No nos da la gana ser una colonia norteamericana
Apenas iniciado el 2026, el imperialismo norteamericano con Trump a la cabeza profundizó su injerencia sobre América Latina. 16 días antes del ataque a Venezuela por parte de EEUU, en Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz anunciaba un paquetazo de ajuste. En las calles se puso en pie una gran resistencia del pueblo boliviano, pese a la traición de la burocracia de la Central Obrera Boliviana. Un gran ejemplo para frenar la avanzada imperialista en la región. Compartimos una crónica de compañeros de la juventud del PTS y de la Corriente Revolución Permanente por Cuarta Internacional que participaron de las jornadas de lucha.
4 de febrero de 2026
En Argentina con Milei, en Chile con Kast, en Bolivia con Paz; Estados Unidos cuenta con el aval y la llave para volver a hacer de Latinoamérica su “patio trasero”. Y donde no, interviene militarmente como sucedió en Venezuela. El objetivo es claro: digitar las economías regionales con el fin de saquear los bienes comunes naturales. La vía es el ajuste al pueblo trabajador, con beneficios a los grandes empresarios y cada vez menos impuestos para que las multinacionales se lleven todas las divisas afuera. El saldo: más hambre, precarización y pobreza. Aunque la situación aún continúa abierta, el pueblo boliviano se resiste a que ese sea su destino y su experiencia sirve de ejemplo para sacar las mejores conclusiones en todo el continente para enfrentar la injerencia imperialista yankee, más aún luego del bombardeo de EEUU a Venezuela, y los gobiernos ajustadores.
Por eso, si a principios de enero querías cruzar el país hasta llegar a La Paz, ibas a ver repetida una escena en cada carretera. Alambres de púa de punta a punta de la ruta, entre unos 5 a 20 metros de cascotes de piedras de los maravillosos cerros que abundan, esparcidos a lo largo del camino; cholas, sectores de campesinos, fabriles y mineros garantizando el bloqueo o por qué no en asambleas planificando cada acción. Al gobierno de Paz, el pueblo trabajador de Bolivia no se la puso fácil: el presidente anunció un paquetazo de ajuste el 17 de diciembre y para el 5 de enero ya había medio millón de personas en las calles movilizadas.
A mediados de diciembre de 2025, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, anunció el Decreto Supremo (DS) 5503, un claro paquete de ajuste neoliberal, que intentaba descargar la crisis sobre los trabajadores, campesinos y pueblos indígenas, para beneficiar al gran capital, sobre todo extranjero. Profundizando una orientación pro-empresarial, facilitando la entrega de recursos estratégicos, centralmente la minería, hidrocarburos y litio al capital privado y extranjero, debilitando la soberanía económica y el control estatal. Incluye también exenciones impositivas y ventajas fiscales para grandes empresas, reduciendo ingresos del Estado y reforzando un modelo que favorece a los grupos económicos concentrados, mientras se ajusta el mal llamado gasto social. Esto significa un claro ataque al bolsillo popular en los costos de vida, ya que la eliminación o reducción de subsidios a los combustibles implica un nuevo gasolinazo, provocando aumentos en transporte, alimentos y servicios, golpeando directamente a las familias trabajadoras. Ajustes que viene a profundizar varias medidas ya comenzadas por el Gobierno de Arce del MAS, que fueron parte de ir abriendo el camino al avance de la derecha. Otro de los ataques más fuertes que incluía el decreto tiene que ver con el “fast-track” que significa un claro avance en el extractivismo, atentando directamente contra los pueblos indígenas y el ambiente. El decreto habilitaba el saqueo de bienes comunes naturales sin respetar la Consulta Previa, Libre e Informada, priorizando las ganancias empresariales.
Para el 19 de diciembre, la Central Obrera Boliviana (COB) ya había convocado un Ampliado, es decir una instancia para llamar a medidas de lucha frente a la nueva situación. Desde el comienzo, las Bartolinas (Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia – Bartolina Sisa) principal organización de mujeres rurales en Bolivia, se hacían oír en cada ampliado. Como se muestra en diferentes luchas alrededor de todo el globo, las mujeres al frente. Y en este caso, de pollera y con pesados aguayos cargados sobre sus espaldas. Tal es así que por esos días, el Comité de Amas de Casa Mineras hasta comenzó una huelga de hambre. Muchas veces las burocracias de la COB no quisieron dar lugar ni a ellas ni a quienes no fueran delegados o parte de la dirigencia. Pero el pueblo quiso hacerse oír a como dé lugar. Por eso la primera movilización nacional fue apenas unos días después, el 22 de diciembre. A tan solo tres días de las fiestas navideñas, miles de familias resignaron sus festejos por una valiosa causa: que el próximo año no comience con platos vacíos en sus mesas. Eso implicaba comenzar la resistencia contra el DS 5503 y todo el ajuste de Paz.
Apenas semanas antes del anuncio del DS y a días de asumir, Rodrigo Paz ya anunciaba la quita de diferentes impuestos como el Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) que se aplicaba sobre las fortunas de las 269 personas más ricas del país con más de 30 millones de bolivianos en sus cuentas bancarias personales nacionales, al igual que de las transacciones en dólares que posibilita que no paguen impuestos. Es decir, la intención es consolidar una clara transferencia de ingresos de las familias trabajadoras a los bolsillos de grandes empresarios. Por eso en la primera marcha, las pancartas ya rezaban “¡Abrogación del DS 5503 y de todo el paquete neoliberal del gobierno de Paz!”.
A siete horas en auto desde La Paz, la navidad se avecinaba caliente.Cochabamba comenzaba a arder al calor de bloqueos organizados por vecinos autoconvocados de zonas periurbanas que no iban a permitir que el ajuste pasara. Calificaron el DS como ilegal y exigíian claramente su abrogación. Por esas mismas horas, el gobierno comenzaba a desesperar. Los medios minimizaron las medidas de lucha y el gobierno nacional las reprimía brutalmente. Como sucedió en La Paz, donde además de las marchas convocadas por la COB, la FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia) y otros sectores, comenzaban a organizar diferentes puntos de bloqueo en zonas claves de alta concentración obrera y popular como Senkata. Paz estaba en serios problemas.
Empezado el 2026, en cada casa comenzaba a conocerse en mayor profundidad cada artículo del DS 5503, uno peor que el otro. Tal es así que si recorrías las calles de La Paz o el interior del país, para ese entonces, en cada puesto de salteñas, de humitas, de sanguche de chola (de pernil de cerdo), de mocochinchi (bebida azucarada en base a durazno deshidratado), de lauchas (comida típica similar a una empanada de queso grande), mercados o comedores, muchas “caseritas” (como se le dice a quienes venden sus comidas, jugos o mercadería) vendían el texto del DS 5503 para que todo el pueblo sepa lo que estaba en juego.
Con hambre no se puede pensar
Como bien sabemos en Argentina, cuando el presidente dicta un decreto, a diferencia de una ley, el proceso de implementación es bastante más rápido. Por eso el desabastecimiento se empezaba a sentir, los comercios se iban vaciando y a las familias ya les sobraba mes al final del sueldo. Pero cuando emerge la organización, la solidaridad de clase es la más genuina forma de sostener las luchas. Es por eso que desde la Liga Obrera Revolucionaria de la Cuarta Internacional (LOR-CI), partido hermano del PTS en Argentina, junto a organizaciones feministas, juveniles, vecinales y militantes independientes pusieron en pie una olla común.
La segunda movilización nacional fue convocada bajo el lema “Bolivia no se vende”. Partía el 3 de enero desde Calamarca, a unas dos horas en auto de La Paz, donde se propuso llegar y constaba de una marcha de más de sesenta kilómetros. Pero para eso era necesario garantizar ciertas condiciones mínimas para poder llevarla adelante. La sopa de fideo con maní seco, una riquísima comida típica, fue el verdadero combustible de la marcha convocada por la COB y diferentes organizaciones.
Desde Senkata, organizaciones de izquierda, feministas, juveniles, vecinales y estudiantiles como Pan y Rosas, la juventud de la LOR-CI “Combate Rojo”, Sendero Wiphala, Agrupación Domitila Barrios, Warmis Trabajando y Luchando y compañeros independientes organizados en la «Asamblea Abierta Obrera, Estudiantil y Popular» llevaron adelante la «olla común anticapitalista» que colaboró orgánicamente con la marcha «Bolivia no se vende», convocada por la COB y que el lunes 5 de enero arribó a la ciudad de La Paz.
Este espacio se sostiene hasta el día de hoy como una instancia de organización y debate necesaria, ya que más del 80% del pueblo boliviano trabaja en la informalidad, sin poder sindicalizarse y por ende, no respaldados por la COB. En este sentido, la Asamblea Abierta fue un enorme punto de apoyo para poder organizarse, debatir y llevar adelante medidas de lucha. Siendo también un gran ejemplo de cómo impulsar organizaciones que no solo colaboran materialmente con las luchas sino que den lugar a la más amplia unidad democrática para que el conflictotriunfe, golpeando con un solo puño. Más aún cuando quienes dirigen las herramientas de lucha, como en este caso la COB, ya mostraban su intención de ceder ante el diálogo convocado por el gobierno a causa de la enorme movilización.
Medio millón de personas en las calles, un presidente desesperado y dirigentes sindicales que comenzaban a traicionar la lucha
Al grito de “no queremos y no nos da la gana, ser una colonia norteamericana”, el pueblo boliviano se hacía oír cada vez más fuerte. La marcha “Bolivia no se vende” se iba incrementando en participación al correr de las horas. Especialmente en Senkata, pueblo de enorme tradición histórica, que estuvo a la cabeza de la resistencia contra el golpe de estado del 2019. Se fueron sumando juntas vecinales, familiares del alto, los «ponchos rojos» y sobre todo campesinos de más de veinte localidades de La Paz.
La Paz y El Alto se caracterizan por tener el circuito de teleférico como transporte público más grande del mundo. Es difícil dimensionar la cantidad de personas que se movilizaronen total, pero la línea plateada ayuda a graficar: más de 17 kilómetros de cientos de miles de personas marcharon. Mientras el fin de la marcha ni siquiera llegaba todavía a la Ceja de El Alto para empezar a bajar hacia La Paz, el inicio de la misma empezaba a tomar las calles del centro paceño.
El 5 de enero el gobierno de Paz, ante la creciente organización y al llegar la masiva movilización, desató una feroz represión criminalizando la protesta social con personas detenidas, dirigentes perseguidos y un grave retroceso en las garantías democráticas. Fue en ese momento que el organismo Profesionales por los Derechos Humanos y contra la Represión Estatal (ProDHCRe), fundado al calor de la lucha contra el golpe de estado de 2019 volvió a escena, repudiando la brutal represión policial y la intervención a la residencia de la COB con la posterior detención de 4 mineros. Luego de unas horas fueron liberados gracias a la movilización popular.
Cuando la masiva marcha, en su trayecto, iba sumando a las principales organizaciones sindicales, campesinas e indígenas del país, como la CSUTCB, las organizaciones de ayllus y markas, federaciones fabriles, gremiales, juntas vecinales, organizaciones feministas, de mujeres, estudiantes y sectores populares, el Gobierno instalaba su llamado al diálogo (después de los palos y gases) buscando descomprimir la movilización para negociar algunos artículos del DS 5503. Mientras tanto, días antes, Cooperativistas mineros de Cochabamba (FEDECOMIN) se sumaban a la lucha contra el 5503 y denunciaban traición de sus dirigentes. En La Paz, algunos sindicatos de minibuseros de la zona Sur desconocieron a sus dirigentes por pactar con el Gobierno y marcharon desde la calle 63 de Chasquipampa hasta encontrar la marcha convocada por la COB en el centro paceño.
Abrogación o renuncia
Siendo las 3 am del martes 6 de enero el frío no era un límite, mucho menos las amenazas del presidente.; Miles de mujeres de pollera, sectores campesinos, fabriles y mineros comenzaban su jornada. Coqueando, cargando pesados aguayos y convencidos de su pelea, para las 4am ya habían tomado decenas de rutas camino a La Paz. A las 5 am en Konani, Patacamaya, Ayo Ayo, El Tholar, Calamarca y en los demás pueblos aledaños a las carreteras de acceso al centro político del país se repetía la misma escena: grupos numerosos de manifestantes detrás de pesadas piedras que bloquean el camino, kilómetros de autos, micros, camiones y tráfics frenados hace horas. El mensaje era claro: abrogación del Decreto Supremo 5503 o la renuncia del recientemente asumido presidente Paz.
En Patacamaya, uno de los pueblos más grandes de la ruta que va desde Oruro a La Paz, el bloqueo era impactante. Más de cuatrocientas personas, centralmente cholas y campesinos, parte de las comunidades indígenas, reunidos en una enorme asamblea. Había ruido, pero el objetivo se hacía oír: tirar abajo el plan de ajuste de Paz. Los manifestantes de las comunidades se entremezclaban con vecinos de la zona, con choferes que se acercaban a dejar su apoyo y con extranjeros de distintos países que bajaban atónitos de los micros de larga distancia. Sin entender demasiado, incluso hablando otro idioma, algunos con lagañas en los ojos, pero predispuestos a saber qué estaba pasando. Cómo llegar a la Isla del Sol o en cuánto tiempo conocerían el paraíso de Coroico, para muchos, pasó a ser una preocupación de último orden: lo importante ahora era saber qué era lo que motivaba a cientos de bolivianos a despertarse a las 3 am, bloquear un camino y debatir colectivamente cómo defender el pan y el futuro de sus hijos.
Todo lo que esté al alcance sirve para garantizar el bloqueo. Gomas, garrafas, piedras enormes, alambres, fuego en algunos casos y, sobre todo, el cuerpo y la disposición de los manifestantes. Desde algunos pueblos aledaños a las rutas bloqueadas salen remises que intentan tomar caminos alternativos. Pero se trataba de un error muy simple: subestimar la determinación de la clase obrera boliviana. Pasado el mediodía los bloqueos se incrementan no solo en las rutas, sino en esos “caminos alternativos” que también están bloqueados. De camino tenían poco y de barro, piedras, subidas y bajadas, bastante. Los sectores de las comunidades dejan pasar solo a la gente que vive en los pueblos cercanos.
Si no hay pan para los pobres, que no haya paz en La Paz
Para el miércoles 7, el centro político del país se encuentra vallado por un desmesurado operativo policial. Las fuerzas represivas llevan en sus uniformes no solo escudo, gases y armas, sino además, paradójicamente, la bandera whipala. Defendiendo, armados hasta los dientes, un decreto que atenta directamente contra la plurinacionalidad y centralmente sobre los bienes naturales que defiende cada una de las más de 36 naciones indígenas reconocidas en la constitución gracias a décadas de luchas.
Pero los operativos no son un límite para los manifestantes. Pasada la media mañana se encuentran bloqueados los principales accesos desde El Alto a la ciudad de La Paz. Cerca de la línea roja del teleférico está bloqueado el acceso del cementerio paceño, en las pancartas se lee “El litio es del pueblo y no de los yankees cerdos capitalistas”. Melina, dirigente de la organización Domitila Barrios, es clara cuando nos acercamos a entrevistarla: “Dirigentes, no se vendan” dice con total determinación. Son muchos los que saben que eso es una posibilidad real, ya en los medios comienza a circular el rumor de un posible acuerdo con el gobierno, que pretende negociar solo algunos artículos.
Un trabajador fabril, con un casco característico en la cabeza, el cachete izquierdo lleno de coca y un megáfono en la mano comienza a agitar. “En lugar de bajar los salarios de los vitalicios [ex presidentes], han aumentado a 33.000 bolivianos, acá hay gente que al mes vive con 1200. El pobre se va a volver más pobre y el rico más rico”. Dudo que haya forma más sencilla de explicar lo que significa el paquetazo de ajuste de Paz.
A unas cuantas cuadras en una zona caracterizada por una gran cervecería donde se juntan trabajadores, los mineros hacen explotar un cachorro de dinamita (un explosivo más leve que el que se usa en las minas) para sostener el bloqueo en otro de los accesos al centro paceño. Por abajo el clima era literalmente explosivo, por arriba el gobierno le preparaba el agua a la dirigencia de la COB para que apague la pólvora encendida.
Una nueva traición de la dirigencia burocrática de la COB
Ninguna resistencia puede ser efectiva si no se garantiza la huelga general (convocada retóricamente pero no garantizada por la COB) con la paralización de labores en todos los centros de trabajo, empezando por Huanuni, Colquiri y San Cristóbal, las tres principales minas del país. Para evitar el desgaste de la movilización mientras el Gobierno buscaba imponer el diálogo, desde la LOR-CI se exigía a los sindicatos y a los principales entes matrices que convoquen a asambleas abiertas en los puntos de trabajo, de estudio, en los barrios para impulsar la autoorganización desde abajo y discutir democráticamente un plan de lucha para lograr la huelga general.
Luego de tres semanas de movilizaciones, la marcha nacional “Bolivia no se vende” que llegó a La Paz con medio millón de movilizados, piquetes de huelga de hambre de distintos sectores, paro de labores en minas como Huanuni, y más de 70 bloqueos de camino a nivel nacional que se iban masificando, las direcciones de la Central Obrera Boliviana (COB) y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia “Tupak Katari” (CSUTCB) convocaron al gobierno de Paz y los empresarios a un diálogo.
El sábado 11 el titular de la mayoría de los medios dejaba claro algo: la dirigencia de la COB estaba negociando con el gobierno. La vanguardia de la lucha ya olía la traición. No se trataba de quitar algunos artículos, se trataba de abrogar el decreto y con la fuerza mostrada en las calles y en cada bloqueo, derrotar el plan de ajuste. El domingo 12 la traición era un hecho. Paz había abrogado el DS 5503, pero a cambio y con la firma de los dirigentes de la COB, se lanzó el Decreto Supremo 5516 que contenía lo esencial del ajuste expresado en el anterior, como la quita de la subvención a los hidrocarburos, lo que genera un gasolinazo periodico. El resto de los ataques serán convertidos en leyes que intentarán pasar por la Asamblea Legislativa Parlamentaria, donde, pequeño detalle, la derecha tiene más de dos tercios de los legisladores. Tal es así que la derecha aprovechó luego del acuerdo del gobierno con la COB para avanzar en votar media sanción en el senado de una ley antibloqueos profundamente represiva. Quieren intentar criminalizar la protesta porque saben que hay y habrá resistencia a los ajustes.
Argollo, el principal dirigente, llamó abiertamente a levantar todas las medidas de lucha cuando solo había un mero compromiso firmado por parte de un presidente derechista y ajustador. Ante la traición de la COB, rápidamente los Ponchos Rojos fueron a escracharlo. Y la respuesta ante los bloqueos que persistieron fue la represión como en Río Seco. La dirección de la Central Obrera Boliviana estaba en la mira ya que el ejecutivo anterior, que se adjudicó más de 6 años como conducción, apoyó el golpe de estado perpetrado por Añez. Sin embargo, la conducción de la actual COB no solo traicionó abiertamente al pueblo trabajador y campesino, sino que se sienta junto al presidente y sus funcionarios a redactar los ítems del ajuste que sufrirán los de abajo. De hacer pasar el ajuste de la derecha no se vuelve, por eso sacar conclusiones es urgente. Si continúa el ajuste, la fuerza demostrada es un punto de apoyo para que continúe también la pelea. No es casual que el acuerdo se haya firmado el domingo cuando ese lunes estaba anunciado que sectores de El Alto de mucha tradición de lucha como Senkata, que jugó un rol central de resistencia durante el golpe de estado en 2019, habían convocado a fuertes medidas de lucha. El gobierno de Paz está débil, la situación abierta y sectores de vanguardia aún organizados.
Debates necesarios y la vanguardia que sigue organizada
La escandalosa traición de la dirigencia de la COB fue justo a tiempo: el gobierno veía venir que el lunes 13 La Paz amanecería bloqueada, se incrementarían los paros de labores y habría acciones cada vez más masivas. La fuerza para derrotar todo el plan estaba y la predisposición también. Por eso, pese al acuerdo de la burocracia de la Central Obrera, al inicio de la siguiente semana continuaban algunos bloqueos, sobre todo de sectores campesinos de Cochabamba. Trabajadores cooperativistas de Colomi sostuvieron la acción y uno de los trabajadores abrió la asamblea al grito de “¡Colomi se respeta! ¡Hasta las últimas consecuencias!”. Y agregaba acertadamente que “Esto es uno más de los engaños del gobierno, los dirigentes de la COB dijeron que no iban a firmar sin consultar a las bases pero ahora están por firmar, ¡quieren desmovilizarnos!”. Para la noche de ese mismo día los bloqueos se levantaron. Terminaba el primer round, pero la batalla sigue abierta.
Al otro día, el martes, decenas de estudiantes universitarios, entre ellos nuestros compañeros y compañeras de la agrupación Combate Rojo, se reunieron en la Universidad Mayor de San Andrés (Universidad pública). En el frente del edificio faltaba la bandera whipala (que debe ir junto a la de Bolivia en cada edificio público por ley) y en la puerta de entrada un policía impidió el ingreso de los estudiantes que no tenían en mano su constancia. Pero no los amedrentaban. Llegó una estudiante de arquitectura con afiches blancos. Su compañero comienza a escribir “La educación pública no se vende, se defiende. El presupuesto es un derecho”. Porque claro que cuando se habla de “ahorro del gasto fiscal” se trata de ajuste donde más nos duele: salud, educación, vivienda, salarios. En Argentina lo tenemos claro.
En la asamblea estudiantes de antropología ponen a disposición sus conocimientos y proponen organizar una comisión que estudie a fondo el nuevo decreto, junto con denunciar a los rectores que están alineados con la derecha. Un estudiante de sociología explica la relación entre el plan de ajuste de Paz y la injerencia del imperialismo en la región. Otro estudiante, en este caso de biología, dio cuenta de que aunque el “fast-track” haya sido quitado en el nuevo decreto (5516), los bienes comunes naturales siguen estando en riesgo como muestra la lucha de Tariquía, no sólo una reserva natural sino la principal fuente de abastecimiento de agua toda Tarija. Una de las principales conclusiones fue poder convocar a más estudiantes para que aporten desde sus conocimientos a la pelea no solo contra los ataques a la universidad, sino contra todo el plan de ajuste, uniendo las diferentes peleas.
A unos kilómetros de distancia artistas se reúnen para pensar cómo visibilizar que la pelea sigue. En el bar La Bruta son dos las charlas-debates que se organizan en una semana para discutir la situación del país y las posibles salidas a la crisis. En El Alto, el día jueves de esa semana, decenas de personas de distintos sectores se reúnen en una nueva instancia de deliberación de la Asamblea Popular de trabajadores, campesinos y estudiantes, para definir las medidas de lucha a seguir ante la nueva situación abierta. La definición central es clara: hay que mantener este y todos los espacios de autoorganización, porque pese a que la COB traicionó, se demostró que hay fuerza y la lucha recién comienza.
Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro
El paquetazo de Paz, así como la reforma laboral que prepara el gobierno nacional en Argentina, que empezará a tratarse desde el próximo 10 de febrero en el Senado, tiene que ver con intentos de torcer la relación de fuerzas en favor del poder económico y los capitales extranjeros. La experiencia de Bolivia nos muestra dos aspectos muy importantes. Por un lado, la fuerza de la clase trabajadora, más aún en unidad con otros sectores como los campesinos, comunidades, jóvenes precarizados e informales. Pero también, por otro lado, la imperiosa necesidad de recuperar nuestras herramientas de lucha de manos de las conducciones burocráticas que quieren descomprimir las peleas. Así como la COB traiciona para dejar pasar el plan de ajuste, en estos días en Argentina se viralizó en redes sociales un meme donde se intenta resucitar vía RCP a la prácticamente moribunda CGT, alineada al peronismo, que durante estos dos años y medio (y antes también) dejó pasar todos los ataques de Milei.
En Argentina hay una parada importante en unos pocos días. Rodear el Congreso Nacional contra la reforma laboral y la ley de glaciares. Ser miles en la calles e imponer a las burocracias, con la fuerza de los trabajadores, un plan de lucha contra este ataque que se enmarca en una guerra de clases declarada por el gobierno de Milei, el FMI y los empresarios, bajo la tutela de Trump.
En un mundo convulsionado y en el marco de una fuerte disputa imperialista, Estados Unidos profundiza su intención de que América Latina sea su patio trasero. Es por eso que tenemos como tarea fundamental levantarnos contra la injerencia imperialista. Pero no solo para enfrentar los decretos de Paz en Bolivia y la reforma laboral en Argentina; queremos pelear por nuestros derechos laborales, por trabajar menos y poder cubrir la canasta básica; por tener acceso a una educación de calidad; para que no nos destruyan el planeta reventando los bienes comunes naturales y fugándose todas las divisas; para que nuestros abuelos no pasen hambre después de laburar toda la vida y por una salud de calidad para todos. Peleamos por otro futuro posible y en el mundo hay muestras de cómo dar esa pelea, Ya que tenemos los mismos enemigos. En toda América Latina empeoran nuestras condiciones de vida y se llenan de guita a costa de nuestras tierras los mismos que en Palestina perpetúan un genocidio a cielo abiertoy los mismos que bombardean Venezuela y asesinan sin descaro en operativos antiinmigrantes como hace ICE, la Gestapo de Trump en Estados Unidos.
Por eso desde la Corriente Revolución Permanente construimos organizaciones revolucionarias internacionalistas, como la LOR-CI en Bolivia, el PTS en Argentina, y en otros tantos países de latinoamérica, porque nos une la pelea contra el maldito imperialismo que nos quieren ahogar en la dependencia, sumergiendo a todos los de abajo a una vida de miseria. Pero no lo vamos a permitir. Por eso venimos levantando la política de impulsar un fuerte paro continental, y con la fuerza de la clase obrera hacer temblar a quienes quieren que América Latina sea su patio trasero. Y sabemos que fuerza hay. Lo muestra la heróica pelea que dió el pueblo boliviano, lo muestra la fuerza de los laburantes que en Argentina se levantan por sus puestos de laburo, lo muestran las enormes movilizaciones de la juventud que recorren el mundo por el alto al genocidio en Palestina. Incluso en el propio corazon de Estados Unidos los inmigrantes lationos y negros se levantan contra la persecusión y represión. Por eso en cada país impulsamos todo tipo de instancias donde poder debatir cómo organizar esa fuerza. Queremos pelear por un programa que abra el camino a un gobierno de los trabajadores y a la unidad socialista de toda Latinoamérica contra el imperialismo yankee, los grandes empresarios, el FMI y todos sus cómplices.



