OpiniónPolítica

LA IDEOLOGÍA NO DA DE COMER

UNA FRASE PELIGROSA Y UN INSULTO A LA INTELIGENCIA

28 de enero de 2026

Cuando un presidente dice que “la ideología no da de comer”, suena pragmático. Pero en realidad es una afirmación política, filosófica y jurídicamente peligrosa y altamente interesada para callar al pueblo.
Porque toda decisión de Estado parte de una ideología, aunque no se la nombre.
• Decidir priorizar mercado o derechos sociales es ideológico.
• Definir quién paga impuestos y quién recibe protección estatal es ideológico.
• Establecer si el Estado protege a los débiles o a los fuertes es ideológico.
Decir que la ideología no importa es vender la ilusión de neutralidad, pero la neutralidad no existe en política. Cuando el Estado renuncia a un proyecto de valores, alguien más ocupa ese lugar:
• los poderes económicos
• los intereses corporativos
• las élites con capacidad de presión
El Estado de Derecho no es técnico, es moral y político.
Se basa en ideas: dignidad, igualdad, justicia, derechos. Eso es ideología en sentido noble: una visión de sociedad.
La historia lo demuestra:
El Estado de bienestar europeo, el New Deal, las democracias sociales… fueron proyectos ideológicos que sí dieron de comer, porque vincularon economía con derechos.
• Un Estado sin ideología clara no es moderno, es débil.
• No es práctico, es administrador de intereses ajenos.
• No es eficiente, es vulnerable a la captura del poder económico.
Sin valores que orienten las decisiones públicas, la política se vuelve simple gerencia.
Y cuando la política se vacía de sentido, el Estado de Derecho se convierte en un cascarón legal sin justicia real.
No se trata de discursos vacíos.
Se trata de qué país se construye, para quién, y con qué principios.
Porque sin ideología que defienda el bien común, lo que queda no es progreso:
es deriva.
Con claridad ideológica, el gobierno actual se encuentra alineado de manera servil con las élites empresariales y los grupos de poder económico. Su orientación programática no incorpora en ningún nivel un horizonte de justicia social, redistribución ni equidad estructural. Por el contrario, impulsa —mediante decretos anticonstitucionales— un andamiaje normativo destinado a legalizar privilegios históricos de la oligarquía, consolidando así un modelo excluyente.
Lejos de promover un proyecto de desarrollo nacional soberano, productivo e inclusivo, su accionar responde a una lógica de restauración conservadora, subordinada a los intereses del capital concentrado. Esta postura revela una identificación evidente con una ideología de derecha neoliberal, caracterizada por la mercantilización de derechos, el debilitamiento del rol social del Estado y la priorización del mercado por encima del bienestar colectivo.
En este marco, el discurso oficial de Paz se presenta como un recurso retórico vacío, instrumental y oportunista, utilizado para desmovilizar la crítica social mientras se profundizan desigualdades y se restringen derechos. No se trata de una paz con justicia, sino de una narrativa funcional al orden establecido, que busca legitimidad simbólica mientras se implementan políticas antipopulares.
Por Koba Milenaria

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