4 de mayo de 2026
Paz cree que están conspirando en contra de su gobierno, y sin embargo se trata solo de desgaste del oficialismo que se hunde en sus propias contradicciones, mientras el país exige respuestas urgentes y dignidad.
Hay que ser muy cínicos para hablar de una conspiración destinada a tumbar al oficialismo, cuando son ellos mismos quienes están provocando una profunda crisis en el Estado. Han pulverizado la credibilidad de la ciudadanía y quebrado la confianza pública con un discurso presidencial repetitivo, vacío y desconectado de la realidad.
“Bolivia, Bolivia, Bolivia”, “Dios y la patria primero”. Hoy tenemos un «Estado tranca», un «Estado cloaca». «En 20 años han rifado el país»¡! consignas que suenan a fanfarroneria. Ese absurdo lenguaje que todos sus colaboradores repiten desde hace seis meses, nos deja encabritados¡!
Mientras tanto, los campesinos de las tierras bajas reclaman justicia frente a la Ley 1720; los trabajadores, a través de la COB, presentan un pliego petitorio extenso que empieza por algo básico, respeto a la CPE.
El gobierno de Paz, en seis meses, no ha logrado nada concreto para el país. Ni una sola obra relevante, ni una propuesta seria para el desarrollo productivo. Su único libreto es repetir “no hay platita”, mientras incrementa el presupuesto salarial del Ejecutivo. Reduce impuestos a la oligarquía empresarial y solo habla de préstamos y más préstamos.
Los escándalos se acumulan, narcomaletas, narcoavión, narcomadera. En apenas medio año, el país ha sido sacudido por denuncias graves y constantes. A eso se suman decretos anticonstitucionales, tensiones con el vicepresidente Lara y, como cereza de la torta, el anuncio del ministro Espinoza sobre una inminente subida del precio de la gasolina.
Todo esto ocurre cuando uno de los principales conflictos recientes gira precisamente en torno al alza de los combustibles y la comercialización de gasolina basura, bajo contratos lesivos para el Estado.
En tan poco tiempo, ya vemos renuncias de autoridades y ninguna señal clara de solución. ¿Y aún se atreven a hablar de conspiración? ¿Acaso es la población la que genera estas denuncias?
Lo más grave, el asesinato de un juez del Tribunal Agroindustrial. Se habla de sicarios, de mafias. En seis meses, el país ha entrado en una espiral preocupante. Mientras ellos hacen reuniones entre cívicos, y autoridades de Santa Cruz, donde no participaron las Fuerzas Armadas como principales responsables de la seguridad. El temor avanza, al grado que empezaron a vestir chalecos antibalas, como señal que el peligro está dentro de las propias instituciones.
Este gobierno, por su propio sendero, está en caída libre. Y en eso no tienen nada que ver la COB, ni las organizaciones sociales, ni el ciudadano de a pie, mucho menos. Las decisiones son suyas, y los problemas que generan, también.
Y aun así, insisten en culpar de todo al MAS. Hasta se atrevieron hacer teatro con denuncias absurdas como oficinas con muebles en instalaciones del aeropuerto, y en YPFB señalando que son de luuuujo¡! Seguramente por la compra de «enseres, adornitos y muebles» el país está quebrado¡! Ese relato ya no convence a nadie.
Bolivia va rumbo al despeñadero, y es lógico que la población, ante tanta ineficiencia, incapacidad, engaño, y corrupción pida la renuncia del Presidente, antes que sea demasiado tarde, y la situación del país se agrave.
Con toda las lecciones que nos da la historia, al final de cuentas, quién pagan siempre los platos rotos, es el pueblo. Mientras los culpables vuelven a su cómoda vida.
¿Cuadra o no cuadra? Confieso que estoy lucida¡! Nada es invento mio, y les aseguro que no estoy fanfarroneando, todo es de conocimiento público.
Por Koba Milenaria



