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El mundo en vilo

5 de enero de 2026
Lo de Venezuela tiene en vilo al mundo, tanto por la gravedad de la infame intervención militar norteamericana, como por el extraño desarrollo de los acontecimientos de la madrugada a esta noche. Sin duda la más inquietante de estas extrañezas, es la tensa calma nacional e internacional que imperó durante la invasión, hasta este momento. El sobrevuelo tranquilo de helicópteros de EEUU a baja altura en el cielo de Caracas, la casi imperceptible reacción militar venezolana y la falta de custodia sobre Maduro no era algo esperable. Al contrario, se esperaba mínimamente un despliegue aguerrido de la llamada «alianza cívico militar» bolivariana. Como alguien dijo, la falta de destrozos parecen síntoma de ausencia de resistencia. Y como tantas veces pasa, las expectativas no parecen estar respondiendo a la realidad.
Es por ello que ya no son pocas las voces que ven indicios de traiciones y pactos, principalmente de los altos mandos militares venezolanos, de otros líderes chavistas. Como tampoco es descartable que exista un gran componente de incompetencia. Con todo, deja una sensación muy palpable de vulnerabilidad militar de la región.
También algo puede ser dicho sobre las interrogantes que dejan los grandes aliados, en particular China y Rusia, potencias sobre las cuales en demasiadas ocasiones descansamos los latinoamericanos la tranquilidad de que serán el freno contra nuestro histórico invasor del norte. La respuesta de los aliados, hasta el momento, no supera los márgenes de la condena exclusivamente diplomática. Reacción suave que contrasta con un escenario de inflexión histórica para la región latinoamericana, que puede poner en riesgo importantes intereses de aquellas potencias. La diplomacia puede estar operando lejos de los medios, con una delicadeza propia de quien desactiva una bomba. La escalada, el «mundo multipolar», haría valer su presencia cuando se agoten otros mecanismos. Pero también está abierta la posibilidad de que los intereses sobre Venezuela palidecen en relación a problemas regionales propios como Ucrania o Taiwan. Que quizás los grandes aliados no ven con tan malos ojos la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, difundida en diciembre del 2025, en la cual se hace explícito el abandono de una doctrina globalista, para retornar a la Doctrina Monroe, con enfoque exclusivo en América Latina y Occidente. Dándoles a los aliados un mayor margen de maniobra en regiones de mayor interés.
Así pues, si hubiera que caracterizar estas tensas horas, podría ser que existe ya una absoluta claridad, como confesó Trump y el mismo documento de la Casa Blanca antes referenciado, que el objetivo es la toma absoluta y sin mediaciones del petróleo venezolano. Pero lo que no podemos responder y estamos ansiosos por saber es cuál es el camino, la ruta, para llegar de aquí en adelante a este objetivo.¿El derrocamiento? ¿La guerra civil? ¿Transición pactada? ¿Disputa internacional? He ahí ahora la gran pregunta.
Sea como sea, en lo que se esclarece un panorama en suspenso, para América Latina hay algunos elementos que son importante ya considerar para calibrar nuestras perspectivas y estrategias políticas.
1.
Haya o no capitulación, traición o no, América Latina hoy depende de la resistencia civil venezolana y lo que quede de su alianza con los militares. Si Trump sale campante y sin consecuencias de su temeraria aventura colonialista, queda asentado, más allá de los reclamos, la nueva relación entre los países de América Latina con Estados Unidos. Roto cualquier atisbo sobrante de derecho internacional, diplomacia y mínima simulación de respeto mutuo, se habrá normalizado este tipo de infame intervencionismo que solo observábamos en otras regiones del mundo y que pensamos no llegaría aquí. Por ello, hoy descansamos nuestro futuro en la resistencia civil venezolana, a la cual debemos asistir con todos los medios posibles. Es en ella donde creo ahora reside la esperanza de estos duros momentos.
2.
Las recientes aprobaciones congresales en Perú y Paraguay -promovidas por gobiernos de derecha- de ingreso de tropas armadas norteamericanas a sus países, el intento de Ecuador de hacer lo propio y el anuncio del retorno de la DEA a Bolivia, debe despejar cualquier duda de «cuál es la tirada». Estados Unidos no va apostar por la vía democrática y está exhibiendo una agresividad y resolución que no se observaba en muchas décadas. El control regional y sus recursos pasa por los militar y dando la espalda al derecho internacional. La democracia es solo una alternativa más. Por lo cual fuerzas políticas opuestas a este proceso colonial deben ya adecuarse a esta nueva realidad, inaugurada con este punto de inflexión. Para Bolivia eso debe ayudar a despejar algunas lecturas institucionalistas que pretenden entender el gobierno de Paz. Su falta de fuerza política interna (minoria congresal, falta de apoyo electoral, etc) puede ser suplida por el empuje exterior.
3.
El descaro, el cinismo y la barbarie que exhibe Trump y su administración descoloca a las resistencias tradicionales progresistas y de izquierdas, desarmadas de sus argumentos morales – propios de un tiempo que ya pasó – para criticar a su enemigo. Pero este efecto no es para siempre. La forma serpentina y velada de los antecesores de Trump para consolidar otras campañas imperiales tenía su razón de ser: el abuso, la humillación, el desprecio a la ética, el uso constante de violencia, tiene su precio. Y por lo pronto, el precio político es que estos actos infames cohesionarán la resistencia latinoamericana y le dará vientos a las banderas de las resistencia antiimperialista, que hace tiempo quedaron vacías de significado. Cuándo será suficiente no se puede saber, pero la resistencia es inevitable. Por ello, confiar en los procesos regionales, tejerlos e impulsarlos con la mayor seriedad histórica, debe marcar nuestro momento.
Andrés Huanca Rodrígues

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