Piratas del Caribe
La intención de Estados Unidos es muy evidente: no es el fentanilo, sino el petróleo. Y no es una guerra contra el narcoterrorismo sino un deseo inmenso de quedarse con los mayores yacimientos de petróleo del mundo
12 de diciembre de 2025
Los asaltos a diligencias en el Salvaje Oeste (Far West) tuvieron su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX, Antes de eso, dos siglos atrás, los bucaneros dominaron el Caribe durante la segunda mitad del siglo XVII.
Emulando a los cuatreros de caminos y a los Piratas del Caribe, este 10 de diciembre de 2025, la Guardia Costera de Estados Unidos interceptó y asaltó un gran buque petrolero en aguas cercanas a la costa venezolana.
Estados Unidos dijo que era una “incautación” del buque y alegó que ha participado en operaciones ilegales de traslado de petróleo con organizaciones con las que el dios Estados Unidos ha prohibido que se comercie.
En realidad, se trata de un capítulo más de su ofensiva diplomática y económica contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro.
En un movimiento simultáneo de presión externa contra Venezuela, el ataque ocurrió mientras se celebraba la ceremonia del Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado.
Las sanciones han provocado una drástica caída de las exportaciones de petróleo venezolano hacia mercados tradicionales
Pero la historia de robo de petróleo venezolano por el imperio es de larga data
Desde 2019 EE. UU. comenzó a aplicar sanciones masivas a empresas del sector petrolero venezolano — prohibiendo exportaciones, bloqueando transacciones y congelando activos.
Estas sanciones provocaron una drástica caída de las exportaciones de petróleo venezolano hacia mercados tradicionales.
Como resultado, muchos cargamentos que tenían como destino refinerías fuera de Venezuela fueron retenidos, redirigidos o decomisados bajo jurisdicción estadounidense o de países aliados, bajo acusaciones de violación de sanciones.
Esto afectó la capacidad del gobierno venezolano de disponer libremente de sus recursos petroleros.
Uno de los activos más importantes fuera de Venezuela es CITGO, refinadora estadounidense que pertenece a la estatal venezolana Pdvsa.
En 2019 cuando el gobierno de EE. UU. reconoció administrativamente a Juan Guaidó como “presidente interino”, abrió la puerta a que un grupo vinculado a la oposición venezolana tomara el control de los activos de Pdvsa en el extranjero, incluida CITGO.
Desde entonces, muchos de los ingresos y utilidades generadas por CITGO dejaron de considerarse propiedad directa del Estado venezolano, y pasaron a ser gestionados por un comité designado desde EE. UU. o por representantes de la oposición.
Esto ha sido denunciado por Venezuela como una expropiación o confiscación de facto.
Las sanciones no solo apuntaron al petróleo físico, sino también a las finanzas: congelamiento de cuentas, prohibición de transacciones, sanción a compradores/importadores
El control sobre CITGO significó para muchos analistas un debilitamiento estratégico de Pdvsa, pues CITGO representa una de las principales fuentes de liquidez fuera de Venezuela.
Pero las sanciones no solo apuntaron al petróleo físico, sino también a las finanzas: congelamiento de cuentas, prohibición de transacciones, sanción a compradores/importadores, lo que impidió que Venezuela comercializara su petróleo con normalidad.
Una apropiación indirecta de recursos al impedir que Venezuela venda o acceda a sus propios ingresos.
La intención de Estados Unidos es muy evidente: no es el fentanilo, sino el petróleo. Y no es una guerra contra el narcoterrorismo sino un deseo inmenso de quedarse con los mayores yacimientos de petróleo del mundo.
La pregunta es: ¿hasta cuándo el resto del mundo lo va a dejar avanzar?



