OpiniónPolítica

La educación sin ideología: el nuevo rostro del control

11 de noviembre de 2025
El nuevo presidente promete una educación “sin ideología” y “productiva”. Lo dice como si la ideología fuera un virus del que hay que purificar las aulas. Pero la educación, por definición, es ideológica: transmite valores, jerarquiza conocimientos, forma sujetos. No existe educación neutra. Decir que se eliminará la ideología es, en realidad, anunciar que solo quedará una: la del poder.
La educación no es un proceso técnico, es un acto político. Decide qué se enseña, cómo se enseña y a quién se le enseña. Elegir entre historia crítica o historia patriótica, entre pensamiento libre o repetición mecánica, es un acto ideológico. Cuando el poder promete neutralidad, en realidad está vaciando de contenido el pensamiento, reduciéndolo a un manual de instrucciones.
El discurso de la “educación productiva” es el viejo credo neoliberal vestido de modernidad: enseñar no para comprender el mundo, sino para servirle. Lo “productivo” se convierte en sinónimo de útil, y lo útil en sinónimo de rentable. Así, la educación deja de ser un derecho y se transforma en una herramienta de adaptación: se educa para que el sistema funcione, no para transformarlo.
Y mientras se proclama neutralidad ideológica, el presidente habla con una Biblia y un crucifijo a sus espaldas. No hay gesto más revelador. ¿Qué significa invocar a Dios desde un Estado que la Constitución declara laico? Significa reinstalar una moral religiosa como marco de verdad. Significa excluir toda diferencia: sexual, cultural, espiritual. Significa enseñar que el saber también tiene un dueño.
El laicismo no es una amenaza; es una garantía de libertad. Pero lo que se proyecta desde el poder es una vuelta al tutelaje moral: una educación vigilada por la fe, domesticada por la productividad y despojada de pensamiento crítico. Esa es la trampa: un sistema educativo que ya no enseña a pensar, sino a obedecer.
La educación “sin ideología” es la antesala del pensamiento único. Una escuela que no debate ni contradice es una fábrica de conformismo. Y cuando el Estado educa para producir y no para pensar, lo que está formando no son ciudadanos, sino engranajes.
Nos dicen que habrá una educación sin ideología, pero en el fondo nos están diciendo que no habrá educación.
Por Andrés Mallo Sandoval
Banner Alcaldia Tarija

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba