OpiniónDeportes

Sobre ganar y perder

1 de abril de 2026
La competencia deportiva es una metáfora de varias cosas: de la competencia mercantil, de la guerra entre naciones, de la lucha de clases, entre otras cosas. Ritualiza el conflicto. Las personas, junto a su equipo, juegan un partido de fútbol, aunque simbólicamente aquí se juegan muchas otras cosas más.
La historia del fútbol, como acontece con la historia oficial, la escriben los vencedores (Benjamin). En una cultura burguesa en la que cotidianamente se enseña que ser un perdedor es lo peor – «looser», dicen los gringos-; que este mundo es de los ganadores – no pocos posan en las fotos haciendo la V de victoria con la dedos índice y medio- es duro confrontarse con la experiencia de que en esta parte del planeta se gana muy pocas veces y las más de las veces, se pierde, al menos en aquellas contiendas en las que las personas han aprehendido a depositar su orgullo (las guerras, los partidos de fútbol, los recursos naturales, el territorio, los bolivianos tenemos una larga historia de perdidas). Solo así se puede comprender la desason colectiva amplificada qué se vive en esta tierra por no haber clasificado al mundial (otra vez).
Quizás nuestro verdadero problema reside, no en ser malos o buenos jugadores de fútbol, sino en obstinarnos en medirnos en base a la escala definida por la ideología dominante, en enfocar nuestro orgullo allí donde las clases dominantes apuntan con el dedo.
Hay que mirar en otra dirección. Zavaleta, por ejemplo, se sentía particularmente orgulloso de las masas de este país. «Si no fuera por sus masas, Bolivia no mereceria existir», dijo.
Nuestros vecinos argentinos, en cambio, campeones mundiales, siguen aguantando a un tirano bastante tiempo. Este ya les ha impuesto jornadas de hasta 12 horas de trabajo. Un Milei en Bolivia no duraba un mes. Es triste ver como la esclavitud esta volviendo en el país vecino.
Por eso digo que quizás esto del orgullo, la dignidad, deba de entenderse de otro modo. Más que una clasificación al mundial, en esta parte del planeta nosotros decimos «morir antes que esclavos vivir». Ahí esta nuestro orgullo. Eso somos.
Por Lorgio Orellana

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