Opinión

El reloj del sur

6 de noviembre de 2025
El Reloj del Sur, instalado en la Plaza Murillo durante el gobierno de Evo Morales, no era sólo un artefacto mecánico. Era un símbolo. Al invertir el sentido de las agujas, aquel reloj rompía con la noción eurocéntrica del tiempo lineal y dominante. Representaba un acto de rebeldía epistemológica: un gesto que decía que el Sur también podía marcar su propio tiempo, pensar desde su propio horizonte y no simplemente reproducir el compás del Norte.
Su lógica era simple pero profunda: el tiempo del Sur no avanza al ritmo de Londres ni de París, sino al de los Andes, al del pachakuti, el tiempo cíclico y regenerador de las culturas originarias. En su giro invertido, ese reloj invertía también la dirección de la subordinación histórica: era una metáfora política de la descolonización.
Hoy, al volverlo como cualquier otro reloj común y corriente del mundo, no sólo se ha modificado una maquinaria; se ha producido un acto simbólico de restauración del orden.
El Sur vuelve a girar hacia el Norte.
El tiempo vuelve a ser lineal, occidental, disciplinado.
El reloj vuelve a ser instrumento del sistema, no signo de resistencia.
Desde la filosofía política, este cambio puede leerse como un acto de resignificación involutiva: se abandona la idea de un tiempo plural, de una modernidad alternativa, para retornar al tiempo único del capitalismo global.
Lo que fue una provocación simbólica frente al dominio del tiempo hegemónico, ese que mide la productividad, el consumo y el progreso en términos ajenos, se disuelve ahora en la uniformidad del mercado.
En términos más hondos, el reloj remodelado expresa una claudicación ontológica: se deja de pensar el tiempo como Pacha, como totalidad viva, para volver al tiempo como cronómetro. Es el paso del tiempo sagrado al tiempo útil, del tiempo de la comunidad al tiempo de la administración.
Y en el corazón del poder boliviano, la Plaza Murillo, esa transición no es casual: significa la reconciliación del Estado con la lógica global, con la homogeneización simbólica que el capitalismo exige.
El reloj ya no marca el Sur: marca la rendición del Sur.
Por Gabriel Villalba Pérez

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