La restauración reaccionaria bendecida por la Biblia y el capital
La posesión presidencial, y el nombramiento de su gabinete de ministros, muestra un programa abiertamente proempresarial, agroindustrial y clerical. Paz promete “capitalismo para todos” y “unidad nacional”, mientras borra los símbolos plurinacionales y ofrece el país al capital extranjero de la mano del imperialismo estadounidense.
10 de noviembre de 2025
Ya durante la campaña y en sus discursos, tanto Paz como Lara, adelantaban que su gobierno avanzaría con una restauración conservadora, apelando a la “unidad nacional”, la “fe” y la “reconciliación” para legitimar una ofensiva contra las conquistas sociales y democráticas de los últimos años. Conquistas que fueron arrancadas e impuestas al gobierno del MAS gracias a la lucha de las y los trabajadores, los sectores populares, campesinos e indígenas durante las guerras del Agua, del Gas y todas las movilizaciones que explusaron a Goni del país.
La escena fue elocuente: la wiphala retirada de la banda presidencial, la restauración de la Biblia y el crucifijo, curas bendiciendo en la puerta de la catedral. Con esa puesta en escena —de restauración simbólica y política— Paz y Lara asumieron el gobierno presentándose como herederos del “orden”, la “fe” y la “familia”.
Mientras Paz saludaba primero a Javier Milei y hablaba de “abrir Bolivia al mundo”, Lara apelaba a “la unidad del obrero y el empresario”. Ninguna palabra sobre los pueblos indígenas y campesinos, ni una sola wiphala ondeando en los balcones del Palacio. En su alocución Lara se refirió a los movimientos sociales, paradójicamente, fueron los grandes ausentes en la posesión.
Del “Estado tranca” al “capitalismo para todos”
El nuevo presidente inició su discurso con un tono religioso: “bendecidos por la lluvia de la Pachamama”, dijo, aunque rápidamente cambió el sentido indígena de la metáfora por una idea de “limpieza moral”. Desde ahí desplegó un relato que mezcla, neoliberalismo clásico y populismo conservador:
“Nunca más viviremos un secuestro ideológico”, aseguró, prometiendo respetar la propiedad privada, lo repitió tres veces, abrir la economía, atraer inversiones y bajar aranceles.
Paz se presenta como el gestor que “liberará” al país del “Estado tranca”, en nombre de una supuesta “modernización” capitalista y de un “nuevo pacto de unidad” para el bicentenario. En realidad, plantea una agenda de profundización neoliberal: privatización, subordinación a los capitales extranjeros y avance sobre derechos conquistados.
Pero detrás de las palabras altisonantes, el discurso fue vacío y retórico, sin un programa económico concreto más allá del dogma y la receta proempresarial. Lo único “sustantivo” son las señales que ya dio: liberación de Áñez, retiro de la wiphala y restablecimiento de relaciones con Washington. Es decir, un giro reaccionario en los hechos más que en las palabras.
Símbolos de una contrarreforma política
Cada gesto del acto fue un mensaje político:
● La wiphala suprimida de la banda presidencial y de la fachada del Palacio y el cambio del reloj con la hora del sur.
● La entrega de los bastones de mando: a las Fuerzas Armadas, la Iglesia y la Policía, mientras los pueblos originarios fueron apenas una nota decorativa.
● La bendición eclesiástica en la puerta de la catedral, celebrada con deferencia.
No se trató solo de un cambio de gobierno: fue la escenificación del retorno de la vieja república criolla oligárquica y católica, maquillada de “verde” y “moderna”, con un discurso de “bioenergías” y “gobierno verde” que encubre la continuidad extractivista al capital extranjero.
A este cuadro se suma una Asamblea Legislativa sin oposición, un parlamento dócil, sin voces disidentes, que asegura a Paz y Lara gobernar sin contrapesos mientras impulsan su plan de restauración conservadora y clerical.
Un proyecto reaccionario continental
En el plano internacional, la ceremonia dejó ver las alianzas y los límites del nuevo gobierno. Paz saludó primero a Milei, se mostró cercano a la línea del ultraliberalismo continental y reivindicó la “alianza del sur del continente” con gobiernos como los de Argentina, Chile, Ecuador y Paraguay. Sin embargo, la representación internacional fue débil: salvo Boric, Milei, Noboa y Peña, el resto de delegaciones eran de segundo orden, incluido el propio Landau, funcionario menor del Departamento de Estado de Estados Unidos.
La admiración al “pueblo israelita” y la comparación con Moisés fue lo más revelador del discurso: una apelación mesiánica que liga su proyecto con la retórica sionista y colonialista que hoy se extiende en la derecha global.
La “unidad nacional” como tapadera de la conciliación de clases
El llamado de Lara a que “obreros y empresarios, campesinos y policías” se unan bajo una misma bandera, al igual que el “extinto” MAS», es el núcleo ideológico del nuevo régimen en clave conservadora.
Bajo el discurso de la “unidad”, se busca desactivar la resistencia obrera y popular frente al ajuste que ya preparan. Como en Argentina con Milei o en El Salvador con Bukele, la “batalla cultural” de Paz se apoya en el miedo, el orden y la religión.
Vienen por los derechos. Organicémonos para enfrentarlos
Se abre una etapa de riesgo para los derechos democráticos, sociales y de las mujeres y disidencias. El nuevo gobierno pretende imponer un consenso reaccionario que combine represión y clericalismo al servicio de profundizar la entrega de nuestros bienes comunes naturales y la privatización de las empresas estatales.
Frente a este avance, desde la LOR-CI, que lucha por un PTR «Partido de lxs Trabajadores Revolucionarixs» planteamos que no hay nada que esperar de un gobierno que asume en nombre de los empresarios, la Iglesia, la Policía y las Fuerzas Armadas.
Es necesario construir una alternativa política de la clase trabajadora, independiente de toda variante reformista, que unifique las luchas obreras, indígenas, campesinas, de la juventud, del movimiento de mujeres, feministas y de las disidencias y diversidades sexuales y de género bajo un programa socialista y revolucionario.
Oponemos al “capitalismo para todos” de Paz y Lara la perspectiva de un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo, que sobre la base de nuestras propias formas de autoorganización inicie la construcción del socialismo desde abajo contra los ricos y el empresariado. ¡Basta de que la crisis la paguen las familias trabajadoras del campo y la ciudad!
Por Emilia Rodríguez



