OpiniónPolítica

Campañas millonarias, vacías de proyecto: El espejismo electoral de Manfred, Samuel y Tuto

13 de agosto de 2025

En medio del clima preelectoral, es evidente la desproporción y omnipresencia de las campañas de figuras como Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga. Anuncios en todos los medios, repeticiones constantes, promesas recicladas. Pero detrás del derroche publicitario, lo que reina es el vacío de propuesta y la saturación ciudadana.
Los tres insisten en reposicionarse políticamente, apelando al olvido, como si los años borraran la memoria colectiva. Sin embargo, la ciudadanía boliviana ya no es la misma de antes: está más informada, más crítica y menos dispuesta a tragarse discursos prefabricados. Lo que hoy se percibe no es esperanza ni convicción, sino hastío y desconfianza.
Ni Manfred, ni Samuel, ni Tuto representan partidos orgánicos ni ideologías coherentes. Son proyectos personales sostenidos por agrupaciones ciudadanas de alquiler, que mutan de nombre, color y discurso según convenga. Carecen de estructura sólida y de un modelo claro de Estado. No presentan propuestas integrales, sino eslóganes vacíos como “reactivar la economía” o “rescatar la democracia”, sin contenido técnico, social ni ético.
En los hechos, los tres comparten la misma visión: privatizar, reducir el rol del Estado, entregar el país al capital extranjero. Son herederos directos del modelo neoliberal que en la década del 90 desmanteló el aparato estatal, vendió empresas estratégicas a precio de saldo y profundizó la desigualdad. Un modelo que estalló en 2003, cuando el pueblo —cansado de exclusión— salió a las calles a recuperar su soberanía.
Tuto, en particular, fue uno de los operadores clave de aquel modelo entreguista. Como vicepresidente de Banzer y luego como presidente transitorio, avaló políticas que empobrecieron al país. Samuel se benefició de la ola de privatizaciones, y Manfred gobernó sin capacidad de gestión estructural. ¿Hoy quieren convencernos de que son “la nueva solución”? La memoria histórica es más fuerte que cualquier campaña de marketing.
Por eso, gastar millones en propaganda no basta cuando lo que se ofrece es más de lo mismo que ya fracasó. La política no se construye desde pantallas, sino desde proyectos claros, con vocación democrática y justicia social. Bolivia no necesita rostros reciclados: necesita visión, honestidad y compromiso real con el pueblo.

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