PolíticaPensamiento Libre
Ayer no fue un debate, fue un juramento: el agro como amo de la política boliviana.
26 de junio de 2025
Lo que presenciamos ayer no fue un simple desfile de promesas electorales al estilo “quién da más” para el agro. Fue, más bien, una escena cuidadosamente coreografiada de sumisión política frente a una élite económica rapaz. Un ritual de servidumbre, donde los candidatos desfilaron no ante el país, sino ante sus verdaderos electores: los dueños del agronegocio. Porque ellos son chequeras para las campañas, dueños de medios de comunicacion influyentes, y candidatos en todas las listas..etc..
No fue la primera vez. Semanas antes, esos mismos aspirantes a la presidencia ya se habían arrodillado, a puerta cerrada, ante los barones del oriente, en Santa Cruz y Beni. Ahí, lejos de los focos, ofrecieron lo indecible: “Te quito el diésel subvencionado, pero te entrego créditos blandos y dólares a la carta. Un trato que hasta me envidio a mí mismo”. Lo de ayer fue otra cosa. Fue el acto público de confirmación: el juramento de lealtad frente a las cámaras. Una demostración obscena de qué tan dispuestos están a jugar el rol de gerentes de la agroindustria, disfrazados de estadistas.
Samuel, que todavía intentaba proyectar un mínimo barniz ambientalista, no tardó en disipar dudas. Reafirmó su lealtad al agro con vehemencia, no porque el sector lo necesitara, ellos ya conocían su guion, sino porque había que escenificarlo para todo el país. Porque el agronegocio no solo busca privilegios, busca también que todos sepamos que los tiene.
Pero no nos engañemos. Ayer no se habló de propuestas para el agro, ni mucho menos para la “seguridad alimentaria”. Lo que vimos fue un acto cerrado entre la clase política y un puñado de empresarios que representan a menos del 1% de la población, pero que concentran el 25% del diésel subvencionado y buena parte del poder económico y mediático. Soyeros, ganaderos, azucareros, operadores de transgénicos, banqueros con tierra, agroexportadores… los mismos de siempre. Menos de 25.000 productores de soya, 40.000 ganaderos, con apenas unos miles de empleos formales (4000 en la soya), copando el escenario y dictando agenda nacional.
El sector agropecuario real, el de verdad, es otro: es el de las 900.000 unidades familiares dispersas entre los valles, el altiplano y la Amazonía. Es la agricultura familiar de La Paz, Cochabamba, Tarija; son los 75.000 zafreros de la castaña en el norte; son quienes alimentan a Bolivia mientras el agronegocio exporta soya para engordar chanchos en Asia.
Lo de ayer fue, en esencia, una promesa de continuidad del modelo. Un modelo de saqueo de tierras, de desmonte financiado por fondos de pensión, de créditos verdes que se vuelven grises apenas tocan suelo chaqueño o amazónico. Un modelo donde el crecimiento del sector agroexportador es inversamente proporcional a la seguridad alimentaria y a la justicia ecológica.
Y sí, da asco. Porque mientras el oficialismo insiste en su guion aliándose con los mismos poderes que devastan el país, la oposición se presenta como solución cuando fue parte del problema: la élite conservadora que, antes del 2006, había dejado un país sumido en racismo, desigualdad y saqueo estructural.
Lo que se avecina no es un proceso electoral, es una subasta. No elegiremos a gobernantes, sino a capataces. No se disputan el voto del pueblo, sino el respaldo de los que poseen la tierra, el crédito y el canal de televisión. Lo único que cambia es el acento con el que se les rinde pleitesía.
Frente a esa maquinaria, no habrá salvadores. Pero puede y debemos seguir la lucha. Ellos necesitan del ecocidio para seguir enriqueciéndose. Nosotros, de los ecosistemas, para seguir existiendo. Santa Cruz es mucho mas que el agro, y Bolivia es mucho mas que lo nos quieren hacer creer!
Por Stasiek Czaplicki Cabezas



