EE.UU. gobierna la Argentina
13 de noviembre de 2025
Carlos Escudé fue un diplomático de la Argentina e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Ocupó un rol fundamental en la gestión del ex canciller, Guido Di Tella, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem (8 de julio de 1989 al 10 de diciembre de 1999) y se especializó, entre otras cuestiones, en las relaciones exteriores de la República Argentina con las potencias como Estados Unidos.
Durante su participación en la Cancillería, su entonces jefe Di Tella, inauguró aquello que acuñó como “las relaciones carnales” entre Argentina y EE.UU.
En esos momentos, Menem había dado un giro en el sesgo capitalista, ideado puertas adentro del Movimiento Peronista que lo llevó al poder tras la debacle inflacionaria del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín (10 de diciembre de 1983 al 8 de julio de 1989).
En Washington gobernaban los halcones conservadores encabezados por George H. W. Bush (1924/2018). Al darse cuenta de la caída del Muro de Berlín, el final de la Guerra Fría con la Unión Soviética y el auge del criterio neoliberal en EE.UU, Menem le entregó la economía de la Argentina a la multinacional Bunge&Born y después se convirtió en el principal aliado de Bush en América Latina.
Rivalizaba fuertemente con Fidel Castro y la Revolución Cubana, pese a que en los años ’70 había actuado cerca y diplomáticamente con sectores de la Tendencia cercanos a la agrupación guerrillera de extracción peronista, Montoneros.
Aunque como suele recordar el escritor y periodista argentino, Jorge Asís –quien fuera representante ante la UNESCO y embajador político e intelectual orgánico del menemismo originario-, Menem fue víctima de la dictadura genocida que lo mantuvo preso primero en un barco y después en la provincia de Formosa.
Menem le entregó la economía de la Argentina a la multinacional Bunge&Born y después se convirtió en el principal aliado de Bush en América Latina
O sea: el liberalismo menemista llegó después del dolor del protagonista, familiares y amigos. Lo cual no exculpa a Menem del abrazo con el Almirante de la Armada, Isaac Francisco Rojas –responsable del bombardeo y del asesinato de argentinos antes del golpe a Juan Domingo Perón en 1955- y de la alianza con Álvaro Alsogaray y su hija María Julia en 1989.
El pragmatismo de Menem para visualizar el mundo de su época lo hizo reconvertirse al extremo y adoptar la doctrina económica y geopolítica de la década del ’90, que venía de la caída del proceso soviético y al acceso al poder de los sectores dominantes de EE.UU.
Esos intereses estaban conectados con la comunidad de Inteligencia, la venta de armas, la minería, la explotación petrolera, los recursos naturales, el control de los alimentos, las patentes de los medicamentos y la intervención en el Tercer Mundo en base al poderío militar y la usura de la deuda externa.
Para ello usaron los organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). Todos dominados por la mano de EE.UU. Escudé realizó un libro monumental que dialoga y tensa el debate ideológico sobre esa época con otra obra voluminosa y fundamental.
El trabajo de Escudé, quien en enero de 2019 recibió por varias horas al autor en su piso de la Avenida Santa Fe en la zona más exclusiva de los barrios Norte y Recoleta, se enfrenta a la “Historia de la deuda externa argentina”, escrito por el historiador Norberto Galasso, de 89 años.
El tomo XV de la “Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina” contiene capítulos actualizados por la deriva libertaria capitalista reinante: “las relaciones carnales”, “los vínculos políticos con las grandes potencias 1989-2000″.
Las casi 600 páginas de documentos reveladores que estudió como nadie Escudé –un intelectual crítico de la persecución política a líderes opositores y humanista confeso hasta su muerte el 1 de enero de 2021- explica la posición de Argentina en la era menemista.
El trabajo de Escudé se enfrenta a la “Historia de la deuda externa argentina”, escrito por el historiador Norberto Galasso
Galasso, por su parte, hace foco en “la banca Baring y en la vuelta al FMI” durante el gobierno de Mauricio Macri (10 de diciembre de 2015 al 10 de diciembre de 2019).
En las 407 páginas del libro de Galasso aparecen los apellidos Martínez de Hoz, Rockefeller, Kissinger y Rivadavia, entre otros. Éste último personaje está relacionado con el primer empréstito que tomó el país, representado por la provincia de Buenos Aires, adeudándose en un millón de libras esterlinas. El dinero se utilizó para supuestas obras de infraestructura y para financiar la Guerra con Brasil.
¿Cómo terminó Bernardino Rivadavia? Exiliado y muerto en Cádiz. De él sobrevive la calle más extensa de la ciudad de Buenos Aires.
Ahora bien, ni Escudé ni Galasso imaginaron jamás que EE.UU. podía gobernar la Argentina por medio de una plataforma virtual con mensajes dirigidos al mercado de capitales y al poder fáctico del Río de La Plata.
Mientras en el territorio estadounidense se produce una cacería inhumana en tiempo real, en América Latina se pretende asaltar la soberanía de los pueblos con portaaviones y barcos nucleares
Para colmo, el secretario del Departamento del Tesoro, Scott Bessent se ha convertido en una extraña mezcla de los fantasmas espectrales del inglés John Ponsonby y el Spruille Braden, pero con una impudicia nunca vista en la historia de las relaciones diplomáticas ni en el desarrollo de la geopolítica.
El gobierno ultraconservador de Donald Trump persigue a padres trabajadores y madres desesperadas con una Gestapo propia llamada Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Es decir, mientras en el territorio estadounidense se produce una cacería inhumana en tiempo real, en América Latina se pretende asaltar la soberanía de los pueblos con portaaviones y barcos nucleares que rodean a Venezuela, amenazan a Colombia, festejan el triunfo de los admitidos neonazis de Bolivia y son el único y principal apoyo del laboratorio libertario que convirtió a la Argentina en el pueblo de Grafton.
Un país sin consumo interno y escasa participación de la clase trabajadora en el PIB. Con salarios, pensiones y jubilaciones a la baja en nombre del déficit cero y una creciente y preocupante destrucción del tejido social que crece con la miseria y la pérdida de derechos adquiridos con el primer Peronismo en 1945.
Javier Gerardo Milei, su hermana Karina Elizabeth y los ministros Luis Caputo, Federico Sturzenegger y Patricia Bullrich Luro Pueyrredón tienen el objetivo de desmantelar la patria que conocimos desde 1983.
Este relato de la libertad de morirse de hambre, sin acceso a los alimentos básicos, los medicamentos, los tratamientos medicinales y el corrimiento y desguace del Estado, viene acompañado de la llegada del embajador de EE.UU, Peter Lamelas. Un personaje curioso.
Según la página oficial de la embajada en Buenos Aires, Lamelas sería un filántropo adorable que con su esposa busca la felicidad de los huérfanos y la brillantez del cosmos. Sucede que la realidad es más compleja que las gacetillas de prensa que hoy llegan por Internet y que muy pocos leen con detenimiento, acostumbrados a Tiktok y a la idiotez como reglamento deshumanizante.
Fugado de su Cuba natal, el señor embajador Lamelas se hizo rico en La Florida con sus empresas de salud privadas. En Cuba la salud es gratuita para los ciudadanos de ese país. En Argentina hay hospitales públicos nacionales y el valor de la salud está arraigado en la sociedad que apoya a los médicos, médicas y enfermeras del Hospital Pediátrico Garrahan, perseguidos y hostigados por el libertarismo en su máquina de la crueldad.
Antes de presentarse ante el flamante canciller argentino que tiene el único mérito de haberse ido del país para educarse en Pensilvania, EE.UU., y trabajar toda su vida en la banca foránea como el J.P. Morgan, Lamelas dijo en el Congreso de su país venía a luchar contra China y hacer cumplir las condenas contra la principal líder de la oposición presa y proscripta, Cristina Fernández de Kirchner.
Justo antes de que la Suprema Corte de Justicia avalara la pena de convertirla a proscripta de por vida, EE.UU. anunció que le quitaba el derecho a visa. La métrica de los buenos músicos es aparentemente invisible, pero está presente en los hechos y sus circunstancias.
El canciller, Pablo Quirno intentó fanfarronear con la historia de un familiar suyo que habría votado por la Independencia del Reino de España en el Río de La Plata. Falso. Resultó que el pariente de Quirno, comerciante y presuntamente contrabandista, votó a favor del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
¿Qué quieren comunicar los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders y los actores Robert De Niro y Morgan Freeman? Nada menos que EE.UU. está perdiendo su calidad democrática
Algo semejante sucede con el staff libertario. Casi todos provienen de las filas del J.P. Morgan o de la especulación financiera. Ninguno se sonrojó cuando Bessent declaró que su país compró pesos argentinos baratos –para cual intervino en el Banco Central- e influyó en el precio del dólar para sostener al gobierno de los Milei.
Los reportajes televisivos a Bessent se han convertido en una tendencia publicitaria de la difusión orgánica de la oposición estadounidense. ¿Qué quieren comunicar los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders y los actores Robert De Niro y Morgan Freeman? Nada menos que EE.UU. está perdiendo su calidad democrática.
La protesta incluye a los escritores y representantes de la cultura. Stephen King comparó a Donald Trump con sus más horripilantes monstruos de la ruindad. Sería algo así como esos adolescentes que torturaban a Duddits hasta que fuera rescatado por sus amigos con un propósito del bien.
El 29 de septiembre pasado, Javier Gerardo Milei decretó que fuerzas militares de Estados Unidos estaban habilitadas para realizar ejercicios en tres bases navales de Argentina: Ushuaia, Puerto Belgrano –sur de la provincia de Buenos Aires, cerca de Bahía Blanca- y Mar del Plata.
El lobby de EE.UU. para tener una base en la provincia de Tierra del Fuego y de esa manera controlar el Estrecho de Magallanes hacia el Pacífico, además de dominar la zona en disputa con Inglaterra y Chile por el control del territorio soberano de la Argentina sobre las Islas Malvinas y la Antártida está a la vista desde las declaraciones públicas de la ex jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson.
A EE.UU. le interesan mucho los recursos naturales de la Argentina, las tierras raras, el uranio, el litio, el oro, cobre, la pesquería, el fondo del Atlántico Sur para proyectos energéticos, petróleo convencional y no convencional en la Patagonia austral y en Vaca Muerta cerca de la Cordillera de los Andes bajo el objetivo principal de adueñarse del recurso estratégico y explotarlo financieramente con sus propias multinacionales criptográficas, la capacidad para producir commodities, alimentos esenciales y la reserva de agua dulce desde el Acuífero Guaraní a los glaciares del Sur.
Vienen por la vida.




