Bolivia

REFLEXIONES SOBRE LA IDENTIDAD CRUCEÑA

- ¿Seguimos igual? -

21 de septiembre, 2021.
El ser “cruceño” hoy, tiene muchas acepciones, aristas es decir poco. Nacer en esta ubérrima región de Bolivia o sentir por este departamento tiene, también, sus connotaciones.
Nacer, para bien… o para mal, porque no todo el nacido en Santa Cruz le ha hecho bien a su gente ni a su tierra. Ojalá unos hubiesen nacido en el desierto del Gobi, donde no hay nada que robar ni seres humanos a quienes pisotear. Otros, de las nuevas generaciones nacieron acá, pero sus progenitores los abandonaron y se fueron pa´España reemplazando el cariño cotidiano por un Giro mensual. Y tenemos a los que se quedaron a presentarle lucha a esta vida que suele ser inclemente con los pobres.
En ello se ha configurado lo que se considera el buen sentir cruceño, que dicen ha nacido en límpida frente y gran corazón; sin embargo, algunos sentires han sido engendrados al calor de las amenazas a un “establishment” indecoroso de estilo victoriano aunque criollo, de unos cuantos avezados dados a ensalzar la blancura en la piel…de tal modo que raya en la ridiculez enunciar esa acepción desgastada: “es ley del cruceño la hospitalidad”. Diga usted a quienes se refiere, y a quienes no.
Así pues hay quienes viven dentro de los límites artificiales – pues eso son – de este departamento, que nacieron aquí y otros que vinieron de allende los mares o las montañas, para bien o para mal.
Hace como 10 años atrás escribí unas palabras en referencia al alicaído día de la tradición cruceña, en el que unas damiselas burguesas se hicieron un tiempito de su acostumbrado Spa de fin de semana; esas entusiastas del Comité Cívico Femenino de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra visitaron, disfrazadas con el “tipoy” guaraní según la costumbre de hacerse a las indias ese día; llegaron a la ciudad de Vallegrande, preciosa población de los valles cruceños, con el propósito – sano, supongo – de festejar el día de la tradición cruceña con la “gente de la provincia”. Y, ¡¡oh sorpresa!!, se enteraron que las damas vallegrandinas no gustan de vestir de esa manera, pues no son estereotipadas no gustan de disfrazarse ni en los carnavales y asimismo, la “tamborita”(que los riquillos sacan a relucir una vez al año), que llevaron – cual carga – en la parte trasera de una camioneta, no cuadraba con los aires musicales de los vallegrandinos que gustan de las coplas picarescas, kaluyos y cacharpayas, entre otros ritmos. Sin trompetas, ni otras vainas, pura voz y guitarra. Huelga decir que el evento interprovincial que propusieron las damiselas cívicas de la capital, fue un fracaso, tanto que hasta la fecha no volvieron ni de paso.
Por acá, en la urbe, la tamborita es ya un recuerdo vago. Reemplazadas por las bandas de trompetistas, platilleros, tamboreros y bomberos (que son paradójicamente en su generalidad, migrantes “collas”) que solían irrumpir – a la hora que sea – los aires del cielo más puro de América, con el “Viva Santa Cruz” (algo así como un segundo Himno) del compositor orureño Orlando Rojas. Este aluvión de sonidos, que a veces despertaba a la vecindad a altas horas de la madrugada, también ya ha sido relegado por el infame regetón del 4to anillo pa´llá… donde todavía hay taitetuses, es decir “cunumis”, pues ese mote quedó para los pobres; los que hoy viven en sus Condominios cerrados, son “cambas”, mote exclusivo para los de la high life. Pese a esta forzada forma de alienación cultural, persisten en su existir, los “porteños” de Puerto Suárez, los chaqueños de todo el sur de este departamento, los “vallunos” de todo el oeste de Santa Cruz, etc.
Notoriamente, las élites embadurnadas de racismo intentan persistentemente, imponer una forma de pensar acerca de lo que significa “ser cruceño”. Hay algunos oficiosos (as) que a nombre de todos los estantes y habitantes se arrogan la identidad cruceña, desde su propia perspectiva. Su elitismo – rayano en el cretinismo, por una parte, y la soberbia, por otra – desmerece infelizmente, los mil y un rostros de “la cruceñidad”.
Un buen día y durante un tiempo, desde los pérfidos medios masivos de comunicación, se dieron a la tarea de reforzar “el hablar cruceño”, relievando el uso de la “jota” en reemplazo de la “s” para diferenciarse – dizqué – de los collas, que gustan de ese sonido sibilante. En el pobre entender de los defensores de la identidad cruceña ( de “esa identidad” recalco), esto reforzaba la construcción de una sólida identidad etno-cultural exclusiva.
Una doñita historiadora siempre funcional a las logias racistas y directora sempiterna de la inocua Academia de la historia, afirmaba como 20,años ha – cínicamente – que los “cambas” eran orgullosos por su “raza” (¡!), semejante afirmación por supuesto, no mereció respuesta alguna de algún sujeto racional y mínimamente estudiado y sensato, dado que el término “raza”, ha caído en descrédito absoluto hace más de un siglo, pues la ciencia ha corroborado que todos tenemos origen común y por tanto solo hay una raza, la humana. Sigue hasta hoy con ese discursito de raza camba, la pobre.
En otra ocasión observé azorado, un breve como explosivo debate entre un cantorcillo carnavalero y compositor citadino con un conocido escritor local, acerca de un nuevo ritmo llamado ”Brincao” que a la sazón, en sus letras exalta las infidelidades conyugales del hombre (pues en carnaval “todo se vale” dicen por aq uí y por allá) para desventura de las esposas cruceñas. Este cantor, le exigió con aires de suficiencia a su paisano escritor, que dijese “brincao” y no “brincado” con el que el literato se refería al nuevo ritmo. Al académico, no le quedó más que poner en remojo la lengua madre, en aras de zafarse de esa incómoda situación.
No es sólo mi impresión que el “puej”, el majao y la tamborita se pierdan a pocos kilómetros al sur de la ciudad, cuando, por ejemplo, los sequedales y las altas temperaturas del Chaco cruceño establecen su soberanía. Allá es con vino, churrasco y con chacarera. Porque simplemente hay cruceños en el sur, así como en el oeste, diferentes al estereotipo cruceño desgastado y “pujuzó” de quienes tozudamente, intentan recomponer sus maltrechas poltronas para retozar – otra vez – en su pasado áureo y corrupto.
Y así … una noche de esas, me tocó ver a una conductora afamada de un programa de alto rating, quien le preguntó a un ministro de Evo, hoy ex y recalcitrante opositor: ¿Porqué odiaba a los cruceños? (se estaba dando las expropiaciones de tierras a algunos terratenientes del Alto Parapetí y otros lugares del departamento)…la respuesta de este funcionario fue una re pregunta a la entrevistadora: Acaso Ud. – señora – cree que los originarios guaraníes, guarayos, ayoreos y chiquitanos, no son cruceños.? Fin de la entrevista….
Y es que – a la verdad – hasta hoy los líderes departamentales y sus adulones, son nada más que ”cognone” para los ayoreos o “karaís” para los guaraníes. Las élites ni intentan “cruceñizar a los indios”, les interesa mantenerlos en la ignorancia e indigencia.
A mi juicio la identidad cruceña está en formación, inequívocamente. La confusión artificial acerca de este asunto es creada por quienes robaron el pan antes de siquiera amasarlo, para ofrecerle un concepto amañado del “ser cruceño” a las masas siempre afectas a lo novedoso, alimentándola de fatuas sensaciones de poder e importancia.
Ponerse una camisa chiquitana – por ejemplo e indudablemente – conlleva una identificación, sí…. para quien pertenece al del pueblo de los Chiquitos. A pesar del esfuerzo por imponer una moda urbana al estilo del ex Presidente indígena de Bolivia, los patrones terratenientes locales que se “hacen a los indios” llegan hasta ahí nomás, ellos no lo son ni quieren serlo, por ello a la par de su camisa blanca con motivos chiquitanos, le enfundan a su testa cabelluda, un sombrero de ala ancha de estilo texano. Ellos son “cambas” ¡¡por favor!!, no cunumis… ya quisiera verlos yo, vestidos como otras naciones originarias del oriente los cuales – de paso – no usan ni camisa ni calzoncillos. ¡¡Ay, Jesús, María y José!! diría , santiguándose, mi finada y santa abuela, natural de las riberas del Mamoré.
Ya para darle color a los festejos septembrinos, no deja de generar en mí, un recuerdo condescendiente y lastimero: el recibimiento “cálido”, de hace unos años atrás (y que hoy pretenden re editar con la marcha de “indios” benianos) a los seguidores de un señor dizque defensor de los pueblos originarios amazónicos y su comitiva de la 9na. Marcha indígena, la cual ingresó “triunfante” a la Plaza principal de esta urbe, flanqueado por el “club de los Willys” (que como es sabido, son vehículos de colección coleccionados por algunos acaudalados oligarcas avecindados por acá). Los racistas terratenientes recibiendo con honores a los indios, a quienes les despojaron por siglos sus tierras: el “Thanksgiving Day”criollo hedía a hipocresía y cinismo.
Un buen día, allá por inicios de año 2.000, mi hijo, que leía su texto de historia de 5to. Básico para ayudarse en su tarea acerca de “la identidad cruceña”, me preguntó si debía cantar a Ñuflo de Chávez y sus huestes, pues estos fueron invasores que hicieron esclavos a los libres y tal vez violaron a su tátara tatarabuela y, continuó, ¿Que significaba el “hado” benigno de una España grandiosa, siendo que ellos gustaron de saquear y asesinar similar número de personas a las que el Führer eliminó, con la “solución final”? (pues vio la “Lista de Schindler” y sabe del “Diario de Ana Franck”) y finalmente me preguntó cómo fue posible, usar el “signo de la redención” – pues él cristiano es – para justificar la esclavitud y la matanza del prójimo. Continué escuchando las preguntas de mi hijo y me dijo: ¿y cómo es posible cantarle a Ñuflo de Chávez y la España grandiosa, justamente el 24 de septiembre, aniversario del grito de la independencia contra España?…pues yo no lo haré. Soy cruceño, papi.
¡¡Rayos y centellas!!, me felicité por tener un descendiente que piensa…hay esperanza para esta tierra.
Como es de universal aceptación, esa historia – la nuestra – está escrita con sangre y pólvora, con sudor y sacrificio extremo. El inigualable “Cañoto”, daría su cabeza a ser cortada, antes de pulsar en su guitarra loas al invasor español. Y antes que él, lo dieron otros (su cabeza)…los caciques guaraníes, Cumbay, Birinday y sus querembas. Lo mismo, Lemoine, Seoane y el “Colorao” Mercado. Así pues, hijo – le dije -haz lo que tu conciencia dicte y tu razonamiento consienta: “Siempre libres cruceños seamos”.
Entretanto, redoblo mis esfuerzos laborales en el espacio docente y mis amores por esta tierra que tiene el aroma inigualable de la pluriculturalidad, convencido de que hay mil y un formas de amarla que, replicando clichés absurdos, mentirosos y ajenos de las élites enturbiadas en su codicia voraz.
Que viva Santa Cruz, no solo la de la Sierra, sino la del Chaco, la de los Valles Mesotérmicos, la de la Chiquitania, la de las naciones originarias, la de la frontera amazónica. En fin.
Por: Carlos Tony Sánchez

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