Opinión
La cocaína invisible
11 de junio de 2026
Sandro Velarde Vargas
La cocaína boliviana tiene una extraña costumbre: siempre termina apareciendo donde nadie la espera. Esta vez apareció escondida entre madera. Disfrazada de árbol.
Más de cien toneladas fueron descubiertas en el puerto de Arica. La noticia cruzó la frontera y de regreso cayó sobre Bolivia como esas cartas que uno preferiría no abrir. Porque detrás de un cargamento de esa magnitud ya no hay una banda criminal. Hay una industria.
Ocho mil millones de dólares. La cifra atribuida al valor de la droga decomisada es tan grande que resulta incómoda. Equivale a una porción considerable de la economía nacional. Demasiado dinero para esconderlo debajo de la alfombra.
Sin embargo, Bolivia mantiene con el narcotráfico una relación peculiar.
Todos saben que existe. Nadie parece verlo.
La droga no construye discursos políticos, pero mueve camiones, financia operaciones logísticas, alquila galpones, compra silencios y encuentra caminos donde el Estado asegura que existen controles.
Por eso resultó tan llamativa la conferencia de prensa del ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo. El Tuco Oviedo para los que se acuerdan del MIR, afirmando que “aún no recibió informes periciales oficiales de las autoridades chilenas sobre el contenido exacto del cargamento”. El ministro tendrá que esperar sentado.
Mientras el país intentaba comprender cómo semejante volumen de cocaína llegó hasta un puerto chileno, el ministro anunció la creación de una comisión internacional de investigación.
La propuesta sonó solemne. Incluso razonable. Lo extraño fue aquello que no dijo, que alguien debería explicar lo sucedido en Bolivia.
¿La droga salió del territorio nacional o no? La pregunta parece sencilla, pero sigue sin respuesta.
No hubo una explicación concluyente sobre el origen de la mercancía, la ruta utilizada, los controles atravesados ni las responsabilidades comprometidas. Parece que las conferencias de prensa de los ministros se parecen cada vez más a las de Rodrigo Paz: hablan de todo, menos de lo más importante y al final no dicen nada.
La cooperación internacional fue anunciada antes que la reconstrucción de los hechos. Y así, el país asistió a una escena que parece repetirse con demasiada frecuencia: las instituciones investigan aquello que todavía no logran explicar.
Sin embargo, la cocaína no apareció por generación espontánea en Arica. Alguien la produjo. Alguien la cargó. Alguien la transportó. Alguien la dejó pasar. Y alguien obtuvo ganancias extraordinarias en el proceso. Porque cien toneladas no representan una operación clandestina improvisada, representan logística, Infraestructura, financiamiento, contactos, representación y organización. Y también representan una incómoda pregunta sobre la capacidad real del Estado para controlar aquello que circula dentro de sus propias fronteras.
Durante años la discusión pública redujo el narcotráfico a una fotografía rural: cocales, laboratorios escondidos y avionetas perdidas en la selva. ¿se acuerdan de los pisa coca?
Lo descubierto en Arica pertenece a otra categoría: Es comercio internacional, es transporte de carga, es economía global. Es narcotráfico con documentos. Contradiciendo a “Los rodríguez” y al Calamaro.
Por eso el problema excede a este gobierno y también a los anteriores.
La droga lleva décadas atravesando administraciones, partidos, ideologías y discursos: sobrevive a todos. (Incluso Hollywood hizo una película en los ´80 donde se representa a Roberto Suarez, por entonces el Rey de la cocaína) Hoy se adapta mejor que cualquier programa económico. Y mientras los gobiernos cambian de relato, ella sigue exportando.
La pregunta ya no es si Bolivia debe sentirse ofendida cuando desde el exterior observan con preocupación el crecimiento del narcotráfico.
La pregunta es mucho más incómoda.
¿Cómo pudo construirse una estructura capaz de mover semejante volumen sin que nadie advirtiera nada? O peor aún: ¿Cómo se pudo edificar a la vista de todos?
Quizá por eso la imagen más reveladora de esta historia no sea la montaña de “madera” incautada en Arica.
Quizá sea aquella conferencia de prensa en la que se anunció una investigación internacional antes de responder la pregunta fundamental.
De dónde salió.
Porque a veces lo más importante en una declaración oficial no es lo que se dice: Es lo que se evita decir.



