Política
Los bloqueos no van a desaparecer
16 de enero de 2025
En Bolivia, una de las formas históricas de movilización social han sido los bloqueos. No son patrimonio de un solo sector, ni de una ideología específica, ni de una bandera en particular. Han sido usados en el altiplano, en los valles y en el trópico; por obreros, campesinos, clases medias, comités cívicos, sindicatos. Son parte del repertorio político del país.
Los bloqueos existen mucho antes de la creación de la COB (1952) y mucho antes de la CSUTCB (1979). Ya a inicios del siglo XX, comunidades indígenas y campesinas cerraban caminos como forma de presión frente a abusos del Estado, del gamonalismo o de empresas privadas. En la Guerra del Chaco hubo bloqueos y sabotajes logísticos. En los años 30 y 40, las huelgas mineras y campesinas incluían cortes de rutas. No es una invención moderna ni un “exceso radical» de los actuales opositores.
Que una medida extrema tan antigua siga vigente demuestra algo: la ausencia de mecanismos institucionales eficaces de diálogo y resolución de conflictos. Se puede crear cien leyes al respecto, pero sin instituciones creíbles, el bloqueo seguirá existiendo.
No es nuevo el intento de “ilegalizar” el bloqueo. Ya se planteó en tiempos de Goni. Lo planteó el gobierno de Luis Arce a través de magistrados amigos, con fallos que lo declararon inconstitucional, hoy los nuevos detentores del poder también quieren «ilegalizarlo».
Lo más irónico es ver a parlamentarios que hoy gritan “orden y ley” cuando ellos mismos participaron en bloqueos. En 2019, la movilización contra Evo bloqueó el país. Le pusieron otro nombre, pero fue un bloqueo: “aquí no se mueve un cepe”, decían, quitando el derecho a la libre circulación de otros, ¿qué es esto si no es un bloqueo?
Los bloqueos comandados por Felipe Quispe en 2020 forzaron elecciones que Arturo Murillo y Jeanine Añez se negaban a realizar. Los bloqueos contra Arce frenaron la Ley de enriquecimiento ilícito (para alegría del dinero mal habido). El paro de 36 días logró adelantar el censo y elevar la exigencia técnica y que luego decantó en lo que conocemos.
Los bloqueos no van a desaparecer por decreto, por fallo o por Ley. Mientras no tengamos un Estado más institucionalizado y capaz de resolver conflictos, seguirán siendo una herramienta política.
Por eso se ven tan ridículos quienes hoy piden penas máximas y ayer posaban sonrientes en un bloqueo.
“No sean pues”, decía un internauta. “No sean cínicos”, decía otro.
Las leyes hechas con sed de venganza siempre terminan volviéndose contra quienes las promueven.
Los bloqueos son parte de la política boliviana, como los sindicatos y los comités. Nos guste o no.
Tenemos que avanzar, mejorar, dirán muchos. Y la respuesta es evidente, nadie quisiera que se paralice el país, pero esto no puede suceder si cada que se instala un gobierno se invalida al adversario y debilita las instituciones, viola normativa para acomodarse mejor en el poder.
Por Susana Bejarano



