Sobre el discurso de “defensa de la constitución” de las Fuerzas Armadas y sus implicaciones
El 3 de junio, en una conferencia de prensa conjunta, el ministro de Defensa, Edmundo Novillo, y el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (FFAA), Jaime Zabala, desmintieron los rumores difundidos por redes sociales y medios de comunicación sobre supuestas divisiones internas en la institución castrense. En un contexto de creciente crisis y cuestionamiento al gobierno, el mensaje buscó posicionar a las FF.AA. como un actor “cohesionado”, comprometido con la “democracia”, la “paz” y la “defensa de la Constitución Política del Estado (CPE)".
12 de junio de 2025
Zabala sostuvo que las FF.AA. se rigen exclusivamente por el mandato constitucional y que su compromiso es con el «orden democrático» y «servicio a la patria». Aseguró que los rumores de división son “falsos” y que buscan “desprestigiar” a la institución. Cerró su intervención con una frase cargada de simbolismo religioso-nacionalista: “Dios bendiga a toda Bolivia”.
Este tipo de declaraciones, revestidas de lenguaje institucional, constituyen en realidad una toma de posición política en un momento de creciente descontento social, deslegitimación del gobierno de Luis Arce Catacora y tensión política por el escenario electoral.
Antecedentes militares de la de “defensa de la constitución”
Las FF.AA. bolivianas tienen una extensa trayectoria histórica de intervenciones políticas, ya sea mediante golpes de Estado o reprimiendo con violencia al pueblo trabajador cuando este se moviliza por sus derechos.
Un ejemplo reciente y paradigmático fue el golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019, cuando las mismas FF.AA. que hoy proclaman su apego a la CPE, forzaron la renuncia del entonces presidente Evo Morales. En esa ocasión, el comandante Williams Kaliman “sugirió” públicamente la renuncia presidencial, inclinando decisivamente la balanza a favor del bloque golpista. El resultado fue la instalación del gobierno de facto de Jeanine Áñez, sostenido mediante una feroz represión, a nombre de «pacificación», que tuvo como consecuencia fatal las masacres de Senkata, Sacaba y Ovejuyo.
Más reciente, el 26 de junio de 2024, el país fue testigo de una intentona golpista, cuando un grupo de militares encabezado por el entonces comandante del Ejército, Juan José Zúñiga, ocupó la Plaza Murillo con tanquetas e intentó ingresar al Palacio de Gobierno, exigiendo cambios en el gabinete presidencial. Aunque la maniobra fue rápidamente desactivada, puso en evidencia que las Fuerzas Armadas siguen siendo un actor con capacidad de presión y acción directa en el campo político.
Un escenario complicado
Por lo señalado anteriormente, este último comunicado no debe ser tomado a la ligera, en especial porque nos encontramos en un escenario de crisis orgánica; donde, las declaraciones oficiales de las FF.AA. no solo buscan «calmar a la ciudadanía», sino también disciplinar a los sectores movilizados, recordándoles que las armas están en manos de una institución que no dudará en intervenir si el actual (des)equilibrio de poder se ve amenazado.
La experiencia histórica, nos da elementos para señalar que el discurso de “defensa de la Constitución” es, en última instancia, la antesala del gas lacrimógeno, del disparo de balines y, si se agudiza el conflicto, de la militarización de las calles.

Por C. Ernesto Peñaranda Sánchez
Artículo publicado originalmente el 4/6/25





