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La segunda transición neoliberal en Bolivia

Su nacimiento e infancia estuvieron marcados por el exilio político de su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora, y hoy, consagra el linaje familiar conquistando la presidencia y marcando la primera derrota electoral del MAS-IPSP luego de 20 años de hegemonía partidaria

14 de noviembre de 2025

Rodrigo Paz Pereira, nacido en Santiago de Compostela, España, se consolida a los 58 años como un hombre del poder, asumiendo este 8 de noviembre la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Estudió Economía y Relaciones Internacionales y cuenta con una maestría en Gestión Política otorgada por la Universidad Americana de EE.UU. Su nacimiento e infancia estuvo marcado por el exilio político de su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora, y hoy, consagra el linaje familiar conquistando la presidencia y marcando la primera derrota electoral del MAS-IPSP luego de 20 años de hegemonía partidaria.

Linaje político y pragmatismo del poder

Su tío-abuelo, Víctor Paz Estenssoro, cuatro veces presidente del país, es referente de dos proyectos totalmente distintos e incluso antagónicos de la historia boliviana: en su primer mandato, en la década de los 50 lideró el nacionalismo revolucionario conquistando el voto universal, la nacionalización de las minas y la Reforma Agraria. En su último mandato, promovió el aterrizaje del neoliberalismo con la desregulación de la economía y el desmantelamiento o privatización de las empresas públicas.

La segunda vertiente de su linaje se relaciona con el histórico referente del Partido Comunista (de orientación maoísta), Oscar “Motete” Zamora, fundador del Frente Revolucionario de Izquierda (FRI) y referente de la lucha armada a través de la Unión de Campesinos Pobres (UCAPO) en la década de los 70. Su viraje político fue altamente cuestionado, pues en 1993 se presentó como candidato a Vicepresidente del ex dictador y lugarteniente de la Operación Cóndor en Bolivia, Hugo Banzer Suárez, para luego replegarse a la representación regional del departamento de Tarija.

En línea directa, la herencia y brújula política del actual mandatario está marcada por la relevancia de su  padre, Jaime Paz Zamora, quien siendo uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue vicepresidente (1982-1984) y Presidente del Estado (1989-1993). En su juventud, Jaime Paz estuvo pronto a recibir la orden sacerdotal en Córdoba, Argentina; sin embargo se retiró para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Lovaina; por tanto, su construcción ideológica está marcada por el cristianismo y la socialdemocracia. Su hermano, Néstor Paz Zamora, guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN), murió en Teoponte y se constituyó en un referente nacional de la teología de la liberación y la emancipación vinculada a la fe cristiana; así como su esposa Cecilia Ávila, asesinada por la dictadura Banzer. De aquí se desprenden dos elementos muy importantes de la familia Paz: su vínculo religioso y su pragmatismo político.

Sus antecedentes familiares y políticos permiten comprender la construcción de Rodrigo Paz como un hombre vinculado a la constante búsqueda de poder, cuya trayectoria se inscribe plenamente en el aparato estatal y en la consagración de su vida a la política

El hecho que mejor describe el pragmatismo político de Jaime Paz y lo define como un hombre del poder antes que de las ideas, fue su alianza con el general Banzer para conquistar la presidencia en 1989. Tras haber sido perseguido por la dictadura, vivir en el exilio y denunciar la tortura, represión y desaparición de militantes de izquierda —incluidos miembros de su propia familia—, afirmaba que “ríos de sangre” separaban al MIR del partido de Banzer. Sin embargo, aquel adversario se convirtió en su aliado, y Jaime Paz justificó el pacto declarando: “Ríos de sangre nos separan, pero los puentes de la democracia nos unen”. Con esa frase selló el tiempo del “fin de las ideologías” y convocó, en los hechos, al pragmatismo político y a la abdicación ideológica que dieron origen a la llamada “democracia pactada”.

Estos antecedentes familiares y políticos permiten comprender la construcción de Rodrigo Paz como un hombre vinculado a la constante búsqueda de poder, cuya trayectoria se inscribe plenamente en el aparato estatal y en la consagración de su vida a la política. Ello explica la facilidad con la que el presidente electo puede cambiar de partido, discurso o convicciones, amparado en una supuesta “inteligencia práctica” de lo político. Su historia inicia en el MIR de la democracia pactada, desempeñando funciones diplomáticas durante el gobierno de Banzer (1997-2002), para luego apoyar la gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada y resguardarse en el Parlamento durante la turbulenta transición que antecedió al gobierno de Evo Morales. Más tarde, se repliega al ámbito municipal en Tarija, donde sobrevive políticamente bajo el discurso de construir una “alternativa de izquierda” en 2014. Posteriormente, se reposiciona en el escenario nacional como senador y alcanza la presidencia acercándose a posiciones progresistas, incluso rechazando la injerencia del FMI. Sin embargo, bajo la consigna del “capitalismo para todos”, otorga un rostro social a la desregulación del mercado y a la contracción del rol del Estado en la economía, contradiciendo sus propias declaraciones. Finalmente, reedita las alianzas electorales de la democracia pactada, rescatando figuras del viejo orden neoliberal como José Luis Lupo, exministro de Jaime Paz, Banzer y Jorge Quiroga.

Esa habilidad, sumada a la acción política de su candidato a vicepresidente, Edmand Lara, logró captar el voto de los sectores populares de la sociedad que antes apoyaban al MAS-IPSP, utilizando a su favor la polarización política y apelando a la retórica de lo popular, aunque con una deuda pendiente: perdió la elección en su propio departamento.

Otro elemento a tomar en cuenta es su formación cristiana, que marca su brújula ética y otorga una genuina centralidad a su familia en su construcción; por eso Paz delegó en su familia directa (padre, hermano e hija) labores centrales de su campaña, sosteniendo hasta el final dichos roles en la estructuración, comunicación y articulación política y electoral.

Relación con EE.UU.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EE.UU. fue el  tema central de su primera semana como presidente electo; y sobre ello, es relevante tomar en cuenta los antecedentes políticos y familiares del Gobierno de Jaime Paz que pueden explicar la construcción mental e ideológica que hoy se asienta en el sillón presidencial.

Bajo la consigna del “capitalismo para todos”, otorga un rostro social a la desregulación del mercado y a la contracción del rol del Estado en la economía, contradiciendo sus propias declaraciones

En efecto, como todos los gobiernos neoliberales, el gobierno de Jaime Paz sostuvo una relación próxima con EE.UU. e incluso estrecha en términos personales con “Bush padre” con quien coincidió temporalmente como mandatario. Sin embargo el enfriamiento de las relaciones vino por un conjunto de denuncias que involucraron al gobierno, al entorno familiar y político de Paz con el narcotráfico.

En la década de los 90, se denunciaron vínculos con Isaac “Oso” Chavarría y Carmelo Domínguez, ambos investigados por narcotráfico. El proceso concluyó con una sentencia de cuatro años de cárcel para Oscar Eid Franco, jefe nacional del MIR, convocando a declarar a Samuel Doria Medina  y a las hermanas del expresidente Jaime Paz. Finalmente, años después la administración norteamericana castigaba al ex presidente Paz retirándole la visa, una acción sin precedentes para la época. Esto marcaría psicológicamente el temor y respeto del “mirismo” a las decisiones de Casa Blanca y seguramente hoy se constituye en un elemento condicionante para encarar la relación con el Departamento de Estado; siendo probable que no sea una relación horizontal, sino una extensión de la política exterior gringa en la región, o peor aún, lugarteniente del movimiento MAGA, no sólo porque confía en el respaldo de EE.UU. para solucionar la crisis económica y energética, sino además con el fin de redimir la historia familiar y partidaria.

Naturaleza de respaldo electoral

El último elemento a analizar, conectado con la cintura política de Paz para comprender Bolivia, guarda relación con su concepción de la cartografía política nacional; es decir, cómo se perciben las relaciones de poder de los actores, territorios, alianzas, rupturas y tensiones que configuran una coyuntura y realidad política. Esto es importante para  examinar cómo Rodrigo Paz logra el respaldo de sectores populares que fueron un factor condicionante de su paso a la primera vuelta y determinante en la victoria final.

Si bien la candidatura de Paz se pensaba como un horizonte posible por la crisis política que atravesaba el MAS-IPSP, el gobierno de Arce y el movimiento popular en Bolivia, nada parecía indicar que tenía más posibilidades que el resto de los candidatos del espectro de derecha. De hecho, su campaña fue austera no por decisión, sino porque el poder corporativo empresarial, institucional y mediático había cerrado filas en relación a otras candidaturas que, según las encuestas, encabezaban la preferencia electoral y relegaban a Paz al 5to lugar. Sin embargo, “la magia” sucedió porque Paz y Lara comprendieron que existía un electorado al que nadie le estaba hablando: el electorado popular.

En adelante, Rodrigo Paz tiene muchos hilos que ordenar para garantizar gobernabilidad

Dicho bloque electoral constituyó en gran medida la estabilidad política del gobierno de Evo Morales, pero con la crisis económica e institucional del gobierno de Arce y sin opciones electorales viables que lo representen, debido a la proscripción política del bloque popular, decidió votar por el binomio de PDC. Para llegar a ellos, Paz y Lara no se sumaron al discurso homogéneo que describía la crisis desde los indicadores macroeconómicos, sino desde las carencias que enfrentan las familias por la inflación, la falta de combustibles y la inestabilidad política.

Pero, ¿acaso eso significa que Paz tiene una sensibilidad de clase? Probablemente no. Lo más probable es que el linaje del pragmatismo político encontró una oportunidad histórica para llegar al gobierno empuñando la retórica popular de izquierda, pero continuará firmando con la derecha las decisiones de Estado.

En todo caso, en adelante tiene muchos hilos que ordenar para garantizar gobernabilidad:

  • Un vicepresidente que se sabe y se cree presidenciable, o como diría Benedetti: un vicediós ateo.
  • La ausencia de una estructura partidaria seria con operadores políticos que vinculen la gestión institucional con el territorio
  • Una Asamblea Legislativa fragmentada
  • Una relación distante con movimientos sociales y estructuras regionales con vocación de poder (movimiento campesino, minero, sectores urbanos en el Alto, poder corporativo regional de Santa Cruz)

Los tres primeros pueden solucionarse en una mesa. Pero los movimientos sociales y estructuras de poder regionales miden su fuerza en las calles y serán determinantes para la estabilidad política.

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