Crisis económica y proscripción electoral
El gobierno y la derecha neoliberal avanzan en un proceso electoral antidemocrático y derechizado. La crisis económica se profundiza y con ella los ataques y ajustes a la economía popular. Para enfrentar a la derecha, la proscripción electoral y los planes de ajuste y privatización, debemos avanzar en la unidad democrática y la movilización independiente. Organicemos un “Gran Encuentro Obrero, Campesino y Popular” para reagrupar las fuerzas.
30 de julio de 2025
Después de que el evismo suspendiera las movilizaciones contra la proscripción de Morales, ante la violencia sucedida en Llallagua, lo que en un principio parecía ser un primer round en las movilizaciones anunciadas se terminó transformando en una derrota del evismo que pareciera haberse resignado a su exclusión electoral. Con esto, las elecciones del 17 de agosto serán una de las más antidemocráticas en décadas. Esto es el resultado de una combinación de factores nacionales, así como factores internacionales que desde el golpe de estado del 2019 no han dejado de acelerarse.
Hoy el escenario central de toda la campaña electoral viene siendo hegemonizado por las formaciones de derecha, las cuales actúan como si ya hubieran ganado el proceso electoral. Lo hacen con intenciones de voto que no superan el 18% según las últimas encuestas, pero confiados que con la proscripción de Morales habrían eliminado al principal competidor electoral. Los rumores, rápidamente desmentidos, de la renuncia de Hassenteufel, presidente en ejercicio del Órgano Electoral y reconocido representante de los intereses estadounidenses en el país, pone en evidencia la fragilidad del conjunto del proceso, flanqueado no solo por los rumores hábilmente difundidos sobre la posibilidad de fraude en caso de ganar alguna de las fracciones del MAS revela la voluntad política de desconocer los resultados si alguna de las formaciones de la oposición de derecha no alcanza el triunfo.
Imperialismo, democracias degradadas y proscripción electoral
La proscripción de Evo Morales es la culminación de una compleja combinación de diversos factores, varios de los cuales tienen un origen de larga data, pero que se agravaron y aceleraron luego del golpe de Estado y las masacres de Senkata, Sacaba y Ovejuyo, abriendo una profunda crisis al interior del MAS, crisis que terminó trasladándose al gobierno y más en general al conjunto del Estado.
Bolivia cursa un proceso electoral con una enorme crisis de representatividad, teñido de gran inconformidad social y de carácter altamente antidemocrático. Su carácter proscriptivo inicia con la Ley de partidos Políticos, misma que fuera aprobada por el propio Morales el año 2018, que dificultó aún más que en el pasado la obtención de nuevas personarías jurídicas haciendo imposible la presentación de alternativas independientes que no cuenten con los enormes presupuestos requeridos para garantizar maniobras como pagar para falsear datos de inscripción de militancia o comprar siglas a precios exorbitantes. Son prácticas a las que solo pueden acceder fracciones vinculadas a las clases dominantes para conseguir una sigla electoral.
No bastando esto, siguiendo las tendencias bonapartistas regionales de usar las instituciones estatales en clave represiva y proscriptiva, el gobierno de Arce, en bloque con la derecha tradicional, logró imponer una derrota al evismo, anulando la posibilidad de candidatura a uno de los representantes con mayor intención de voto a nivel nacional, según pasadas encuestas. La pasada represión con militarización desplegada en Llallagua y Parotani en Cochabamba para sofocar las movilizaciones por la candidatura de Morales, dan cuenta de hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno no solamente contra quien hasta hace poco Luis Arce no tenía ningún inconveniente en compartir sigla y militancia, sino que es un advertencia sobre cómo puede actuar el Estado contra las expresiones de protesta. Vemos cómo las prácticas impulsadas por Evo Morales en sus gobiernos, de utilizar los mecanismos judiciales para eliminar eventuales opositores políticos, como en las elecciones en Beni el 2014, hoy son usadas en su contra.
Pero esto responde también a factores internacionales, que desde el golpe en adelante empiezan a tener destacada influencia. Hay una tendencia regional proscriptiva que es resultado de una creciente presión imperialista, alentada por Trump y sus esfuerzos de imponer en el conjunto del continente nuevas reglas para garantizar gobiernos completamente afines. Así, no es mera coincidencia que desde el golpe de Estado parlamentario contra Dilma Rousseff y el posterior encarcelamiento de Lula, las políticas proscriptivas que limitan de forma creciente el alcance de la llamada “soberanía popular” se han generalizado. Muestras de ello son el golpe congresal contra Castillo en Perú y su encarcelamiento, el golpe de Estado en Bolivia el 2019 y ahora la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y de Evo Morales en Bolivia, mientras tantean los esfuerzos para un impechment a Petro en Colombia.
La presión imperialista en las últimas semanas ha dado un salto luego de que Trump anunciara nuevos aranceles contra Brasil por el proceso contra Bolsonaro, o las últimas declaraciones del nuevo embajador de EE.UU. en Argentina, Peter Lamelas, quien se presentó blandiendo un estatuto semi colonial para la Argentina y con la complicidad de Milei. Denunciar este carácter proscriptivo de conjunto, así como defender el derecho democrático de Morales sin prestarle ningún apoyo político es una tarea política elemental frente al carácter antidemocrático de las elecciones y la conducta represiva del Estado.
La crisis económica y el factor Evo
A esta crisis política, en la que las instituciones estatales se encuentran profundamente deslegitimadas y divorciadas del grueso de la población, hay que añadirle el factor enormemente desestabilizante como es el desarrollo de la crisis económica que no para de agravarse día que pasa. La retención y especulación financiera sostenida por agroindustriales, exportadores mineros y demás tenedores de dólares agrava la escasez de hidrocarburos, acelera la inflación de precios y empuja a todo el arco político a acariciar medidas y proyectos basados en el ajuste fiscal, privatización de empresas estatales y en mayores ataques a la economía obrera, campesina y popular, lo que degrada e irrita aún más el proceso electoral. Estamos ante el desarrollo de una profunda crisis orgánica.
Los anuncios de sectores del evismo de impedir las elecciones alentando un eventual boicot a la misma, se debilitan cada vez más, aunque se mantienen con fuerza en el trópico cochabambino, mientras los rumores de negociaciones de última hora entre el evismo y diversas tiendas políticas aumentan. La posibilidad de que Evo Morales apoye a algún candidato que garantice puestos públicos y esferas de influencia a sus militantes, así como un límite a la persecución judicial contra el líder cocalero y expresidente, puede alterar rápidamente todo el mapa electoral.
Es esta situación la que alienta de manera creciente las manifestaciones de protesta, ya sea por el proceso electoral proscriptivo y/o por la creciente escasez y altos precios de productos de la canasta básica. La respuesta a estas tendencias por parte de los candidatos alineados con la oposición de derecha es sugerir una legislación draconiana contra los bloqueos y manifestaciones de protesta mientras anuncian medidas económicas antipopulares de ajuste fiscal y privatización.
Perspectivas: régimen político en crisis, gobierno débil y crecimiento de la lucha de clases
A menos de 30 días de las elecciones nacionales, las diversas posibilidades sobre el mismo proceso electoral aún están abiertas, condimentadas por rumores que de derecha a izquierda y viceversa, siembran sombras no solo sobre el cómo se desarrollarán las elecciones sino incluso sobre si las mismas se podrán llevar a efecto. Pero agregado a estas inciertas perspectivas, lo cierto es que, si las elecciones se desarrollan “sin inconvenientes”, el resultado será el de una casi segura fragmentación del voto y por lo tanto de la composición de la futura Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), privando al eventual ganador de una mayoría que garantice la gobernabilidad. Según diversos analistas esta fragmentación podría ir desde un mínimo de 4 bancadas hasta posiblemente 6 o 7 grupos parlamentarios.
El nuevo gobierno deberá afrontar no solo el crecimiento del malestar y la movilización social sino también las dificultades de una situación económica que solo puede resolverse afectando los intereses de los sectores populares, o por el contrario afectando los intereses de las clases dominantes, verdaderas causantes de la crisis. Es claro que esta última opción no es sostenida por ninguna de las formaciones políticas en campaña, donde todas las tendencias abiertamente de derecha, las de centro derecha como Doria Medina, hasta MORENA, Alianza Popular y demás variantes del MAS tienen propuestas basadas en el ajuste fiscal y ataques a las y los trabajadores y el pueblo.
Por la unidad, organización y movilización independiente, derrotar a la burocracia sindical
Las y los trabajadores y el pueblo, en el final del ciclo político de las últimas dos décadas estamos en una situación difícil. No solo se trata de enfrentar el alza del costo de vida, los despidos y cierres en muchas empresas o las rebajas salariales, o suspensiones y despidos que el gobierno central alienta en el Estado. Se trata de defender conquistas sociales y políticas que fueron impuestas al MAS-IPSP durante el ciclo de levantamientos del 2000-2006 y que pese a las formas en que las mismas fueron negociadas con la derecha y/o a que a muchas de esas conquistas se las vació de contenido y se las retaceó, aún continúan siendo puntos de apoyo para la defensa de nuestros derechos colectivos, la movilización y la lucha. Nos referimos al reconocimiento de los pueblos indígenas y a la posibilidad de establecer autonomías indígenas o regionales, a la consulta previa de las comunidades ante proyectos de explotación de los bienes comunes naturales, el pluralismo jurídico, las empresas del Estado y otras, que la derecha envalentonada pretende liquidar.
Es por esta razón que varios de los candidatos de la oposición de derecha, ya hablan de profundas reformas legales y constitucionales, incluyendo lo que en el extremo derechista denominan como un “retorno a la Republica”. No pretenden hacerlo mediante una Asamblea Constituyente, sino a través de los mecanismos parlamentarios, es decir, profundizando los caminos antidemocráticos que buscan torcer la relación de fuerzas a favor de las clases dominantes. Hay que empezar a enfrentarlos.
Decenas, sino cientos de trabajadoras y trabajadores vienen resistiendo los ataques patronales al nivel de sus propias empresas. Lxs trabajadores de la Francesa vienen sosteniendo una carpa en los predios de la empresa, con una huelga de más de 2 años, las trabajadoras del aseo urbano de El Alto, dependientes de Trebol S.A., vienen sosteniendo una muy difícil resistencia a los ataques patronales, con el despido de los dirigentes de su sindicato y la complicidad del Ministerio de Trabajo y la burocracia sindical, convertida en agente patronal. La Modelo, Incerpaz, Supermerdos Ketal, trabajadores/as de los botaderos municipales, trabajadores/as municipales de La Paz y el Alto, trabajadores/as aeroportuarios ex SABSA y decenas de empresas que están actualmente en conflicto en general por la creciente degradación de las condiciones laborales.
Sin embargo, esta resistencia la vienen realizando de manera aislada, casi solitaria, con el supuesto apoyo de sus dirigentes sindicales, sean estos de las federaciones, centrales obreras departamentales y regionales. Pero, lamentablemente, ese apoyo se reduce a tramitar y gestionar las denuncias en el Ministerio de Trabajo, sin alentar ni proponer alguna medida de lucha, las cuales son adoptadas por las y los trabajadores. El mayor obstáculo para detener la ofensiva patronal es el papel de los dirigentes sindicales de los entes matrices, los cuales en sus versiones más extremas se han convertido en agentes directos de la patronal y del Ministerio de Trabajo, como son Huarachi y la corrupta camarilla que preside la COB, o la otrora “gloriosa” COR – El Alto cuyos “dirigentes” reciben “salarios” de la patronal de Trebol para hostigar y perseguir a quienes reclamen derechos vulnerados (que son muchos).
La colaboración de la burocracia sindical con el gobierno, antes con Morales, luego con Áñez y finalmente con Arce ha conducido a la parálisis y degeneración de los organismos sindicales, donde los dirigentes actúan como policías políticos al interior de las empresas. Entre tanto, los sectores que se oponen a esta corrupta camarilla, se limitan a exigir la convocatoria al congreso ordinario de la central y gestionar los trámites sindicales de los sectores en conflicto. Ni una sola acción unificada para hacer oír los reclamos obreros. Ni una sola medida para que sean lxs trabajadores quienes definan cómo seguir la lucha. Ni una sola palabra ni medida para enfrentar a la derecha y sus amenazas de mayor ajuste económico. Ni una palabra del carácter antidemocrático del proceso electoral. Ni una sola palabra para orientar la lucha por el litio y los bienes comunes naturales. Con estos dirigentes y en el estado actual de las organizaciones sindicales y sociales, no solo que es muy difícil preparase para enfrentar a la derecha y los ataques que ya están en marcha, sino que incluso es hasta muy difícil que las, los y les trabajadores puedan encontrar soluciones a las demandas corporativas y sindicales que enfrentan en estos momentos.
Para avanzar en la unidad de todos los sectores en conflicto, para avanzar en la movilización independiente por nuestras demandas sindicales y políticas, y para avanzar en la lucha contra la derecha es urgente recuperar nuestras organizaciones sindicales, alentando la auto organización de las y los trabajadores no solo para derrotar a la burocracia sindical sino para alentar formas de organización que permitan la unidad de todos los trabajadores, sindicalizados y no sindicalizados, efectivos y terciarizados, con contratos y sin contratos, formales e informales, es decir avanzar en una amplia unidad que hoy las formas organizativas sindicales ya no pueden contener.
Por un Encuentro obrero, campesino y popular para organizar la lucha
Desde la LOR-CI planteamos que esta situación debe llegar a su fin. Es urgente reagrupar las fuerzas de las, los y les trabajadores de base, para no pelear separados y divididos, al tiempo que empezamos a discutir cómo defender los bienes comunes naturales y el litio, que hoy nuevamente se encuentran amenazados por la derecha pro norteamericana o por el gobierno que busca entregar estos bienes comunes a empresas rusas y chinas. Necesitamos de manera urgente discutir cómo enfrentar la crisis económica con la escasez de productos básicos, así como la escandalosa alza de precios que va licuando los salarios e ingresos de las familias trabajadoras y del pueblo pobre. Mientras la derecha junto a los empresarios y agroindustriales se frotan las manos ante la posibilidad de retornar a la administración del Estado, discutiendo los ritmos y los alcances de planes de ajuste antipopulares, nosotres, las y los trabajadores del campo y la ciudad debemos empezar a discutir como los vamos a enfrentar.
Hay que discutir cómo la crisis en marcha la pagan los capitalistas y no los trabajadores. Tenemos que discutir cómo imponer el monopolio estatal del comercio exterior y diversas medidas que impidan la especulación financiera que los ricos y los exportadores están realizando.
Un encuentro de esta naturaleza permitiría de manera inmediata determinar la movilización conjunta de los diversos sectores en conflicto, impulsando un pliego único de demandas y dirigido no solo contra las diversas patronales sino contra el gobierno y el Ministerio de Trabajo que actúan al servicio del capital y las grandes empresas. Pero un encuentro así también permitiría empezar a unificar a diversos sectores de trabajadores que hoy están por fuera de la COB y que esta central no busca incorporar. Una unidad así facilitaría no solo la organización de las bases trabajadoras sino empezar a intervenir como sujeto independiente en los grandes asuntos nacionales que hoy solo son abordados por empresarios y gobierno.
Necesitamos una alternativa política: por un Partido de Trabajadores Revolucionarixs
El estallido del MAS en múltiples fracciones, así como el fortalecimiento de diversos grupos derechistas está disparando discusiones en sectores de la juventud que integraron este instrumento político y que ven con preocupación cómo está terminando el proceso de cambio y el incierto futuro que se plantea. Algunos se apresuran a sumarse al proyecto de Andrónico considerándolo como un “mal menor”, mientras otros esperan ansiosos que los llamados a la unidad de todos los ex militantes del MAS se materialicen. Estas tendencias lejos de extraer lecciones de lo sucedido en las últimas dos décadas, se embarcan en la repetición de los mismos errores estratégicos y políticos que condujeron a la actual situación. Nos referimos a la estrategia de reformar el Estado sin cuestionar el conjunto de las relaciones capitalistas, apostando por las negociaciones y acuerdos con las clases dominantes. Nada bueno puede salir de estos platos recalentados de reformismo y progresismo que esta vez se presentan sin los recursos del pasado y con las manos vacías.
Pero también se desprenden sectores de la juventud, del movimiento ecologista, del movimiento de mujeres y feminista, de las diversidades y de lxs trabajadores que empiezan a explorar otras alternativas, que intentan comprender las causas profundas del colapso del MAS y del retorno derechista. Sectores que no se resignan y que están empezando a buscar qué alternativa política construir. Con ellos queremos empezar a discutir el balance y las lecciones de este último ciclo de lucha de clases, así como avanzar en la reflexión sobre las vías para pelear y construir el socialismo, empezando por enfrentar a las clases dominantes y sus planes de ajuste.
Desde la LOR-CI hemos llamado a pelear por una alternativa política revolucionaria y de los trabajadores. Una alternativa que tenga la mirada más allá de las elecciones del 17 de agosto, y que se prepare para los combates que la crisis política y económica actual está preanunciando. Una alternativa que luche por la construcción del socialismo desde abajo, sobre la base de la autoorganización del movimiento de masas para impulsar su movilización independiente, pero no queremos hacerlo solos y solas. Queremos hacerlo con miles que en estos momentos no solo que están dispuestos a combatir la desmoralización y la decepción que el MAS ha sembrado sino que creen es necesario retomar viejos pero actuales debates sobre estrategia socialista y programa revolucionario.
Queremos impulsar la lucha por un Partido de Trabajadores Revolucionarixs, que retome las banderas del socialismo desde abajo, recuperando el internacionalismo militante contra el imperialismo y la barbarie guerrerista a la que conducen el mundo.
Por Comisión Política de la LOR-CI



