Bolivia se “desideologiza”
A eso se suma otro sonsonete: no ser de izquierdas ni de derechas. No ser de uno ni de otro lado de la política. ¿Por tanto, qué mismo son? ¿De dónde sacan sus ideas para gobernar o disputar el poder? ¿De los manuales de autoayuda o de un recetario médico para curar alguna enfermedad?
19 de noviembre de 2025
El término de moda de los políticos y de los que dirigen los partidos políticos es “desideologizar”. Parecería moda, pero no lo es. Tampoco es original y/o adquirida de un léxico “políticamente correcto”. Al contrario, forma parte de un glosario de términos y palabras para incorporar en el discurso electoral y, supuestamente, sintonizarse con un electorado, público o audiencias que odian la política.
Y, seguramente, hay en ello una estrategia instalada desde sectores académicos, mediáticos y religiosos para hacer creer a medio mundo que la política es mala, que la ideología no sirve y también para “descafeinar” la discusión pública y el interés por la solución de los problemas estructurales de nuestra sociedad para que sean ciertos poderes fácticos quienes resuelvan, por vías nada democráticas, esos problemas estructurales. De hecho, se ha instalado de tal manera que solo el mercado puede arreglar los problemas y conducir la vida de los pueblos.
El odio a la política no es gratuito y para ello hay infinidad de tratados y estudios. Lo más grave es que los dirigentes gremiales o partidistas, los candidatos y hasta los mandatarios digan que no son políticos, que no tienen ideología alguna, entre otras barbaridades y eufemismos. A eso se suma otro sonsonete: no ser de izquierdas ni de derechas. No ser de uno ni de otro lado de la política, en otras palabras. ¿Por tanto, qué mismo son? ¿De dónde sacan sus ideas para gobernar o disputar el poder? ¿De los manuales de autoayuda o de un recetario médico para curar alguna enfermedad?. Hay en ello una estrategia instalada desde sectores académicos, mediáticos y religiosos para hacer creer a medio mundo que la política es mala, que la ideología no sirve y también para “descafeinar” la discusión pública y el interés por la solución de los problemas estructurales
El esquema funciona con ciertos resultados en países como Argentina, Ecuador o Perú. Y ahora en Bolivia tras los resultados electorales y el triunfo de Rodrigo Paz lo que viene es la supuesta “desideologización” del gobierno, del Congreso y de la vida pública.
Como decíamos en una nota de este diario: “En su primera semana como Presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz centró el eje de su agenda política en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EE.UU. como llave maestra para resolver la falta de dólares y combustibles en el país. En lo retórico, anuncia “desideologizar” la política exterior boliviana considerando traición a la Patria la ruptura de relaciones diplomáticas con EE.UU. debido a la supuesta pérdida de oportunidades comerciales e inversión extranjera. En lo práctico, apela a la incidencia norteamericana en organismos como el FMI, el BM, el BID y la CAF para recibir un trato similar al que recibieron Macri y Milei”.
Y esto será solo la antesala de lo que vendrá después: desideologizar la gestión gubernamental y aplicar cambios bajo esa retórica, para, en definitiva, destruir al Estado Plurinacional de Bolivia, constituir un “Estado único”, dejar de lado todas las políticas de atención prioritaria para los sectores empobrecidos y desarrollar un esquema económico diseñado e impuesto por el FMI.
No queda de lado, por supuesto, la justicia y por ello la liberación de Janine Añez es solo la primera acción. Luego vendrá la persecución política a los dirigentes del movimiento indígena y a Evo Morales y sus seguidores, sin duda alguna.
En definitiva, esa supuesta desideologización (en la práctica una arremetida neoconservadora, neofascista y neoliberal a plenitud) coloca a Bolivia en el eje de los países y gobiernos alienados a Trump, para garantizarle a EE.UU. la provisión de los minerales para sus industrias. Por tanto, lo que vendrá serán acuerdos de libre comercio y otros para someter la soberanía boliviana a los mandatos de un gobierno estadounidense, tal como ocurre hoy por hoy con Ecuador y Argentina.
Por DR



