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Entre la hagiografía y la propaganda: La batalla por el alma de la historia estadounidense

16 de julio de 2025
Tardé mucho en escribir esto, porque tardé en leer el trabajo de Mary Grabar, quería escribirlo y terminarlo para el 4 de julio, hoy ya es 9 de julio. Mi interés con EEUU redunda en su historia, gracias a Zinn y la geopolítica.
Pero a más de un cuarto de siglo del inicio del nuevo milenio, y a más de cuatro décadas de su publicación original, Una historia popular de los Estados Unidos de Howard Zinn sigue siendo una fuerza ineludible en el panorama cultural y educativo de la nación. No es simplemente un libro; es un fenómeno, un rito de iniciación para generaciones de estudiantes y un catalizador permanente del debate sobre la identidad estadounidense. Este debate se intensificó con la publicación en 2019 de Debunking Howard Zinn de Mary Grabar, un ataque frontal que no solo cuestiona el sesgo de Zinn, sino que lo acusa de deshonestidad académica y falsificación deliberada para promover una agenda anti-americana. En el centro de esta colisión historiográfica se encuentra una lucha por el alma de la historia de Estados Unidos, una batalla que se libra no solo en las aulas, sino en la «conciencia colectiva» en lo que la gente piensa que pasa en EEUU.
El punto más fuerte y defendible de Howard Zinn es su premisa fundamental: la historia no debe ser el monopolio de los vencedores.
En su epílogo, Zinn declara su intención de forma explícita de ofrecer un contrapeso a la narrativa dominante: “He estado escribiendo una historia que intenta representar su interés común, sumergido y desviado [del 99 por ciento]… Enfatizar la comunidad del 99 por ciento, declarar una profunda enemistad de intereses con el 1 por ciento, es hacer exactamente lo que los gobiernos de Estados Unidos… han intentado evitar por todos los medios” (Zinn, p. 594). Esta postura, aunque abiertamente posicionada, es un correctivo legítimo a la historiografía que a menudo minimizaba las voces de los trabajadores, las mujeres, los pueblos indígenas y los afroamericanos. Zinn obligó a la academia a confrontar narrativas de conflicto y opresión que coexistían con la historia de progreso, insistiendo en que casos como la masacre de los indios Pequot o las rebeliones de esclavos son centrales, no periféricos, para entender a Estados Unidos.
Uno de los casos históricos más potentes que Zinn presenta es la contradicción inherente a la fundación de la nación. Él subraya que la élite que lideró la Revolución Americana, redactando la Declaración de Independencia y la Constitución, incluía a un número significativo de esclavistas. Zinn señala que de los 55 delegados en la Convención Constitucional, al menos 25 eran esclavistas, y que más de 40 de los 56 firmantes de la Declaración poseían esclavos. Esta yuxtaposición de la retórica de la libertad con la práctica de la esclavitud es un argumento poderoso que obliga al lector a lidiar con la complejidad moral de hombres que fueron, simultáneamente, visionarios de la libertad y partícipes de un sistema brutal de opresión. Zinn sostiene que «el hecho de que los rangos inferiores estuvieran involucrados en la contienda no debe ocultar el hecho de que la contienda en sí misma fue generalmente una lucha por el poder y los cargos entre miembros de una clase alta» (Zinn, p. 87).
Quizás el área donde el análisis de Zinn ha tenido un impacto más profundo es en su interpretación de la política exterior estadounidense. Para él, no es una serie de respuestas a amenazas externas, sino el motor de un imperio económico. Desde la Guerra Hispano-Estadounidense hasta la “Guerra contra el Terrorismo”, argumenta que cada intervención militar ha estado motivada por los intereses de las élites corporativas. En su crítica a la Segunda Guerra Mundial, la “guerra buena”.
Zinn plantea una pregunta devastadora: “Con la derrota del Eje, ¿desaparecieron los ‘elementos esenciales’ del fascismo —militarismo, racismo, imperialismo—? ¿O fueron absorbidos por los huesos ya envenenados de los vencedores?” (Zinn, p. 377). Su descripción de la guerra de Vietnam como una lucha donde «tecnología moderna organizada contra seres humanos organizados, y los seres humanos ganaron» (Zinn, p. 438), resume su visión del imperialismo estadounidense como una fuerza inherentemente destructiva y, en última instancia, vulnerable.
Mary Grabar, en su intento de «desacreditar» a Zinn, demuestra que el capítulo de Colón es, en gran parte, una reescritura del libro de Hans Koning, Columbus: His Enterprise. Más grave aún es su exposición de la manipulación de fuentes primarias. Grabar restaura el contexto de la famosa cita del diario de Colón sobre los «sirvientes», demostrando que Zinn las edita para que se ajusten a su narrativa. Al omitir la parte en que Colón nota que los Arawak son atacados por otros pueblos, Zinn convierte una observación sobre su vulnerabilidad en un plan de esclavización premeditado. Esta crítica no es ideológica, es una defensa de los estándares académicos básicos. Zinn no está simplemente «interpretando»; está fabricando.
Sin embargo, el libro de Grabar está construido sobre una premisa defectuosa: la descalificación ad hominem.
Su argumento central es que Zinn era un comunista, y por lo tanto, su historia debe ser rechazada. Grabar presenta la postura de Zinn como una máscara para su verdadera agenda, pero al hacerlo, cae en la misma trampa, ya que reemplaza el análisis histórico con la descalificación ideológica. Su propio libro se convierte en una contra-narrativa que es tan monolítica en su celebración de Estados Unidos como la de Zinn lo es en su condena. No ofrece matices, sino una hagiografía que ignora las críticas legítimas que Zinn, a pesar de sus fallas, puso sobre la mesa. Su análisis de la política exterior, por ejemplo, defiende las acciones de EE.UU. como nobles luchas contra el comunismo, minimizando las complejidades y las motivaciones económicas que los propios documentos gubernamentales, como los Papeles del Pentágono, revelan.
No es de extrañar que este conflicto haya llegado a las escuelas. Desde la década de 2010, ha habido esfuerzos concertados en estados como Indiana y Arkansas para prohibir Una historia popular en el currículo escolar. Un exgobernador de Indiana, lo llamó «una pieza de desinformación anti-factual que falsea la historia estadounidense en cada página». Estos intentos de prohibición, sin embargo, a menudo han resultado contraproducentes, generando una defensa apasionada del libro por parte de profesores y aumentando sus ventas. La razón de la persistencia de Zinn, a pesar de sus evidentes fallas, es que responde a una necesidad genuina. Los estudiantes, especialmente, son agudamente conscientes de la brecha entre la narrativa cívica idealizada que se les enseña y la realidad de la injusticia y la desigualdad que ven a su alrededor.
Hoy, ya 9 de julio de 2025, XD, la batalla por la historia estadounidense sigue sin resolverse. Howard Zinn usó una narrativa teleológica y sus conclusiones sí fueron modeladas por su ideología. Mary Grabar ha hecho un servicio al documentar meticulosamente estas fallas. Sin embargo, Grabar tampoco es la historiadora objetiva que pretende ser. Su obra es una reacción política que, al final, no logra ofrecer una visión más completa o matizada. La solución no es prohibir a Zinn, sino enseñar a leerlo críticamente, junto con sus críticos. La historia de Estados Unidos no es la saga heroica de Grabar. Es una historia mucho más compleja, es una lucha constante entre los ideales declarados en sus documentos fundacionales y la a menudo brutal realidad de su búsqueda de poder y riqueza. Es la historia de un «pueblo» que no es una masa homogénea, sino un conjunto diverso de individuos que han luchado, cooperado, traicionado y soñado, a menudo todo al mismo tiempo, que para nada se limita dentro de sus fronteras, ya que han intervenido militarmente y por otros medios conocidos fuera, con consecuencias negativas.
Por: Ricardo Alonzo Fernández Salguero
Artículo publicado originalmente el 9/7/25
Referencias
Grabar, M. (2019). Debunking Howard Zinn: Exposing the fake history that turned a generation against America. Regnery History.
Zinn, H. (2003). A people’s history of the United States: 1492-present. HarperCollins.
Nota: Hice un resumen capítulo por capítulo en inglés y en español del libro de Howard Zinn, me pareció muy bueno, entiendo que hoy existe una defensa muy abultada del libro, entiendo que se debe a que, Howard Zinn escribe muy bien, los historiadores que lo defienden, defienden sus interpretaciones que en su mayoría son acertadas, obviamente mucho más de lo que Mary Grabar estará de acuerdo en conceder.

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