OpiniónPolítica

LA FACTURA POPULAR DEL GOBIERNO EMPRESARIAL.

19 de mayo de 2026
La victoria de Rodrigo Paz y Edman Lara en las elecciones nacionales de 2025 fue presentada por los medios y las élites como el “gran cambio democrático”. Un supuesto accidente político que terminó sepultando a la vieja derecha reciclada de Tuto Quiroga, representante histórico de las transnacionales, los empresarios del oriente y la política de escritorio hecha para embajadas y no para el pueblo.
Pero la realidad política boliviana nunca funciona por casualidades. Lo que hoy vive Bolivia no es casualidad, es causalidad histórica y social.
Rodrigo Paz tiene que entender, si es que todavía no se lo explicaron sus asesores importados, que no llegó al gobierno gracias a los empresarios que hoy desayunan con ministros y cenan con banqueros. Llegó al poder por el voto del occidente popular: aymaras, quechuas, campesinos, trabajadores, gremiales y sectores humildes de La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba e incluso Pando. Fueron las clases populares las que le abrieron las puertas del Palacio, creyendo que tal vez esta vez el gobierno gobernaría para los de abajo y no para los dueños del país.
¿Y qué hizo el llamado “Pollo Español” una vez sentado en el poder? Exactamente lo que hacen todos los gobiernos que llegan hablando de pueblo y terminan administrando para los ricos: gobernar para el empresario mientras le piden sacrificio al pobre.
Primero aparecieron los “alivios tributarios”, porque aparentemente el verdadero sector vulnerable en Bolivia son los millonarios con deudas superiores a 10 millones. Claro, porque el campesino apenas debe semillas, el obrero debe al banco, y el gremialista debe hasta la vida… pero el Estado decidió salvar al gran empresario. Prioridades revolucionarias del nuevo modelo.
Después eliminaron la subvención de combustibles con el discurso técnico del “sinceramiento económico”, aunque el único sinceramiento que vio el pueblo fue el incremento del costo de vida y gasolina de pésima calidad. Nos dijeron que el sacrificio era por Bolivia, pero curiosamente los que siempre sacrifican algo son los mismos: el trabajador, el campesino y la clase popular.
Como si fuera poco, aprobaron normas que amenazan la pequeña propiedad agraria familiar, ese único patrimonio construido durante décadas de esfuerzo por familias humildes. Mientras tanto, las grandes fortunas siguen blindadas, intocables y protegidas por el mismo Estado que habla de austeridad para el pueblo y de incentivos para los poderosos.
Por eso las movilizaciones, bloqueos y protestas que hoy recorren Bolivia no nacen de un capricho ni de una conspiración. Nacen del cansancio popular. El pueblo está harto de que cada crisis económica termine descargándose sobre sus espaldas mientras los empresarios reciben beneficios, perdonazos y privilegios.
La ironía política es brutal: el mismo pueblo que llevó a Rodrigo Paz al gobierno hoy sale a las calles a pedir su cabeza. Porque cuando un gobierno olvida quién lo hizo presidente y empieza a gobernar para las élites, deja de ser esperanza y se convierte simplemente en otro administrador de la desigualdad.

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