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¿𝟵 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝟭𝟬 𝗯𝗼𝗹𝗶𝘃𝗶𝗮𝗻𝗼𝘀 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗰𝗲𝗹𝘂𝗹𝗮𝗿?
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75,2% de las personas tiene celular de uso personal
☞ Es decir, 7 de cada 10, no 9 de cada 10
☞ 76,5% del total
☞ 23,5% del total
☞ En área rural, del 23,5% que tiene celular,
☞ 12,3% no puede conectarse a internet.
☞ Es decir, no son smartphones

Se ha difundido bastante este dato: alrededor del 76,3% de los hogares tiene acceso a internet, según el Censo 2024. Pero ese número tiene un problema de fondo: mezcla dos preguntas, dos cosas que no son lo mismo. El internet fijo en la vivienda y el internet móvil, es decir, los megas o datos del celular.
Y eso cambia completamente cómo leemos la situación. Porque el internet fijo sí implica una conexión estable en el hogar, mientras que el internet móvil puede ser simplemente un celular con megas, que no necesariamente funciona como módem ni permite un acceso continuo o compartido dentro de la casa.
Si uno separa los datos, la realidad es otra. El acceso a internet fijo es mucho más bajo, sobre todo en el área rural: apenas alrededor del 4,5%, frente a más del 55% en el área urbana. Entonces, lo que se presenta como «acceso a internet» depende, en gran medida, de conexiones móviles: más limitadas, más inestables y muchas veces de uso estrictamente personal.
Y ahí es donde aparece el problema de fondo. Las brechas digitales no son solo tecnológicas. La expansión de antenas y radiobases responde a una lógica clara: si no es rentable, las empresas privadas no invierten. En áreas rurales eso se traduce en cobertura débil, mala calidad o directamente ausencia de señal. Y donde el Estado o la empresa estatal deberían cubrir ese vacío, tampoco ha sido suficiente.
En ese contexto, decir que la brecha digital se resolvió con un acuerdo del gobierno con Starlink es no entender el problema. No se trata solo de que exista la tecnología, sino de quién puede pagarla. ¿Quién va a sostener ese costo mes a mes?
Las brechas digitales son estructurales. Son sociales. El 81,4% de las personas sin ningún nivel educativo no usa internet, y más de la mitad de quienes solo tienen primaria tampoco.
Pero la brecha más dura es la económica. El 36,7% de la población con ingresos menores a 2.000 bolivianos no puede ser usuaria de internet. Y eso es lo central: incluso donde hay señal, el acceso depende de poder pagarla de manera sostenida.
Porque en el campo no se siembran datos ni se cosechan recargas. El acceso se compra. Y cuando el ingreso no alcanza, la conectividad deja de ser una posibilidad real. No es un derecho. Es un privilegio.
Wilmer Machaca



