Política
El debate de los guiones agotados: Retórica vacía en la carrera electoral
28 de julio de 2025
El debate vicepresidencial en Unitel no ofreció un nuevo horizonte para Bolivia, sino la confirmación de una parálisis política inquietante. Lejos de ser un ejercicio de propuestas, el encuentro se convirtió en la puesta en escena de cuatro guiones predecibles y desgastados. Unitel lo titula como un «Gran debate» pero bueno… Cada candidato interpretó un papel (el innovador, el justiciero, la defensora social y el tecnócrata), pero todos terminaron atrapados en sus propias contradicciones, recurriendo a un arsenal de falacias lógicas para maquillar la ausencia de soluciones coherentes. El resultado fue un eco de debates pasados, sin propuestas robustas, se repitieron falacias que ya vimos antes, sin embargo sirven para aprender sobre falacias, falencias y errores, para identificarlas mejor.
Juan Pablo Velasco asumió el rol del disruptor digital y el outsider generacional, prometiendo «actualizar» el país con una varita mágica tecnológica. Su propuesta de «gobernabilidad digital» representa una clásica falacia de la solución simple, al sugerir que problemas políticos profundamente arraigados como la fragmentación y la falta de consenso pueden resolverse con una simple capa tecnológica. Al ser presionado en temas de fondo, su guion se desmoronaba, no respondía directamente, recurriendo a generalidades o a desviar la atención con ataques personales, demostrando una notable falencia para articular un plan más allá del eslogan. Su mayor incoherencia, sin embargo, fue presentarse como «lo nuevo» mientras comparte fórmula con una de las figuras más emblemáticas de la política tradicional que su propio discurso critica.
Juan Carlos Medrano encarnó al justiciero implacable, con un discurso de mano dura y populismo punitivo. Su principal recurso retórico fue el ataque ad hominem, una táctica que busca descalificar a la persona en lugar de refutar su argumento. Para él, sus rivales no eran adversarios con ideas distintas, sino «socialistas» o cómplices de oscuros intereses, ya llamar a alguien «socialista» parece ser más flatus vocis (hacer ruido con la boca). Cuando se vio acorralado por cuestionamientos específicos, empleó la falacia del arenque rojo, desviando la conversación hacia la corrupción del MAS para evadir su propia responsabilidad. Su promesa de «mandar al ejército con balas» es un claro ejemplo de la apelación a la fuerza, donde la amenaza sustituye al razonamiento, una postura que choca frontalmente con la labor de construcción de consensos que exige la vicepresidencia.
Mariana Prado, se erigió como la defensora del modelo social y la memoria histórica del MAS. Su estrategia se centró en crear un falso dilema, polarizando el debate entre su proyecto «popular» y un solo bloque de «derecha» al que atribuyó todos los males. Su defensa del modelo se basó en la falacia de apilar las cartas, más conocida como cherry-picking, al resaltar selectivamente los indicadores positivos de la época de bonanza mientras omitía deliberadamente el despilfarro, la corrupción y el agotamiento de las reservas que condujeron al desastre actual. Su negativa sistemática a responder preguntas sobre Evo Morales o a realizar la más mínima autocrítica reveló una estrategia de evasión que anula cualquier pretensión de renovación, dejándola como guardiana de un legado en lugar de arquitecta de un futuro.
José Luis Lupo quiso interpretar el papel del tecnócrata experimentado y la voz de la sensatez. Buscó proyectar una imagen de seriedad y racionalidad, criticando la improvisación de sus rivales. Sin embargo, su principal argumento fue una constante apelación a la propia autoridad, justificando la validez de sus ideas en su experiencia en organismos internacionales en lugar de un desarrollo técnico convincente. Su defensa fue débil ante los ataques políticos, y su intento de aclarar la alianza de su candidato con Jeanine Áñez fue un sofisma que debilitó su credibilidad. La contradicción más flagrante reside en su propio binomio, pues su enfoque «técnico» y de largo plazo choca con la promesa populista de su candidato presidencial de resolver la crisis en «100 días».
Lo que ya sabemos de ellos, y otra vez lo pongo, porque si ellos repiten falacias, no veo razones para no hacerlos y es que hay que insistir, es que no hay propuestas, hay pseudopropuestas, para que una propuesta sea auténtica, ha de cumplir los siguientes criterios:
1. basamento fuerte en evidencia, debe respaldarse en metaanálisis,
2. debe construir a partir de lo primero modelos contextualizados,
3. crear miles de escenarios sensibilizando todas las variables y
4. mostrar sus limitaciones y suposiciones.
Ningún candidato lo hace, sus electores tampoco lo exigen. El problema al que nos enfrentamos, una crisis, no se resuelve con pseudopropuestas.
El ejercicio, sin embargo, es útil para aprender de las falacias, falencias y errores.

Por: Ricardo Alonzo Fernández Salguero



