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¿Por qué el «Efecto Milei» pierde impulso?
18 de julio de 2025
La economía argentina con una promesa de shock liberal, un ajuste fiscal inédito y el entusiasmo de los mercados. El Gobierno celebró un crecimiento de 5,8 % interanual en el primer trimestre de 2025, la inflación retrocedió hasta rozar el 40 % y las reservas brutas del Banco Central volvieron a exhibir un número tentador: 38 000 millones de dólares. Sin embargo, detrás de los titulares del gobierno se acumulan señales de agotamiento que explican por qué el llamado «efecto Milei» comienza a desinflarse,
Varios medios de comunicación El Clarín, La Nación, BBC, Financial Times, DW, El País y diversos analistas hablan hoy de la preocupación en Argentina e incluso hacen referencia de que muestra síntomas de desgaste.
El primer síntoma es la fragilidad de la propia expansión. Más de un tercio del salto del PIB provino de intermediación financiera y comercio minorista, sectores que se alimentaron de un boom de crédito ahora en retirada. De acuerdo con el Informe de Estabilidad Financiera, el crecimiento real de los préstamos en pesos se desplomó del 250 % anual en enero al 170 % en julio, mientras la liquidez bancaria cayó a 34 % de los depósitos antes de recuperarse apenas a 50 % (BCRA, 2025). Con menos combustible crediticio, la economía pierde tracción.
El mercado laboral ofrece una radiografía todavía más sombría. El INDEC registró un aumento de la desocupación hasta el 7,9 % en el primer trimestre, el nivel más alto de la era Milei, y medios locales cifran en más de medio millón los puestos registrados perdidos desde diciembre de 2024 hasta marzo de 2025, con un fuerte golpe a monotributistas (INDEC, 2025; Pausa, 2025). La caída golpea sobre todo a la construcción, el servicio doméstico y el empleo público, sectores que suelen funcionar como amortiguadores sociales.
Las divisas tampoco juegan a favor. El déficit de cuenta corriente escaló a 5.191 millones de dólares (cerca del 2 %-3% del PIB trimestral), impulsado por un rojo récord en la balanza de servicios, donde los gastos turísticos superaron ampliamente a los ingresos (Buteler, 2025; La Nación, 2025). Con un desequilibrio así, las reservas netas sólo cubren 1,9 meses de déficit externo anualizado; en la aritmética del Banco Central, la mitad de la deuda externa vence antes de julio de 2026 (BCRA, 2025).
Para contener la sangría, el Gobierno apeló a dólares prestados: un nuevo programa de facilidad extendida con el Fondo Monetario Internacional por 20 000 millones, de los cuales 12 000 millones se desembolsaron en abril, y la renovación de un “swap” con el Banco Popular de China por otros 5 000 millones (FMI, 2025). Esos flujos explican casi todo el rebote de las reservas. Pero el alivio es condicional: los tramos restantes del Fondo dependen de que la inflación baje al 25 % y el déficit externo se reduzca, metas que lucen distantes mientras el peso siga apreciado y el turismo emisivo bata récords de consumo de divisas.
La política monetaria se mueve en un filo complicado. Para frenar la inflación, la base monetaria pasó de crecer 250 % interanual a apenas 75 %, un “apagón” que logró moderar los precios, pero también vació la tubería del crédito. Las tasas de plazo fijo giran en torno al 25 % nominal cuando la inflación supera el 40 %; el resultado es una tasa real negativa que empuja a los ahorristas hacia el dólar. Los depósitos en moneda extranjera se multiplicaron por dos en 2024 y aún crecen a ritmos del 50 % interanual, alimentando un descalce cambiario que, en última instancia, consume reservas (BCRA, 2025).
El superávit fiscal no impedirá que la expansión de la base monetaria, la esterilización agresiva y la fuga de depósitos sigan estrangulando el crédito y pesando sobre el tipo de cambio y las reservas. Aunque el Tesoro cierre con superávit, esa liquidez no entra al circuito.
En el primer gráfico vemos cómo la cantidad de pesos que el Banco Central inyecta en la economía (la «base monetaria») dejó de crecer a ritmos estratosféricos y se frenó a niveles más moderados. Sin embargo, esa llegada de pesitos extra no llegó al bolsillo de la gente ni a las cuentas bancarias, el agregado más amplio de dinero en circulación entre empresas y familias (el llamado M2) también se desaceleró drásticamente. Eso ocurre porque buena parte de los pesos nuevos queda atrapada en instrumentos del propio Banco Central o se fugan hacia el dólar.
Al lado, el mismo gráfico muestra cómo, en busca de seguridad, las personas y las empresas duplicaron sus depósitos en dólares y hasta se endeudaron en moneda extranjera, los créditos en dólares subieron casi tres veces en apenas unos meses y luego también empezaron a enfriarse. Es la señal de que, si no confías en el peso, recurres al billete verde, pero esa carrera hacia el dólar presiona las reservas del país.
En el segundo gráfico se ve de manera aún más clara el pulso bancario en pesos, primero, los depósitos a la vista, que son la plata que uno puede sacar del cajero en cualquier momento, caen de crecer un 200 % a sólo un 30 % interanual en un año. Luego, aunque ofrecieron tasas altísimas para los plazos fijos, ese impulso se agotó y el ritmo de renovación de esos ahorros cayó. Al mismo tiempo, los préstamos en pesos, ya sean personales, con tarjeta o mediante papeles como «adelantos», que llegaron a crecer hasta un 250 % al año, se desaceleraron.
En conjunto, ambos gráficos muestran con claridad lo que sucede cuando la gente deja de confiar en su moneda: retira sus pesos del banco, se endeuda en dólares, y entonces el crédito se encarece y se seca, dejando a la economía sin oxígeno para crecer.
Eso explica por qué, pese a promesas de “choque liberal” y cifras de crecimiento llamativas, la máquina económica comienza a perder tracción en lo cotidiano de PyMEs, monotributistas y familias.
En este contexto, la narrativa de «récord de puestos de trabajo» y «resurgir económico» luce cada vez más como un espejismo. Con un déficit corriente que absorbe dólares al ritmo de 8 %-12% del PIB anualizado, reservas en gran parte prestadas y un mercado laboral en retroceso, el programa de estabilización se sostiene sobre un plazo perentorio, doce a dieciocho meses, coinciden la algunos de los analistas locales para corregir. Si en ese lapso el Gobierno no corrige la sobrevaluación del peso, ofrece tasas reales positivas que remonetizen el ahorro en pesos y consolida un superávit comercial genuino, el retorno de la volatilidad cambiaria y del rebrote inflacionario será cuestión de calendario, no de conjetura.
Por: Ricardo Alonzo Fernández Salguero

Referencias
Banco Central de la República Argentina. (2025). INFORME MONETARIO DIARIO. BCRA.
Buteler, C. (2025, 27 de junio). El déficit de cuenta corriente reaviva la presión sobre el tipo de cambio. Ámbito Financiero.
Fondo Monetario Internacional. (2025, 15 de abril). IMF Executive Board Approves Extended Fund Facility for Argentina [Press release].
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2025). Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos. 1° trimestre 2025. INDEC.
La Nación. (2025, 26 de junio). La Argentina entró en rojo en un número clave: el déficit externo superó los US$ 5 000 millones.
Pausa. (2025, 20 de junio). Milei dice que hay “récord de puestos de trabajo”, el Indec dice que la desocupación subió.



