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¿Reconfiguración final del mapa político boliviano?

El gobierno de Rodrigo Paz no logró trasladar su victoria de octubre a estos comicios y construir hegemonía territorial

30 de marzo de 2026

Tras las elecciones bolivianas para gobernaciones y municipios, el mapa político boliviano se ha reconfigurado. Lo primero que salta a la vista es que el gobierno de Rodrigo Paz no logró trasladar su victoria de octubre a estos comicios y construir hegemonía territorial. Sus candidatos a gobernadores mejor posicionados por el voto popular sobreviven aún, pues se realizarán varios balotajes el 19 de abril, pero sin la autoridad política que, se suponía, les iba a dar su condición de representantes del nuevo oficialismo boliviano. Paz sólo logró dos alcaldías de las diez principales capitales del país, aunque señaló, haciendo fortaleza de su debilidad, que trabajaría con todos los que resultaron electos.

Tarija, el lugar simbólico

El presidente Paz nació en España, durante un exilio de su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora, pero se considera oriundo de Tarija, un pequeño departamento al sur de Bolivia del que proviene la familia Paz.

Después de ser alcalde de la capital, Tarija ha sido una plaza esquiva para él, en la que no ha podido ganar en ninguna de las dos rondas de las elecciones nacionales del año pasado.

En la carrera a la Gobernación, se producirá una segunda vuelta entre su candidato, Adrián Oliva (35%) y María René Soruco (28%), quien sustituyó al exgobernador Mario Cossio, el cual fue inhabilitado pocos días antes de la elección.

Soruco fue incorporada como candidata tres días antes del “día D”. Sin estructura, sin campaña consolidada, sin foto ni nombre en la papeleta, logró colocarse en la segunda vuelta a menos de siete puntos de Oliva.

Los analistas locales señalan que sin el apoyo de Paz, Oliva hubiera podido ganar en primera vuelta sin problemas, pero su condición oficialista y la inhabilitación de Cossio, que sembró sospechas de parcialización a favor suyo, activó una reacción adversa en su contra.

El Alto: el vacío tras el MAS

En El Alto lo más notorio fue el vacío dejado por la práctica desaparición del Movimiento al Socialismo (MAS), es decir, de la izquierda boliviana. Por eso en las elecciones municipales en este antiguo baluarte del bloque popular, el voto nulo alcanzó el 23,27% y el blanco el 5,51%. Un tercio del padrón electoral no marcó la papeleta electoral o lo hizo mal adrede. Al mismo tiempo, el alcalde ganador, el indianista Eliser Roca, apenas logró 19,75% en un contexto de dispersión del voto.

El gobierno de Rodrigo Paz no logró trasladar su victoria de octubre a estos comicios y construir hegemonía territorial.

La desaparición del MAS como estructura dominante dejó un espacio que nadie ha logrado ocupar hasta ahora. El liderazgo del vicepresidente Edman Lara, que se llevó prácticamente todo los votos alteños en las elecciones presidenciales, no se traspasó a ningún candidato en los últimos comicios “subnacionales”, como se llaman en Bolivia. Ni siquiera la pelea y el alejamiento de Lara respecto de Rodrigo Paz ha mermado la sensación de “traición” al voto popular que generó el Gobierno en los sectores populares, después de que este incumpliera varias promesas de campaña y relegara sus apoyos populares en favor de una alianza con la élite dominante del país.

El candidato oficialista a la Gobernación de la región a la que pertenece El Alto, Luis Revilla, un experimentado político que fue alcalde de La Paz dos veces, alcanzó una votación de apenas 20%. Se medirá en una segunda vuelta con René Yahuasi, un joven político que alcanzó a colarse en el balotaje con un 9,18% de los votos.

Según al análisis local, lo que bloqueo el posible apoyo de El Alto a Revilla fue su alineamiento con el Gobierno de Paz, por las razones que ya señalamos. Así que Yahausi, sin ser conocido, podría capitalizar mejor el descontento de esta ciudad, que posee la mayor concentración poblacional de la región.

Santa Cruz: el fin de un caudillo

En Santa Cruz se produjo una derrota que fue elevada a la condición de símbolo de las elecciones en las evaluaciones posteriores. El actual gobernador Luis Fernando Camacho, actor central en el derrocamiento de Evo Morales en 2019 y candidato del oficialismo, quedó tercero y no pasó a la segunda vuelta.

Durante años, el rol político de Camacho se construyó en oposición directa al MAS. En esta elección, sin Evo Morales ni su partido presentes, el belicoso Camacho dejó de ser “imprescindible” para el proyecto de diferenciación de esta región, la más rica del país, respecto de la orientación general del país.

Paz sólo logró dos alcaldías de las diez principales capitales del país, aunque señaló, haciendo fortaleza de su debilidad, que trabajaría con todos los que resultaron electos

Además, Luis Fernando Camacho, que se suponía fuerte luego de su paso por la cárcel por liderar el golpe contra Morales en 2019, perdió su condición de rebelde porque hizo un acercamiento servil al gobierno que, aunque alineado con el establishment de Santa Cruz, sigue siendo considerado “ajeno” y, además, ha tenido problemas de gestión bastante serios, en particular por la importación de gasolina en mal estado que ha ocasionado averías en miles de automóviles.

Así que la gobernación más importante por su condición de “estatalidad paralela” respecto de la sede de Gobierno, La Paz, se definirá entre el ultraderechista Juan Pablo Velasco, excandidato a vicepresidente de Jorge Tuto Quiroga en las elecciones del año pasado, y Otto Ritter, viejo político cruceño también de línea conservadora.

La Cochabamba de Evo

Leonardo Loza, un leal de Evo Morales, ganó la Gobernación de Cochabamba en primera vuelta. Aquí el dato político claro es que, si bien el MAS ha implosionado, el “evismo” ha quedado como la fuerza más cohesionada de la izquierda. Y esto, en contextos fragmentados, puede ser más determinante que una mayoría dispersa.

Esta corriente sigue siendo dominante en el Chapare, la campiña cochabambina y los barrios periféricos de la capital de esta región, donde conserva estructura, militancia y capacidad de movilización.

Sin embargo, no se trata de una fuerza expansiva. Está bloqueada por el personalismo de Morales que impidió la reconstrucción de un bloque nacional de izquierda tras el envilecimiento del Gobierno de Luis Arce. Los “evistas” se perfilan como lo que fueron en los años 90, una resistencia territorial, enclavada en el centro del territorio nacional, frente al Gobierno de Rodrigo Paz.

Gasolina, bloqueo y reconfiguración

El panorama es de atomización política. Gobernaciones en disputa, municipios fragmentados, liderazgos débiles o en transición. En cada región se abre un frente distinto. Cada actor tiene capacidad de veto. Impulsar reformas estructurales en este contexto no sólo va a ser difícil, sino políticamente riesgoso.

El gobierno de Paz no fue derrotado de manera total en las “subnacionales” pero los resultados dejaron sentado que no tiene control territorial y que su estrategia de responsabilizar de los problemas actuales a los pasados gobiernos no ha calado en el votante.

El panorama es de atomización política. Gobernaciones en disputa, municipios fragmentados, liderazgos débiles o en transición

La política institucional no alcanza a contener el malestar social. A dos días de la votación, La Paz fue bloqueada por el transporte en rechazo a la llamada “gasolina basura”. La Central Obrera Boliviana también anunció movilizaciones y crece la percepción de desconexión entre la cúspide y la base del cuerpo político. Mientras tanto, la agenda oficial aparece concentrarse en viajes y actividades alejadas de lo urgente.

En Bolivia, la política no se agota en las urnas. La irritación que hoy se expresa en bloqueos, protestas y votos de rechazo constituye la materia prima de la reorganización de una alternativa popular y trabajadora al bloque conservador que se ha hecho de la institucionalidad política del país desde fines de 2025.

Por Susana Bejarano

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