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Debate público y acoso en redes sociales. Una reflexión necesaria

El ciberacoso tiene mayor prevalencia en mujeres que en hombres, y la forma más frecuente experimentada es mediante identidades falsas. Las víctimas más frecuentes son mujeres jóvenes y una de sus principales consecuencias “es el efecto ‘aleccionador’

15 de julio de 2025

Hace tiempo que las redes sociodigitales se convirtieron en una tribuna importante para el debate político y la disputa ideológica. Este fenómeno obedece tanto a la gran cobertura que han alcanzado, como a su carácter ubicuo y, especialmente, a la posibilidad de un intercambio horizontal entre usuarios donde nuevas voces emergen. Así, a diferencia de lo que sucede con los medios tradicionales, en las redes sociodigitales “cualquiera puede opinar”, ciudadanos comunes pueden entablar un diálogo con autoridades o personajes públicos, lo cual parece dotarlas de una mayor apertura democrática, si bien sabemos que existen candados de diverso tipo (dificultades de acceso, alfabetización digital, uso de algoritmos por parte de las plataformas, uso de bots por parte de usuarios y grupos, entre otras prácticas) que limitan esa posibilidad.

No obstante, como en todo uso social de la tecnología, con los avances se generan también nuevos problemas y retos. Uno de ellos ha sido, por ejemplo, el uso de las redes por parte de los políticos y personajes de la ultraderecha que, con ayuda de las propias plataformas digitales, han logrado influir en los resultados electorales, el caso de Cambridge Analytica es sin duda el más sonado. Otro uso frecuente y muy preocupante es aquel que ha servido a la ultraderecha y demás grupos radicales para difundir con mucha rapidez sus mensajes de odio, ejemplos de ello sobran y no cabrían en el espacio de este artículo.

Como en todo uso social de la tecnología, con los avances se generan también nuevos problemas y retos. Uno de ellos ha sido, por ejemplo, el uso de las redes por parte de los políticos y personajes de la ultraderecha que, con ayuda de las propias plataformas digitales, han logrado influir en los resultados electorales

Estas realidades complejas sobre las posibilidades que abre el uso extendido de las redes sociodigitales requieren un análisis pormenorizado y atendiendo a casos específicos. En este espacio me referiré a un suceso reciente en México donde las redes se han convertido no en espacio de diálogo horizontal, sino en acoso selectivo contra ciertas voces críticas.

El uso de redes y el debate público en México

La semana pasada vivimos un intenso intercambio en redes a propósito de un hecho que bien merece detenernos para reflexionar sobre la calidad del debate público mexicano. Carla Escoffié, una reconocida abogada mexicana, especialista en vivienda y activa usuaria de distintas plataformas, realizó un video en donde hacía una crítica sobre la reciente elección judicial en México. Esto levantó una ola de reacciones adversas en las propias redes, las cuales se vieron agudizadas por el abordaje del tema en un programa de la televisión pública de la Ciudad de México donde se atacaba tanto a Carla Escoffié como a su postura. Por su parte, la abogada solicitó un espacio de réplica para aclarar lo que, consideró, eran tergiversaciones de su propia opinión y línea ideológica. Hasta aquí todo parece resolverse dentro de un ambiente de pluralidad y respeto a las voces diversas. No obstante, lo que sucedió en espacios como X fue algo muy diferente. Vayamos a ello.

De la crítica, a la violencia verbal y, de ahí, al ciberacoso

El fenómeno de la crítica y la defensa en redes al gobierno de la 4T merece un análisis pues, a diferencia de lo que sucede en otras partes del mundo, en México tenemos a una derecha muy violenta en estos espacios, pero francamente disminuida en el escenario político. Por otra parte, frente a la hegemonía de los medios tradicionales que realizan una crítica sistemática (y muy frecuentemente sin fundamento) al gobierno de la 4T, las redes sociodigitales se han convertido en un espacio de información alternativa para escuchar otras posturas y también una herramienta para la defensa del proyecto político de Morena. Sin embargo, las redes también se han usado, a partir de ciertas cuentas casi siempre anónimas (a las que después se unen granjas de bots), para atacar ferozmente a quien pueda criticar al gobierno, aun si viene del propio espectro político de la izquierda. Así, a cualquier señalamiento, estas cuentas ya reconocidas comienzan un ataque acusando a las personas en cuestión de conservadoras, privilegiadas, blancas o cualquier otro adjetivo que, aunque resulte absurdo, el público pueda asociar con la derecha.

En el caso que nos ocupa lo sucedido fue lo siguiente: los dichos de Carla Escoffié (con los que, por cierto, podemos estar o no de acuerdo) generaron duras críticas, unas muy bien fundamentadas, pero también una andanada de insultos y persecución que se volvió sistemática: atacaron sus dichos presentes y pasados al rescatar su historial en redes, atacaron sus orígenes familiares, la vincularon con personajes con los que no estaba relacionada y un largo etcétera. Frente a ello, otra usuaria de redes, la académica Teresa Rodríguez de la Vega (quien, cabe aclarar, es una colega universitaria y contertulia en La Mesa Roja), señaló la campaña contra Carla Escoffié y corrió la misma suerte: mensajes con insultos, acusaciones de militar en la derecha, señalamientos de ser de una élite que no tolera la crítica, intromisiones en su actividad como docente universitaria y otro largo etcétera.

Las redes también se han usado, a partir de ciertas cuentas casi siempre anónimas (a las que después se unen granjas de bots), para atacar ferozmente a quien pueda criticar al gobierno, aun si viene del propio espectro político de la izquierda

Ante a lo sistemático de estos mensajes, quienes trabajamos desde la investigación educativa, en salud o psicosocial, resulta inevitable identificar este comportamiento como lo que, desde la propia investigación, se ha caracterizado como ciberacoso: “una forma de acoso intencional dirigido a una persona en particular, realizado a través de medios electrónicos y digitales y producido por un desequilibrio de poder asociado a un mayor desarrollo de habilidades técnicas al usar internet” (Polanco-Levicán y Salvo-Garrido, 2021). El ciberacoso puede diferenciarse de otras formas de violencia en las redes por su naturaleza repetitiva y la intención de causar daño a la persona. Por otra parte, abordar este problema es de la mayor importancia pues el ciberacoso se considera un problema de salud pública tanto por el uso extendido de las redes sociodigitales como por los efectos devastadores que puede tener en la salud mental de las víctimas: ansiedad, depresión e, incluso, el suicidio (Nixon, 2014).

Así, en estos fenómenos, una de las cuestiones clave es el anonimato pues alienta a las personas a realizar este tipo de actividades bajo la premisa de que no serán reconocidas . En el caso de México, el INEGI aplica el Módulo sobre Ciberacoso (Mociba) y, según los datos de 2023, el ciberacoso tiene mayor prevalencia en mujeres que en hombres, de manera que este problema tiene un componente de género. Además, en sintonía con la investigación sobre el tema, se reportó que la forma más frecuente experimentada fue mediante identidades falsas. Por otra parte, una investigación de la Universidad Tres de Febrero coincide en que las víctimas más frecuentes son mujeres jóvenes y que una de sus principales consecuencias “es el efecto ‘aleccionador’ que estas manifestaciones tienen” lo que resulta en la autocensura o el alejamiento de las redes sociales y la tecnología, que es justo uno de los objetivos del ciberacoso. Esta autocensura puede constatarse en el caso de varias mujeres cibernautas: Escoffié, Yásnaya Aguilar, entre otras. Y es que, si bien se ha estudiado más el ciberacoso en el entorno educativo, el fenómeno no se limita ni a personas en edad escolar (principalmente adolescentes), ni a la escuela. De hecho, los estudios muestran la urgencia de abordar el tema en personas adultas usuarias de redes sociodigitales (Stevens, et al., 2021).

Pero hablemos de quienes participan en el ciberacoso. Los estudios identifican tres tipos de roles: acosador, víctima y espectador. Éste puede ser: defensor (interviene para detener el acoso), ayudantes (contribuyen al acoso) o simpatizantes (aprueban el acoso aunque no participan directamente) (You y Lee, 2019). Aquí podemos reconocer el doble rol de Teresa Rodríguez de la Vega, quien de defensora pasó a víctima; también podemos identificar a un buen número de cuentas, muchas de ellas anónimas, que si bien no son las acosadoras, sí participan como ayudantes, al sumarse a críticas sin sustento o a los señalamientos a la persona y no a sus posturas.

El ciberacoso puede diferenciarse de otras formas de violencia en las redes por su naturaleza repetitiva y la intención de causar daño a la persona.

Y, en el caso que nos ocupa, ¿en qué ha consistido el ciberacoso? Éste no se refiere sólo a la violencia verbal ¿se acuerdan que hablamos de habilidades técnicas? Pues lxs acosadorxs escudriñan en el ciberespacio: información personal, historial en las redes sociales de la víctima, el árbol familiar, si una persona es buena docente o no, es decir, ya no se trata de una crítica sobre una postura en específico, sino de ventilar aspectos personales o laborales. Aquí puede verse la intención de los acosadores de causar daño.

Sobre la violencia verbal, quienes han actuado de ayudantes o simpatizantes se quejan con frencuencia de la que otros sectores ejercen sobre ellos, a manera de insultos o amenazas, y no les falta razón. La derecha mexicana practica, desde antes del 2018, una violencia clasista y racista contra los simpatizantes de la 4T. No obstante, si bien la violencia en redes es un fenómeno muy extendido y que resulta, a todas luces, reprobable; cabe aclarar que ésta no constituye, por sí misma, ciberacoso. Aunque resulte obvio, se debe señalar que el ciberacoso es una forma de violencia, pero no todas las violencias son ciberacoso. Éste, como ya dijimos, es de carácter repetido y sistemático, con claras intenciones de hacer daño en la vida personal y pública de las víctimas.

Ciberacoso y libertad de expresión: ¿dónde poner los límites?

Una preocupación frecuente al momento de intentar regular el ciberacoso y la violencia en redes es que dicha regulación se convierta en una forma de limitar la libertad de expresión. Se trata de una preocupación válida: la ley de ciberseguridad en Puebla puede ser una muestra de ello. No se deben realizar leyes que parecen hechas a la medida de las autoridades para limitar la crítica, o incluso el insulto, contra políticos y figuras públicas, las cuales por su propia actividad se encuentran más expuestas al escrutinio público. Igualmente, resulta muy difícil aceptar que se legisle sobre perseguir a usuarios por insultar en redes, por más que el insulto sea una degradación del debate, o incluso su opuesto. Pero, insistimos, señalar, perseguir, acusar a una persona persistentemente en redes con la intención de dañarla es otra cosa, aún si se trata de figuras públicas.

La investigación disponible sobre el ciberacoso nos dice que es un problema multisistémico y, por ello, debería atenderse desde diferentes aristas, no sólo el punitivismo. Hablar y alfabetizar sobre el tema es una de ellas. En un escenario ideal, lo deseable sería generar políticas públicas y leyes basadas en evidencia, tanto a partir de los casos empíricos de la población afectada, como de la investigación acumulada al respecto. Pero, para ello, sin negar el carácter elitista de la academia, debemos reconocer que los resultados de investigación no son palabrería que podemos desechar si no conviene a nuestro discurso, a menos que querramos caer en el terraplanismo.

Finalmente, resulta infructuoso hacer gradaciones sobre la izquierda, mientras que acechar a quienes presentan críticas al gobierno de la 4T resulta dañino, incluso para dicho proyecto. Se trata, en todo caso, que cada quien tome decisiones éticas sobre cómo participa en el debate público, si lo hace desde el denuesto y la violencia, o si se aprovechan los espacios en redes para el intercambio y confrontación de ideas. Ha costado mucho abrir esos espacios, bien merece que el debate público se dé de la mejor manera posible.

Gabriela Arévalo Guízar

Referencias

Nixon C.L. (2024). Current perspectives: the impact of cyberbullying on adolescent health. Adolescent Health, Medicine and Therapeutics. Doi: https://10.2147/AHMT.S36456

Polanco-Levicán K. y S. Salvo-Garrido (2021). Bystander Roles in Cyberbullying: A Mini-Review of Who, How Many, and Why. Frontiers in Psychology. 12:676787. Doi: https://10.3389/fpsyg.2021.676787

Stevens F., J.R.C. Nurse y B. Arief (2021). Cyber Stalking, Cyber Harassment, and Adult Mental Health: A Systematic Review. Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, 24(6):367-376. Doi: https://10.1089/cyber.2020.0253

Yu, L. y Y.H. Lee (2019). The bystander effect in cyberbullying on social network sites: Anonymity, group size, and intervention intentions. Telematics and Informatics, 45. Doi: https://doi.org/10.1016/j.tele.2019.101284

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