de Bolivia en la conformación de su gabinete. Esta no será solo una negociación por cargos, sino la primera prueba tangible de la gobernabilidad de un proyecto que, aunque victorioso en las urnas, se enfrenta a un país profundamente dividido y a la resistencia de quienes defenderán el legado de la Bolivia plurinacional.

Banner Alcaldia Tarija

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba