Opinión

EL RETORNO DEL MALLKU

29 de mayo de 2026
En 2020, Felipe Quispe fue testigo de la crueldad de un gobierno que en menos de tres meses no solo le disparó a su gente, sino que no pensaba irse. El gobierno de Jeanine Añez debía finalizar su gestión en marzo, pero luego, por la pandemia, se extendió su gobierno. La pandemia y la incertidumbre de su mandato eran dos castigos con lo que los bolivianos vivíamos.
Entonces Felipe decidió, a pesar de los años encima, encaminar una lucha por la renuncia de Jeanine Añez y por una fecha para las elecciones presidenciales. Recorrió comunidades rurales para hablarle en aymara a las tías y a los tíos. Si antes usaba su voz de comando, esa vez eligió una voz más tranquila, la voz de un líder que explica a sus hermanos una situación que hoy, si estuviera vivo, explicaría también, porque son muy parecidas:
Yo no pertenezco al MAS, pero me aprietan los zapatos.
La ira me domina, porque nos insultan de mil maneras.
«Indio.»
«Indio de mierda.»
«Indio ignorante.»
Vayan a ver lo que dicen de nosotros en las redes sociales.
Ellos comen y beben gracias a nosotros, carajo.
Gracias a estas manos, a esta tierra, a esta gente.
Y aun así nos llaman así.
Eso es lo que me hierve la sangre.
No son gente de aquí,
no conocen esta tierra, no la han trabajado.
Por eso hoy los invito a todos a levantarnos,
hasta las últimas consecuencias.
Que esa mujer renuncie.
Que salga de palacio.
Los campesinos salieron a bloquear. Las marchas se masificaron. Y aun así, las movilizaciones fueron atribuidas a Evo Morales y al narcotráfico. Pero era el rostro duro de Felipe el que encabezaba las protestas y los cabildos. Y su nombre «¡Mallku! ¡Mallku!» volvió a resonar en los campesinos, en los ciudadanos, en todos.
Felipe se alió con el dirigente minero Orlando Gutiérrez. Juntos tomaron los caminos e instalaron un bloqueo de carreteras a nivel nacional en agosto. Felipe no confiaba en el masismo, menos en Evo Morales, pero supo articular al sector de los Túpac Katari con otros sectores populares, rurales y urbanos. Todo lo que el MAS había fracturado en su proceso político, el Mallku supo costurarlo.
Tras la negociación de la fecha electoral para el 18 de octubre, los sectores masistas quisieron replegarse. El Mallku tenía razón: no se puede confiar en los masistas. Felipe quería llevar la lucha hasta las últimas consecuencias, pero era inteligente, sabía que solo con el sector campesino no podía sostenerlo y con el MAS de aliado, todo era dudoso. Aceptó. Y el MAS, fiel a su historia de oportunismo, no le agradeció ni a él ni a Orlando Gutiérrez.
El Mallku no era solo fuerza, era inteligencia. Sabía hasta dónde tensar la lucha y hasta dónde soltarla. La historia le había enseñado.
«Si yo hubiera sido un loco, hubiera llevado a un enfrentamiento, quizás hubiéramos ido a una carnicería», le contó a Jimena Costa en una entrevista.
Hablaba del cerco del año 2000, cuando campesinos bloquearon contra el gobierno de Bánzer por la anulación de la Ley INRA. Había fuerza, había convicción en ese momento. Y precisamente por eso, sabía el riesgo de no conducirla bien.
¿A dónde quiero llegar con todo esto?
La radicalidad sin inteligencia se dispersa y cuando se dispersa, se vuelve incontrolable.
Si el Mallku viviera hoy, estoy segura de que querría la renuncia de Rodrigo Paz, pero no la pediría en una situación de desventaja, donde los liderazgos son tan frágiles, las alternativas tan escasas, el parlamento en contra, las FF. AA. a punto de salir. Porque eso es lo que diferenciaba a Felipe: no solo sabía encender la lucha, sabía también cuándo y cómo conducirla y apagarla.
¿Mario Argollo, Vicente Salazar o Nilton Condori son líderes? Quizá sí, pero les falta solidez e inteligencia… como al gobierno. No hay estrategia, no hay visión y no hay estructura en ellos. Tenemos la fuerza para movilizarnos. El corazón está, el ímpetu está. Pero si esa fuerza no se conduce con inteligencia, somos solo un río desbordado, poderoso, sí, pero desbordado.
Algunos analistas hablan de cogobierno entre los movilizados y Rodrigo Paz como solución. ¿En serio? ¿Gobernar con gente tan inepta? No. Que el gobierno de Rodrigo Paz continúe, que gobierne con los empresarios, con la élite política de derecha, que se equivoquen solos, que se descarten, que se anulen. Que la derecha pague el costo de su propia mediocridad.
Los evistas, ex masistas y wrevolucionarios de ocasión están extasiados con estas movilizaciones. Apoyan las marchas con canciones de Silvio Rodríguez de fondo en sus videos de TikTok y se sienten parte, pero son cortoplacistas. No piensan más allá del momento. Los aymaras no somos así. No deberíamos, al menos.
Y la derecha y la clase media que defiende a Rodrigo Paz son personas que toda la vida van a pensar que no somos más que pagados, porque su mundo político comienza y termina en Evo Morales. Sin él, la política les resulta inexplicable y no quieren explicársela, porque pensar sin Evo es un reto mental que no están dispuestos a enfrentar. No perdamos tiempo en ellos.
Un Felipe Quispe miraría con ojo de águila (o de cóndor) el momento propicio para mostrar la fuerza de su gente, ¿por qué desgastarlos ahora cuando el gobierno no va a renunciar, pero además cuando ya ha demostrado que es tan débil? Ya no se trata sobre si debe renunciar o no, se trata de que este gobierno se está hundiendo por sí solo. Este gobierno es frágil, es escuálido y torpe. No hay que gobernar con ellos, más bien hay que distanciarnos, no es nuestro gobierno, hay que aclararlo. Pero hay que enfrentarlos y otorgarle legitmidad a nuestra confrontación, porque es real que el gobierno es negligente, la gente ya lo sabe. No hace falta insistir.
Hay una lucha hoy y una lucha pendiente. Tenemos cuatro años para organizarnos, para construir liderazgos reales, para asumir nuevos discursos, para fiscalizar, para concentrarnos en el siguiente oponente que no será Rodrigo Paz. Y para entender que si esta derecha cae, caerá con todo lo que defiende y con toda la gente que es fiel a su clase. Ahí, nosotros debemos mostrar las alternativas, porque la derecha sólo tiene recetario viejo.
Ninguno de nuestros líderes tiene la sabiduría de Felipe. Nadie conoció más a su pueblo que él, pero su legado no es solo histórico, debe ser una brújula y hoy, más que nunca, la necesitamos. Hoy debe retornar Felipe. Hay que saber hasta dónde es el límite.
Si el gobierno no tiene la sabiduría para enfrentar esta crisis política, debemos tenerla nosotros.
Quya Reyna

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