Economia
Bolivia ante el ajuste del FMI: entre la ortodoxia y la evidencia
5 de junio de 2025
La nueva evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre Bolivia no deja lugar a dudas: el actual «mix de políticas» es, según sus técnicos, “insostenible”. Con reservas internacionales en mínimos históricos, una deuda pública al alza y un tipo de cambio sobrevalorado, el organismo propone una receta conocida: devaluar, recortar el gasto, liberalizar los precios y endurecer la política monetaria. Lo que sí ha cambiado es el contexto: Bolivia se enfrenta a estas medidas en medio de un estancamiento económico, niveles crecientes de pobreza extrema y un frágil contrato social. ¿Es este el momento para un ajuste de choque?
El escenario diseñado por el FMI para 2025‑2027 es revisable. En primer lugar, plantea una devaluación abrupta del tipo de cambio oficial de Bs 6,9 a Bs 15 por dólar, seguida por un esquema de crawling‑peg. Esto, acompañado de un ajuste fiscal de hasta ocho puntos porcentuales del PIB distribuido en años, es gradual, eliminaría subsidios y congelaría salarios públicos. Además, se detendría la monetización del déficit y se elevarían las tasas de interés.
En teoría, este paquete estabilizaría el tipo de cambio, recuperaría las reservas internacionales hasta los US$ 3.774 millones y mejoraría el saldo fiscal. Pero no sin costos: se proyecta un crecimiento de apenas 0,1 % en 2025, una inflación del 16 %, y un pico de deuda pública equivalente al 118,9 % del PIB (International Monetary Fund, 2025). El dilema es evidente: se busca ganar “credibilidad de mercado”, a expensas de una contracción económica con consecuencias sociales potencialmente graves.
La mirada de la evidencia: ¿funciona realmente este enfoque?
Aunque la ortodoxia fiscal del FMI ha sido ampliamente implementada en economías emergentes, los resultados empíricos no siempre han sido consistentes. De hecho, los meta‑análisis más recientes cuestionan varios de sus supuestos fundamentales.
Uno de los hallazgos más robustos proviene de Heimberger (2023), quien demuestra que el gasto público en países en desarrollo tiende a ser procíclico: es decir, cae en recesión, profundizando la desaceleración del PIB. En el contexto boliviano, donde el crecimiento proyectado ronda el 1 %, un recorte fiscal de 7‑8 puntos del PIB podría no solo frenar la recuperación, sino también inducir una recesión prolongada, agravarla y alargarla.
Otro meta‑análisis (Heimberger, 2021) revela que no existe un umbral mágico a partir del cual la deuda pública se vuelve dañina para el crecimiento. Lo importante, más que el nivel, es la composición y sostenibilidad del servicio de la deuda. No queda claro que sea así.
En el frente cambiario, el FMI propone una flotación sin intervención. Sin embargo, Arango‑Lozano et al. (2020) encuentran que las intervenciones en el mercado cambiario (FXI)—cuando bien diseñadas—pueden reducir la volatilidad hasta en 0,6 % por cada US$ 1.000 millones operados, especialmente en contextos de baja apertura financiera. Bolivia, donde el pass‑through cambiario es alto, se beneficiaría de una flotación administrada con intervenciones predecibles.
La expectativa del FMI de que las reformas atraerán flujos de capital podría ser ilusoria. Araújo et al. (2024), en un meta‑análisis sobre políticas monetarias no convencionales, encuentran que los spillovers sobre países emergentes son estadísticamente indistinguibles de cero.
A la luz de esta evidencia, una estrategia más precisa podría resultar no solo económicamente más sensata, sino políticamente viable. Esta alternativa se organiza en tres fases.
Fase 1 (2025–2026): centrada en estabilizar sin sofocar. Incluiría una reforma tributaria digital e inmobiliaria, un retiro progresivo de subsidios con parte del ahorro dirigido a transferencias focalizadas, (esto también lo ha barajado el FMI con 40% del ahorro dirigido a transferencias) y una devaluación moderada por encima del 25% dentro de una banda de ±5 % acompañada de intervenciones mensuales limitadas. (Se necesitan al menos 4 meses de importaciones en reservas por divisas y 6 es lo aconsejable) También es necesario fuertes incentivos fiscales y Zonas Económicas Especiales en múltiples municipios, la sugerencia es establecerlo en los municipios más pobres y de menor densidad del país, siempre y cuando emplee residentes del municipio, hay que utilizar la inteligencia fiscal para tener tasas diferenciadas (que no suele suponer caídas de ingresos) por tamaño de empresa, sector, municipio y temporalmente establecidas, esto con el fin de generar incentivos positivos en no extractivas como energía renovable y TIC, adicionalmente se puede reducir el IVA un impuesto regresivo, en primera instancia en alimentos, aumentando el IUE.
Fase 2 (2026–2028): orientada a una consolidación anticíclica. Aquí se establecería una regla fiscal estructural para alcanzar un déficit primario menor en 2027, protegiendo la inversión pública con alto multiplicador (>1,2), y realizando canjes de deuda por clima y litio para aliviar la carga sin imponer un shock social.
Fase 3 (2026–2029): impulsaría un crecimiento inclusivo. La formalización laboral se acompañaría de un seguro de desempleo contributivo, mientras que las exportaciones de MIPYMEs serían facilitadas mediante una ventanilla Exporta Fácil. A esto se sumaría un clúster de litio e hidrógeno verde con contenido local y controles ambientales robustos.
Ahora bien, también hay que ser escéptico de esto, hay 4 criterios para evaluar toda propuesta económica: 1. se basa en metaanálisis lo más alto en evidencia, 2. ha de tener un modelo contextualizado, 3. ha de tener simulaciones de cientos o miles de escenarios y 4. señala sus supuestos y limitaciones. Cosa que solo pasa por 1 de 4.
El FMI ha diagnosticado los desequilibrios macroeconómicos de Bolivia. Pero su prescripción parte de un modelo que prioriza la disciplina fiscal inmediata sobre la estabilidad social y el crecimiento sostenible. Frente a una población golpeada por la inflación, el desempleo y la informalidad, una estrategia, anticíclica y con redes de protección social no es solo deseable: es lo que sugiere la mejor evidencia disponible.
Por: Ricardo Alonzo Fernández Salguero
Bibliografía
Araújo, T., Afonso, Ó., Cunha Neves, P., & Sochirca, E. (2024). International spillovers of unconventional monetary policy: A meta‑analysis. Portuguese Economic Journal. Advance online publication.
Arango‑Lozano, L., Menkhoff, L., Rodríguez‑Novoa, D., & Villamizar‑Villegas, M. (2020). The effectiveness of FX interventions: A meta‑analysis. Journal of Financial Stability, 50, 100794.
Heimberger, P. (2023). The cyclical behaviour of fiscal policy: A meta‑analysis. Economic Modelling, 123, 106259.
Heimberger, P. (2021). Do higher public debt levels reduce economic growth? (FMM Working Paper No. 74). Hans‑Böckler‑Stiftung.
International Monetary Fund. (2025). Bolivia: 2025 Article IV Consultation—Press release; Staff Report; and Statement by the Executive Director for Bolivia (IMF Country Report No. 25/168). International Monetary Fund.



