24 de julio de 2025
Lo que hemos presenciado en las últimas semanas a través de la televisión boliviana no es otra cosa que un espectáculo macabro de la política nacional en su máxima expresión de cinismo y desconexión social. Las “propuestas” que presentan las actuales fuerzas políticas no son más que discursos improvisados, con el único objetivo de sostener un sistema que ya no representa al pueblo. No es un error: es una estrategia. Intentan controlar el discurso público y consolidar un relato único sobre lo que supuestamente necesita Bolivia.
Los medios hegemónicos repiten el mismo libreto: insisten que el gran problema nacional es económico. Pero reducir la crisis del país a un simple debate económico es una forma de manipulación. Bolivia no enfrenta una sola crisis, sino una multicrisis. Una crisis estructural, profunda y simultánea: crisis política, social, económica, institucional y ética, todas alimentándose entre sí.
El núcleo del problema es claro: la estructura política partidaria está agotada. La representación popular ha dejado de existir. No es casual que más del 30% del electorado hoy se declare indeciso. ¿Qué alternativas reales tiene ese electorado si ninguna de las opciones responde a las necesidades del país?
En artículos previos señalé cómo la corrupción ha dejado de ser una excepción para convertirse en el modelo de funcionamiento cotidiano en esta clase política. Vivimos en una institucionalidad capturada, donde el cinismo es la norma. El negocio político depende de mantener al pueblo distraído, porque saben que un pueblo consciente les pondría fin.
A esto se suma una maquinaria aún más peligrosa: la “encuestología”. Un mecanismo de manipulación sistemática orquestado por los grandes medios de comunicación. Estos medios producen, interpretan y difunden encuestas que aparentan ser diagnósticos objetivos, cuando en realidad son construcciones interesadas que moldean la percepción pública y reducen el debate a un juego cerrado. A través de cifras que nadie fiscaliza, los medios manipulan la realidad social, consolidando el poder de los mismos grupos económicos y políticos.
¿Dónde queda el debate estructural que Bolivia necesita? Nadie quiere hablar de ello. Ni los partidos ni sus candidatos. El país requiere con urgencia reconstruir su institucionalidad. Exigimos un Estado donde el servicio público esté basado en la formación profesional, la meritocracia y la independencia política. Un Estado autónomo respecto de los intereses partidarios y corporativos.
Del mismo modo, urge reconstruir los espacios de representación popular. La gente necesita voces reales en las instancias de decisión. Hoy, las mayorías están huérfanas políticamente. Sus “representantes” solo representan los pactos internos del poder.
Si el debate político no se eleva hacia lo estructural, Bolivia seguirá atrapada. Porque sin resolver la multicrisis de fondo —y su dimensión política e institucional— seguiremos postergando los temas que realmente importan: la economía, sí, pero también el medioambiente, la educación, la justicia social, la salud y todos los derechos que hoy están congelados.
El pueblo boliviano está esperando. Está cansado. Ya no acepta más distracciones ni espectáculos mediáticos. Es hora de exigir un discurso político serio, un debate de altura y acciones concretas.
Porque Bolivia no puede seguir secuestrada. Ni por una clase política sin ética ni proyecto. Ni por unos medios de comunicación que manipulan nuestra realidad y nuestras posibilidades de futuro.
Andrés Mallo Sandoval
Activista de Derechos Humanos



