1 de junio de 2026
Veamos el contundente mensaje del maestro Al-Azar en su periódico digital Ají Colorado. No cuestiona el diálogo como mecanismo democrático, sino el uso instrumental del diálogo por parte del gobierno. Su planteamiento sugiere que cuando un gobierno convoca a dialogar en medio de una crisis, pero sin voluntad real de modificar decisiones, atender demandas o asumir responsabilidades, el diálogo deja de ser una herramienta de solución y se convierte en una estrategia de contención.
Él diálogo es solo una simulación. Es decir, reuniones, mesas de trabajo, declaraciones y fotografías oficiales que generan una apariencia de apertura, mientras los problemas estructurales permanecen intactos. En esa lógica, el objetivo ya no sería resolver el conflicto, sino administrar el tiempo político, dividir a los movilizados, desgastar la protesta y reducir la presión social.
Al-Azar parece advertir que existe una diferencia fundamental entre negociar y dilatar. Cuando la ciudadanía percibe que las convocatorias al diálogo no producen resultados concretos, la palabra pierde legitimidad y termina asociándose con maniobras políticas. Ese es el corazón de su crítica.
En medio de escasez de combustibles, inflación, conflictos sociales, bloqueos y una fuerte polarización política, el mensaje adquiere mayor relevancia porque interpela una sensación presente en amplios sectores de la población, la idea de que las autoridades privilegian la gestión de la crisis antes que su resolución.
En suma, el diálogo se utiliza para evitar las soluciones. La «trampa» que denuncia no sería la conversación democrática, sino la utilización del discurso dialogante como mecanismo para preservar el statu quo mientras la crisis continúa agravándose.
Ese es el golpe político de su mensaje, cuestionar la credibilidad del gobierno cuando las palabras ya no coinciden con los resultados.
Koba Milenaria



