3 de julio de 2026
La flotación del tipo de cambio respecto al dólar es el primer garrotazo exigido por el FMI a la depauperada economía popular: dejar el tipo de cambio flotante. En las condiciones de aguda escasez de divisas del Banco Central con que proveer suficientes dólares al mercado, el tipo de cambio fluctuante sólo puede traer mayor inflación con una tendencia ascendente y la consecuente pérdida del poder adquisitivo de sueldos y salarios, de las jubilaciones y la contracción del mercado: menos ventas para los comerciantes.
Argumentan que el tipo de cambio fijo era ficticio y que todas las operaciones comerciales ya se regían por el tipo de cambio paralelo. Lo que no es del todo cierto. Por ejemplo, el pago de impuestos por importaciones, se calculaban al tipo de cambio oficial; ahora se lo hará al tipo de cambio del día, de manera que subirán los impuestos en Bs. que el importador descargará sobre el precio final de la mercadería. Esto en un país como el nuestro que importa todo porque produce muy poco por su escasa industrialización.
Seguirán las reformas a las leyes de Minería, de Hidrocarburos, de Electricidad, de Inversiones, dirigidas a atraer el ingreso de capitales extranjeros en condiciones “competitivas”, es decir, muy favorables para los buitres inversionistas, mientras se deja premeditadamente que las correspondientes empresas estatales agonicen. Esto, por ejemplo, pierden de vista los mineros de Huanuni y Colquiri que han firmado acuerdos con el gobierno para que no sean privatizadas. Pero aquí de lo que se trata es de exigir la estatización de toda la minería. Los grandes yacimientos mineralógicos calificados de “categoría mundial”, están en oferta para la inversión privada extranjera mientras que la COMIBOL que administra la minería estatal, no invierte ni un centavo en su desarrollo y exige que sean autosuficientes para mantenerse en funcionamiento.
En eso consiste el “Abrir Bolivia al Mundo”: abrirla para el saqueo de nuestros recursos naturales por el imperialismo.
Es evidente que, pese a que este gobierno maltrecho por el poderoso y prolongado bloqueo campesino y con apoyo de trabajadores de las minas y las ciudades, está empeñado en continuar con los planes colonialistas del imperialismo norteamericano y toda la derecha latinoamericana.
La oligarquía agroindustrial terrateniente, los aburguesados cooperativistas del oro y de otros minerales, las trasnacionales presentes en el país principalmente en el sector minero, hidrocarburífero y bancario, exigen al “pollo” maltrecho, que continúe con la política de garantizarles seguridad jurídica para sus inversiones y beneficie los intereses del gran capital privado además, que se tomen medidas punitivas de escarmiento contra los dirigentes de la movilización.
El movimiento campesino no logró la renuncia del presidente y con él de su gobierno controlado directamente por la racista oligarquía agroindustrial del oriente. Los discursos de reconciliación nacional entre bolivianos y entre oriente y occidente, de diálogo abierto, son pura demagogia.
La aplicación de las medidas de reforma exigidas por el imperialismo a través de sus tentáculos financieros, implican una política de incentivo al empresariado privado y las transnacionales en detrimento de las grandes mayorías empobrecidas. Esa es la ley del capitalismo en decadencia en su etapa imperialista.
La lucha de clases, junto a la lucha contra la opresión de las naciones originarias, volverá a arremeter contra la política antinacional, hambreadora y vende-patria del gobierno títere del imperialismo norteamericano.
P.O.R.



