25 de mayo de 2026
No deja de llamar la atención. Las mismas élites cívicas y sectores que en 2019 fueron protagonistas de un clima de confrontación que fracturó profundamente al país; los mismos espacios desde donde se escuchó “collas de mierd*”, donde se despreciaba la whipala llamándola “ese trapo”, y desde donde se calificó a movimientos sociales como “hordas salvajes”, hoy aparecen elevando oraciones por la paz.
¿Qué paz piden? ¿La paz de la reconciliación sincera o la paz del silencio y la obediencia? ¿Paz para Atahuallpa Paz?La paz no puede invocarse solo cuando la crisis golpea la economía o cuando la conflictividad toca determinadas regiones. La paz también exige memoria.
Bolivia arrastra heridas abiertas desde 2019. Allí hubo discursos de odio, símbolos indígenas arrancados y humillados, una polarización brutal y una ruptura social que todavía deja cicatrices. La paz no es únicamente rezar frente a un atrio o convocar jornadas simbólicas; la paz exige reconocer responsabilidades históricas, rechazar el racismo y admitir errores propios.
Los conflictos sociales, económicos y políticos no se resuelven rezando. Se resuelven gobernando. Se resuelven tomando decisiones con justicia social, con equilibrio, sin vendettas políticas y escuchando las demandas del pueblo. Se resuelven reivindicando la soberanía popular y comprendiendo que la estabilidad no nace de discursos morales, sino de respuestas concretas.
Joder¡! El país no necesita únicamente plegarias. Necesita que dejen de pisotear la Constitución Política del Estado cuando conviene y de invocarla cuando sirve a intereses circunstanciales. Necesita políticas y planes de desarrollo pensados para Bolivia, no improvisaciones ni medidas de corto plazo. Necesita que se deje de poner los recursos estratégicos nacionales en bandeja al mejor postor y que se entienda que la soberanía no es un eslogan de campaña.
Y también necesita algo elemental ¡respeto!. Al Estado Plurinacional de Bolivia. A su diversidad. A sus símbolos. A sus pueblos y a la decisión democrática de una nación construida entre muchos rostros y muchas voces.
Rezar es sencillo. Más difícil es decir: “nos equivocamos”. Más difícil es reconocer responsabilidades. Más difícil es cumplir compromisos electorales, respetar la palabra empeñada y gobernar para el país real y no para grupos de poder.
No cuadran sus peticiones celestiales, so pencos hipócritas ¿oran por la paz con amnesia política?
Que sepan pues que la paz no llegará por milagro. Llegará cuando haya justicia, memoria, soberanía y respeto. Ayer sembraban odio y división; hoy aparecen disfrazados de pacifistas y predicadores cambiando según les conviene. ¡Qué nivel de cinismo! Ayer atizaron el fuego hoy llegan con rosario en mano a pedir paz. Expertos en incendiar la casa y luego posar de bomberos. Náusea me provocan.
Koba Milenaria



