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El deporte, injusto frente de batalla

El Pibe, Diego Armando Maradona, confrontó a diversas autoridades e instituciones del futbol, exponiendo y denunciando que sus intereses se identificaban fundamentalmente con el negocio, con la generación de dinero utilizando descaradamente a los deportistas y las competiciones deportivas.

9 de noviembre de 2022

Aunque ya antes se ha usado el deporte como arma en la confrontación política, por ejemplo, los boicots de las potencias durante la guerra fría, Olimpíadas de Moscú y San Francisco, eran las mismas potencias las que se auto excluían de asistir a los eventos, muchas veces arrastrando a sus seguidores más cercanos. Sin embargo, en esos casos, el Comité Olímpico Internacional (COI) procuró mantener una postura neutral, incluso de intermediario entre los rivales para tratar de perjudicar en el menor grado posible a los deportistas, el deporte, el espectáculo y a los espectadores que disfrutan de todos estos eventos.

En los últimos 60 años se han sucedido una serie de guerras, casi todas ellas imperialistas, en las cuales la diferencia entre agresores y agredidos fue y, en algunos casos es, abismal, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Yugoslavia, Irak, Libia, Afganistán; Francia, Estados Unidos (EEUU) y diversos grupos terroristas (armados y estimulados por los dos anteriores) contra Siria; EEUU contra Somalia; Arabia Saudita contra Yemen; Gran Bretaña con el apoyo de EEUU, Chile y Colombia contra Argentina; Francia contra VietNam y posteriormente EEUU contra VietNam; Francia contra Argelia y otros países ex-colonias en África así como la brutal agresión múltiple, permanente desde 1948, de Israel contra el pueblo Palestino, entre otras guerras de occidente contra el resto del planeta. Oh casualidad, ninguno de los agresores, jamás, fueron objetados por ningún organismo deportivo internacional, ni la Asociación Internacional de Federaciones de Futbol (FIFA), ni la Asociación de Futbol de la Unión Europea (UEFA), ni el Comité Olímpico Internacional (COI) ni ninguna Federación deportiva ha sancionado a estos estados agresores y menos aun ha prohibido la participación de sus deportistas en los diversos eventos, ni suspendido competiciones en sus territorios y ni que hablar de vetar a sus empresas patrocinantes.

Estas instituciones que debieran estar al servicio del deporte, de los deportistas vienen mostrando su verdadera cara desde hace ya algún tiempo. El Pibe, Diego Armando Maradona, confrontó a diversas autoridades e instituciones del futbol, exponiendo y denunciando que sus intereses se identificaban fundamentalmente con el negocio, con la generación de dinero utilizando descaradamente a los deportistas y las competiciones deportivas. “Profesionalizaron” todos los deportes  para hacer más atractivos los eventos, con el único fin de llenar los estadios y cobrar más por los derechos de transmisión por televisión de los compromisos deportivos, sin importar lo que pensaran los deportistas, enriqueciendo a reducidos grupos de ellos.

Ya hace varias décadas se prohibió a los jugadores, principalmente en el futbol, el hacer gestos o mostrar emblemas y símbolos políticos o personales. Han sancionado fuertemente a jugadores que han mostrado la bandera de Palestina en varias oportunidades. Ni se diga de las sanciones, de por vida, a los deportistas afroamericanos que se atrevieron a levantar su puño, enguantado de negro, mostrando así su apoyo a las luchas por la justicia y el respeto a la población de ascendencia africana, siempre excluida, marginada y explotada en los EEUU, sucesos que todas estas organizaciones obviaron.

Es vergonzoso ver hoy como estas instituciones han politizado totalmente sus decisiones y acciones poniéndose al servicio del llamado mundo occidental. En los partidos de futbol se muestran las banderas ucranianas en las pantallas de los estadios así como en las graderías y, algunos clubes han llegado al colmo de exigir a los jugadores que exhiban los colores de la bandera ucraniana, yendo en contra de sus propias normas, apoyando descaradamente una de las partes en el conflicto que se desarrolla en Ucrania, dejando la pseudo neutralidad para cuando le conviene a sus jefes.

En cuestión de horas la FIFA decidió excluir a los equipos nacionales de futbol de Rusia y Bielorrusia de sus compromisos para la clasificación al Mundial, la UEFA excluyó a todos los equipos rusos y bielorrusos de sus competiciones. La Federación Internacional de Automovilismo (FIA) canceló el Grand Prix de Sochi y se han sucedido sanciones en el balón cesto, tenis, atletismo, natación, voleibol, judo, esgrima, etc., llegando incluso al ajedrez, afectando de esta manera fundamentalmente a los atletas que por méritos personales están en altos niveles de competición, incluso siendo los primeros en numerosas disciplinas y categorías. Por otro lado equipos y federaciones que tenían contratos de patrocinio con grandes empresas rusas como Aeroflot, Gazprom o Uralkali han roto dichos contratos de manera unilateral e ilegal y, para poner el broche, el Comité Paralímpico Internacional (IPC) decidió impedir la asistencia de los atletas rusos a los Juegos Paralímpicos de Invierno, Beijing 2022.

Como hemos visto, la diferencia entre los dos raseros es gigantesca y la definición de neutralidad esgrimida por estas instituciones es penosa, denotándose unos rasgos de racismo vergonzosos, dejando al descubierto que para ellos el valor de los pueblos no europeos es muy inferior al de sus pares europeos. Se evidencia que estas organizaciones pertenecen y obedecen al mundo unipolar, que occidente pretenden mantener, pero que en la realidad está dando paso a uno multipolar, en el cual los valores básicos de todos los hombres y mujeres serán comunes y respetados de manera igualitaria, en el que la Carta de las Naciones Unidas sea cumplida íntegra y cabalmente por todos los países, para lo cual es condición sine qua non la erradicación del fascismo, del nazismo y de cualquier otra expresión de odio, racismo y explotación. Mundo en el que las instituciones reguladoras y promotoras del deporte sean efectivamente imparciales en todas sus decisiones, en el cual el deporte sea una expresión de competencia sana en el que los y las deportistas sean el principio y el fin de todo el universo deportivo y los espectadores disfrutemos de las hazañas que en él se sucedan.

Por  Vladimir Castillo Soto – RLO.

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