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Límites al entreguismo

La condena a Eduardo Bolsonaro, la respuesta arancelaria firme de Lula y la blindaje constitucional propuesto por Sheinbaum muestran que la soberanía no es un legado estático heredado de los próceres, sino una conquista cotidiana

18 de junio de 2026

El 16 de junio de 2026, el Tribunal Supremo de Brasil condenó al exdiputado Eduardo Bolsonaro por haber buscado la ayuda del gobierno de Donald Trump para boicotear el juicio contra su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien fue sentenciado el año pasado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado.

La corte brasileña le impuso una pena de 4 años de cárcel y 8 años de inhabilitación para ser funcionario público. Los magistrados consideran que Eduardo Bolsonaro, residente en Texas, instigó el tarifazo arancelario contra Brasil con el que Trump pretendía frenar el proceso judicial para su padre.

Eduardo Bolsonaro se atribuye ser el principal artífice de la decisión de Trump de elevar al 50% los aranceles a los productos brasileños —de los más altos del mundo— como supuesto «castigo» a Lula Da Silva por el juicio a Jair Bolsonaro

El ahora condenado es, además, el nexo familiar con la red internacional del populismo de extrema derecha y miembro activo de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC).

Eduardo, abogado de 41 años, se atribuye ser el principal artífice de la decisión de Trump de elevar al 50% los aranceles a los productos brasileños —de los más altos del mundo— como supuesto «castigo» a Lula Da Silva por el juicio a Jair Bolsonaro. Una medida a la que el mandatario brasileño respondió con la Ley de Reciprocidad Económica,.

Ya son repetidas las ocasiones en que actores políticos latinoamericanos buscan usar los traumas de la colonia para convertirse nuevamente en cipayos de Estados Unidos, acudiendo a pedir intervenciones militares, sanciones económicas o injerencias electorales en busca de beneficios personales. Al carecer de apoyos populares, intentan respaldarse en la mano dura de Trump y su nuevo Corolario.

Sin el más mínimo respeto por la soberanía y los territorios, políticos conservadores de oposición como María Corina Machado en Venezuela, Eduardo Bolsonaro en Brasil, Alberto Espriella en Colombia, y Ricardo Salinas Pliego, Vicente Fox. Lili Tellez o Alessandra Rojo de la Vega, en México, van mostrando su verdadera cara.

Al carecer de apoyos populares, intentan respaldarse en la mano dura de Trump y su nuevo Corolario

El juicio a Eduardo Bolsonaro, al igual que la reforma constitucional impulsada por Claudia Sheinbaum para anular elecciones en caso de intervención extranjera, muestran la otra cara de la moneda que creíamos perdida: la esencia independentista y soberanista que ha caracterizado a América Latina, hoy amenazada, una vez más, por Estados Unidos.

No son acciones aisladas. Este nuevo capítulo en el tablero geopoítico de la región es el termómetro de una pugna estructural que redefinirá el rumbo de Nuestra América.

La condena a Eduardo Bolsonaro, la respuesta arancelaria firme de Lula y la blindaje constitucional propuesto por Sheinbaum muestran que la soberanía no es un legado estático heredado de los próceres, sino una conquista cotidiana que exige defensa activa, inteligencia diplomática y, sobre todo, unidad regional.

Consolidar la lucha soberanista no es un ejercicio retórico ni una bandera coyuntural; es una necesidad existencial frente al retorno de las injerencias disfrazadas de «castigos» comerciales o «asistencias» políticas.

Si la América progresista no logra articular un frente común que subordine los intereses particulares al bienestar colectivo, seguirá siendo el tablero donde las potencias foráneas mueven las fichas a su antojo, mientras sus hijos e hijas pagan el costo en las aduanas, en las urnas y en las calles.

Políticos conservadores de oposición como María Corina Machado en Venezuela, Eduardo Bolsonaro en Brasil, Alberto Espriella en Colombia, y Ricardo Salinas Pliego , Vicente Fox. Lili Tellez o Alessandra Rojo de la Vega, en México, van mostrando su verdadera cara

La historia y la amenaza latente nos convocan a salir del letargo, a robustecer nuestros mecanismos de integración y a cerrar filas en torno a proyectos que coloquen la dignidad, la autodeterminación y el desarrollo autónomo en el centro de la agenda regional.

Solo así, el nuevo capítulo que estamos escribiendo no será el de la recolonización encubierta, sino el de la emancipación real y consciente de los pueblos que se niegan a perder su destino.

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